Si hiciéramos una encuesta en la calle preguntando “¿cree usted que la psicología es una ciencia?” mucha gente respondería sin pensárselo “no” y seguiría su camino. Si además añadiéramos el típico “justifique su respuesta” nos encontraríamos un argumentario de lo más variopinto en el que habría desde respuestas metafísicas tipo “porque la mente humana es tan amplia que no se puede estudiar con la ciencia” hasta la más justificada y con tintes de realidad “porque algunas áreas de la psicología no son científicas, aunque otras sí”. Quiero pensar que también habría quien respondería “sí, porque utilizan correctamente el método científico”.

El caso es que la psicología adolece de un mal prestigio en cuanto a su calidad científica se refiere. Quizás esta reputación pueda estar justificada ya que algunas de las ramas de la psicología no se basan en conocimiento obtenido a través del método científico, requisito fundamental para que una materia sea considerada ciencia. Sin embargo, existen otras áreas de la ciencia (puede que la mayoría) que hacen un uso correcto del método científico y por lo tanto, sí, deben ser considerada ciencia.

Podríamos dividir de forma tosca, pero clara, las áreas de psicología utilizando como criterio la forma que tienen estas áreas para generar conocimiento. Tendríamos así dos grandes categorías: por un lado estaría la psicología científica y por otro la psicología no científica o pseudopsicología. Esta pseudopsicología estaría a su vez en el mismo saco que otras pseudociencias como la homeopatía, la astronomía, el reiki, la osteopatía, la alquimia, el creacionismo, la criptozoología… por desgracia las hay a patadas. Quizás nuestro mayor representante de la pseudopsicología, aunque no el único, sea el psicoanálisis. Doctrina formulada inicialmente por Freud y que incumple sistemáticamente varios de los principios básicos para ser considerada una ciencia.

Desde una perspectiva conciliadora se puede pensar que, si bien las pseudociencias pueden equivocarse en la forma de obtener conocimiento, no repercuten negativamente en la sociedad, el típico “no hace daño”. Nada más lejos de la realidad. No es el objetivo de este post el enumerar los perjuicios que causan estas pseudociencias, pero nombraré uno a modo de ejemplo: Cada año mueren cientos de personas por abandonar la medicina científica y tratar sus enfermedades con la conocida como medicina alternativa. Enfermedades que, por otra parte, pueden ser curables si son tratadas con la medicina científica. El colectivo antivacunas son un buen ejemplo de ello.

Menos traumático, pero no poco importante, es el negativo impacto que tienen algunas de estas pseudociencias en la concepción que tenemos sobre el funcionamiento del mundo. Así la homeopatía puede hacer creer a alguien que el agua tiene memoria, o el psicoanálisis que (casi) todos los trastornos psicológicos son fruto de impulsos sexuales retenidos, o, como bien decía Sheldon sobre la astrología, “que la posición aparente del sol con respecto a unas constelaciones decididas arbitrariamente en el momento en el que naciste puede afectar a tu personalidad”.

De todas formas siempre nos encontraremos a alguien intentando apoyar la veracidad de las afirmaciones de una pseudociencia con una frase que empieza: “Hay un estudio…”. Y sí, es verdad, parece haber estudios para casi todo. Además estudios publicados en revistas científicas incluso con impacto. Pero, ¿podemos fiarnos de cualquier estudio que aparezca publicado en una revista científica? La respuesta a esta pregunta no es fácil. En principio, si un artículo ha pasado las revisiones de una revista científica debemos creer sus resultados. Y ojo, en una revista científica, que no es lo mismo que una revista de divulgación de ciencia. Una buena forma de identificar las que son revistas científicas y revistas de divulgación son que las científicas nunca nos la vamos a encontrar en un kiosco. Además, las de divulgación generalmente son reseñas de artículos de revistas científicas.

Pero no es menos cierto que existen los falsos positivos. La psicología, por mucho que duela (sobre todo a los conductistas) no es una ciencia determinsta, sino más bien, estocásctica. No voy a entrar en detalle para no aburrir, pero esto significa que existen probabilidades de que al realizar un estudio, pese a que este tenga todas las garantías científicas, nos encontremos un dato que no es real. Por ilustrarlo con un ejemplo, podríamos encontrar en un estudio que las personas altas son más inteligentes que las de baja estatura, aunque eso no sea real.

¿Entonces?, ¿qué mecanismos tiene la ciencia contra esos falsos positivos? Los metaanálisis. Un metaanálisis no es más que un estudio de los estudios. Un análisis de los resultados que tienen un conjunto de estudios sobre una temática en particular. Esto es, si queremos comprobar si efectivamente tal y como decía el ejemplo, las personas altas son más inteligentes, podríamos hacer un metaanálisis de todos los artículos publicados al respecto. Comprobaríamos así que, efectivametne, puede haber algún estudio que diga lo contrario, aunque en general no se hayan encontrado este tipo de diferencias.

Así que sí, puede haber algún estudio que demuestre que la homeopatía funciona, que el reiki cura, que la terapia psicoanalítica es efectiva… pero cuando analizamos todos los estudios (o una buena selección de ellos) y los metaanalizamos comprobamos que no son más que charlatanería.

Y todo esto es en el mejor de los casos, asumiendo que los estudios que se realizan sobre pseudociencias están bien planteados y llevados a cabo. Aunque la (triste) realidad sea que estos estudios padecen de graves faltas metodológicas, que están publicados en revistas propias y a veces ni eso.

Así que, la próxima vez que alguien te diga que hay un estudio sobre algo, piensa:

– ¿Dónde está publicado ese estudio?. Y desconfía de las revistas no científicas, con poco impacto o revistas propias.

– ¿Tiene el estudio las garantías del procedimiento científico?. Son aspectos como el doble ciego, el análisis estadístico correcto, el grupo control… entre otras.

– ¿Puede tratarse de un falso positivo? Desgraciadamente existen.

– ¿Habrá algún metaanálsis sobre esto? Quizás lo haya y contradiga lo que dice ese estudio en concreto.

Espero que el tiempo que habéis perdido en leer esta entrada os sirva para algo en algún momento. Aunque aviso, podéis ser tachados de repelentes si alguien os pregunta si la psicología es una ciencia y le contáis toda esta parrafada.

Saludos!

Carmelo Pérez

Doctor en Psicología. Profesor de Psicología en la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA.

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