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Equilibrio trabajo-familia e implicación de los hombres en el cuidado de los hijos

Imagen de Daniela Dimitrova en Pixabay.

¿Cómo puede alcanzarse un adecuado balance entre vida laboral y vida personal de los hombres implicados en el cuidado de sus hijos? Esta fue la pregunta de investigación que nos planteamos inicialmente en el Proyecto IMPLICA, cuyo principal objetivo ha sido investigar cómo fomentar el equilibrio laboral y familiar desde las empresas. La literatura en este campo ha destacado cómo los cambios que se han producido en los modelos familiares, y la necesaria existencia de dos proveedores económicos, han dado lugar a que se esté abriendo paso un nuevo modelo de paternidad en las familias heterosexuales en la cual el hombre, además de su rol tradicional como proveedor, siente la necesidad de implicarse más en el cuidado y crianza de los hijos, es decir, en el desempeño de su rol de cuidador.

En diferentes estudios realizados en Europa, por ejemplo, los hombres manifiestan de forma creciente un deseo de trabajar menos horas para poder participar más en la vida familiar. Y España es un caso interesante porque entre las familias con niños menores de 15 años, el 34% tenía a ambos miembros trabajando a tiempo completo en 2014, algo menos que antes de la crisis económica, pero más que en Alemania o los Países Bajos (OCDE, 2016). La consecuencia es que los hombres cuidadores comienzan a sentir una creciente presión para equilibrar las demandas del trabajo con sus necesidades y demandas familiares.

Si observamos los datos de diferentes encuestas relativos al recurso a las políticas de conciliación en el trabajo por sexo en España [1], podemos constatar que la flexibilidad horaria y la jornada continua (principalmente por las mañanas) son las medidas más utilizadas por los hombres para conciliar. Junto con los permisos de paternidad remunerados y el teletrabajo, se trata de medidas que facilitan el desempeño de paternidades comprometidas.

Rol tradicional

Ahora bien, mientras los permisos de paternidad y de maternidad, el horario continuo, el horario flexible y el teletrabajo no presentan grandes diferencias en su uso por razón de género, los permisos temporales no remunerados (excedencias) o la adopción del derecho a la reducción horaria por hijos menores de 12 años, los utilizan fundamentalmente las mujeres, lo cual tiene importantes implicaciones a la hora de aumentar la brecha de género porque acaba penalizando sus carreras laborales.

En general, los hombres recurren a los permisos remunerados y no transferibles, pero se muestran reacios a aprovechar los permisos transferibles o no remunerados. Algunos padres explicaron por qué les resulta difícil acogerse a estas medidas. En primer lugar, razonaban que una solicitud de reducción de las horas de trabajo puede llevar aparejada penalizaciones, al contemplarse como un grado menor de compromiso con la empresa (estigma de la flexibilidad) y además, dentro de sus expectativas de género, no podían permitirse la reducción salarial que lleva asociada.

En segundo lugar, el miedo a tomar permisos de más de un año es que la persona que les reemplace acabe siendo un competidor que les sustituya, aumentando el riesgo de ser despedido. También justificaron las diferencias de género en el uso de la reducción de jornada sobre la base de que las mujeres ganan menos que los hombres en la mayoría de las parejas. Por estas razones, delegaban en ellas la adopción de estas medidas. Sigue habiendo, por lo tanto, un fuerte apego al rol de proveedor principal de la familia por parte de los hombres.

Funcionario vs. empresario

En relación con las ventajas y dificultades para conciliar que se derivan de las políticas y culturas organizacionales en el trabajo, se constatan diferencias importantes entre las percepciones de los padres trabajadores en el sector público y en el sector privado. En general, los padres trabajadores en el sector público consideran que disfrutan de más derechos laborales y mejores condiciones de trabajo que los padres trabajadores en las empresas privadas. Sus horarios de trabajo (generalmente de jornada continua) son más adecuados para el desempeño de las rutinas familiares con hijos pequeños. Además, el estatuto de funcionario público es una garantía contra el despido. Lo cual ayuda a entender por qué expresaron un sentido más profundo de su derecho a acogerse a las políticas estatutarias de conciliación de la vida laboral que les corresponden.

Los padres empleados en grandes empresas del sector privado creen que disfrutan de menos derechos y medidas de conciliación que los padres trabajadores en el sector público. Pero se sienten más afortunados que los padres trabajadores en las pequeñas y medianas empresas, especialmente cuando sus empresas disponen de políticas de responsabilidad social corporativa que afectan a los temas de conciliación laboral. Sus horarios de trabajo tienden a ser más extensos que en el caso de los empleados públicos y relacionan esta situación con la denominada cultura del presentismo, coloquialmente, “cultura de calentar el asiento”, aún vigente en muchas empresas.

Se trata de la norma, no siempre explícita, de que los trabajadores deben pasar las mañanas y tardes en el trabajo para estar disponibles para las asignaciones de trabajo, las reuniones y las demandas de los clientes. Se trata de prácticas vinculadas con el modelo tradicional de control y supervisión de los empleados directamente en el lugar de trabajo. Esta cultura organizativa restringe el uso del horario flexible. En la práctica, este sigue siendo el derecho de comenzar a trabajar más tarde pero no irse temprano a casa, ya que la mayoría permanece en el trabajo por lo menos hasta las 17 horas en comparación con las 15h-16h en los trabajadores del sector público.

Las penalizaciones en el lugar de trabajo suelen ser más frecuentes en el sector privado que en el público cuando los padres deciden acogerse a medidas de conciliación. Los permisos de ausencia y la reducción de horas de trabajo están más penalizados, no solo a ojos de los supervisores y de futuras promociones profesionales del trabajador que pueden verse comprometidas, sino también por parte de compañeros y compañeras de trabajo que pueden mostrarse críticos con estos padres. Las ausencias breves de los hombres empleadas para asistir a reuniones con maestros o fiestas escolares se perciben como problemáticas mientras que, por ejemplo, salir temprano para asistir a un funeral o a un evento deportivo importante puede considerarse aceptable.

Por último, la percepción de los padres trabajadores en pequeñas empresas es que el trabajo en el sector público es el que más facilita el equilibrio de la vida familiar, mientras que sectores de la pequeña y mediana empresa, como el sector de los servicios, son contextos laborales más complicados para tal fin. Las pequeñas empresas se enfrentan en ocasiones a problemas de organización en la aplicación de algunos derechos legales. Las ausencias debidas a la reducción de jornada o del trabajo reglamentario, en un contexto de crisis, pueden suponer que acaben siendo compañeros y compañeras quienes sustituyan al padre ausente asumiendo su carga de trabajo. Este hecho genera tensiones pero puede contrarrestarse si estos esperan reciprocidad por parte del padre ausente en un futuro cercano.

La influencia de los clientes en la configuración de la cultura organizacional de las pequeñas empresas introduce también barreras importantes a la adopción de medidas de conciliación por parte de los padres, cuando se trata de sectores que se dedican a la venta o prestación de un servicio que requiere una relación cara a cara y con horario de trabajo amplio (caso del comercio, la restauración o la atención sanitaria). Las expectativas de los clientes obligan a que tenga que haber una amplia disponibilidad horaria de los trabajadores en estos sectores.

Políticas equilibradas

¿Qué recomendaciones de políticas podemos hacer, si el objetivo es permitir a los padres disponer de tiempo y flexibilidad para cuidar a sus hijos y reducir el sesgo de género de las medidas de apoyo familiar en los sectores público y privado?

En primer lugar, consideramos que las políticas deben conceptualizarse como un apoyo al equilibrio entre el trabajo y la vida privada de cualquier empleado, y no solo para aquellos con niños pequeños, porque la promoción del correcto equilibrio trabajo-familia está en general positivamente correlacionada con el bienestar, la salud y la productividad del trabajador o trabajadora.

En segundo lugar, un objetivo importante de la cultura laboral debería ser ofrecer a los empleados control sobre sus horarios de trabajo, y si esto no es posible, las medidas de apoyo familiar no deberían estigmatizar y penalizar a quienes se acogen a ellas. Y esto solo es posible si hombres y mujeres las disfrutan por igual. Las medidas que no aseguran que los ingresos personales sean suficientemente reemplazados, como el permiso parental no remunerado o la reducción estatutaria de horas de trabajo, son ampliamente rechazadas por los hombres y acaban estigmatizando a las mujeres, más propensas a aceptar penalizaciones, actuales o futuras.

Además, la duración desigual de los permisos legales de maternidad y paternidad existente es una barrera importante para la equidad de género porque lleva implícita la idea de quién debe cuidar más. En esencia, las políticas de conciliación deben diseñarse formalmente para todos los empleados, y evitar la creación involuntaria de estigmas de flexibilidad que se concretan en penalizaciones.

[1] Encuesta de Fuerza de Trabajo 2010, 2015; Estadísticas de la Seguridad Social; Encuesta de Empleo del Tiempo, 2010).

¿Psicología Social o Sociología Psicológica? Apuntes para el debate.

Como disciplina científica a caballo entre la psicología y la sociología, la percepción de la psicología social se concibió de forma diferente en sus inicios, por parte de psicólogos y sociólogos. Para los primeros, la psicología social se entendía como psicología de todo aquello que podía ser denominado como «social». No era social porque adoptara la perspectiva de las disciplinas que se ocupan precisamente de la socialidad sino porque psicologizaba, individualizaba, esa socialidad. Con lo cual planteo la paradoja de que, siendo social, acabara siendo tan individualista. Se partía en ella de la noción de un sujeto o individuo abstracto, natural, ahistórico, empíricamente difícil de concretar, desde cuya universal estructura y funcionamiento se quería dar cuenta de la complejidad y variedad psicosocial y cultural de la persona. Desde este naturalismo teórico-conceptual, complementado metodológicamente por el experimento de laboratorio, la conceptualización del sentido, de aquello que de específico caracteriza la acción humana, se tornaba problemática. La tensión en esta perspectiva de reduccionismo de lo social a lo psicológico, incluso a lo biológico, ya fue señalada por Parsons (1959). Resultaba difícil soslayar la pervivencia de estos supuestos metateóricos de la psicología social psicológica hasta bien avanzado el siglo XX.

Desde la perspectiva sociológica se concibió la psicología social como un campo interdisciplinar del saber, en donde se hacían converger los niveles de análisis psicológico y sociológico para una inteligibilidad más adecuada de los procesos de acción e interacción social. A través de estos se constituye tanto la subjetividad indivual -la persona- como los significados compartidos de la experiencia colectiva en que se fundan los grupos, las asociaciones y movimientos sociales o las instituciones. Para los sociólogos la asunción simultánea de ambos niveles de análisis, permite poner de manifiesto aquellos mecanismos y procesos en donde confluye lo personal, lo interpersonal y lo colectivo, revelando sus indeterminaciones como parciales causalidades autogenerativas de la realidad humana, más allá de reduccionismos a que tienden las explicaciones de la conducta y experiencias humanas en los términos de uno solo de estos niveles de análisis.

Del debate planteado se han ido derivando en las últimas décadas importantes consecuencias positivas para el desarrollo de la  psicología social entre las que destaca la progresiva adopción de un modelo de persona en donde los elementos constitutivos de lo específicamente humano (simbolismo, lenguaje, intencionalidad, agencia, individualidad comunicativamente socializada), ya no resultan extraños y se consideran objetos de estudio. También se ha introducido una mayor conciencia de la historicidad, tanto en lo que respecta a la condición histórica de la realidad estudiada, como a la del propio conocimiento psicosociológico. Se ha desarrollado además, una mayor conciencia de la relatividad del propio conocimiento psicosociológico, como construcción lograda interactivamente en determinados contextos y para ciertos propósitos, de los que es imposible desvincular sus contenidos de verdad. Aunque esa conciencia de relatividad no implica necesariamente un relativismo absoluto. Se ha introducido también una mayor reflexión alrededor de las posibles funciones ideológicas de la propia psicología social, como proveedora de categorías y de formas de interpretación de la experiencia subjetiva, haciendo más transparente las relaciones saber-poder. Por último, ha tenido lugar un mayor reconocimiento de la legitimidad del pluralismo epistemológico y metodológico, que en las diversas perspectivas puede enriquecer la investigación y ampliar el campo de análisis. El laboratorio ha abierto sus puertas hacia los contextos en donde se desarrolla la vida cotidiana de las personas (Torregrosa, 1998).

Referencias.
Álvaro, J.L., Garrido, A. y Torregrosa, J.R. (eds.) (1996). Psicología social aplicada. Madrid: McGraw-Hill.
Parsons, T. (1959). An approach to psychological theory in terms of the theory of action. En S. Koch (ed.), Psychology: A study of science, vol.3. (pp. 612-723). New York: McGraw-Hill.
Torregrosa, J.R. y Crespo, E. (eds.). Estudios básicos de psicología social. Barcelona: Hora.
Torregrosa, J.R. (1998). Psicología Social. En S. Giner, E. Lamo de Espinosa, C. Torres (eds.), Diccionario de Sociología (pp. 615-618). Madrid: Alianza Editorial.

Concluye el Plan Integral de Obesidad Infantil (2007-2012) de la Junta de Andalucía

Este año concluye el Plan Integral de Obesidad Infantil implementado por la Junta de Andalucía durante el periodo 2007-2012. El Plan se puso en marcha como herramienta para aunar esfuerzos y dar respuesta a un problema de salud que ha cobrado creciente relevancia en la salud pública y también la atención de los psicólogos infantiles. Sus objetivos, aún por evaluar, se han centrado en crear conciencia tanto en la población como en las Instituciones Públicas acerca de la magnitud del problema, y en la necesidad de un abordaje preventivo y multidisciplinar; sensibilizar a la población sobre la necesidad de mantener un peso adecuado en todas las edades mediante el equilibrio entre una alimentación saludable y la práctica de actividad física regular; facilitar la información necesaria a las familias que les permita adoptar hábitos adecuados para el mantenimiento de un peso saludable; potenciar el desarrollo de condiciones socio-ambientales que faciliten la adopción y el mantenimiento a largo plazo de estilos de vida saludables; involucrar activamente a diferentes instituciones y agentes sociales para la prevención de la obesidad infantil; avanzar en el diagnóstico precoz y en una atención integral de las personas con obesidad, basada en la mejor evidencia científica disponible y en un mejor aprovechamiento y orientación de los recursos disponibles; y facilitar la formación de los distintos perfiles profesionales implicados, promoviendo proyectos de investigación relacionados con el fenómeno.

Más información en: Plan Integral de Obesidad Infantil de Andalucía

¿Es la mujer inmigrante más vulnerable frente a la violencia doméstica?

Según las conclusiones del estudio realizado por Enrique Gracia, Marisol Lila y Juan Herrero, publicado en la Revista de l’Institut Universitari d’Investigació en Criminologia i Ciències Penals nº 3 (2010), las mujeres inmigrantes son más vulnerables frente a la violencia doméstica. Los datos obtenidos revelan que en la comparación llevada a cabo entre población autóctona y población inmigrante latinoamericana, en relación a las percepciones y actitudes hacia la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja, la población inmigrante informa conocer más víctimas (54.1% vs.23%); percibe como más frecuente en la sociedad la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja (“muy frecuente” = 55.9% vs. 16.6%); observa un clima social más favorable hacia este tipo de violencia, descrito en términos de una mayor tolerancia de la violencia en las relaciones íntimas (“la violencia ejercida por su pareja debería denunciarse a las autoridades legales tan pronto como la mujer se sienta amenazada por su pareja, incluso aunque no exista agresión física” = 69% de los inmigrantes se muestran de acuerdo vs. 78.5% de autóctonos); y mayor tendencia a culpabilizar a la mujer víctima de violencia de su propia victimización (56.5% vs. 39.2%). En opinión de los responsables del estudio, estos resultados ayudan a comprender los altos índices de violencia doméstica entre inmigrantes latinoamericanos, y apoyan la idea de que los índices de violencia doméstica se relacionan con el particular clima social de aceptabilidad y tolerancia de estas conductas entre el colectivo.

Más información:

Gracia, E; Lila, M. y Herrero, J. (2010). «¿Por qué la mujer inmigrante es más vulnerable ante la violencia doméstica? Explorando las actitudes sociales ante la violencia doméstica en una muestra de inmigrantes latinoamericanos», en Revista de l’Institut Universitari d’Investigació en Criminologia i Ciències Penals nº 3, primer semestre, Universitat de València (disponible on line en http://www.uv.es/recrim)

Causas sociales de la depresión

Un interesante estudio de los profesores de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Álvaro Estramiana, Alicia Garrido Luque e Inge Schweiger Gallo,publicado en la Revista Internacional de Sociología (RIS, Vol.68, nº 2, Mayo-Agosto, 333-348), ha llegado a la conclusión de que es necesario abordar una revisión crítica del modelo atributivo de la depresión. Los estudios en los que se contempla la asociación entre depresión y atribuciones internas, estables y globales de sucesos negativos, no tienen en cuenta, en su opinión, factores sociales como causas de la depresión. De manera que en presencia de dichos factores, los modelos de atribución pueden carecer de valor predictivo. De ahí que se considere que la evidencia correlacional que ha servido de apoyo empírico a los teóricos de la atribución esté sesgada al ignorar las causas sociales de la depresión. Para estos investigadores, son las desigualdades sociales, a través de las experiencias de estrés y de ciertas estrategias de afrontamiento, entre las que incluyen las redes de apoyo social disponibles, y las diferencias en los sentimientos de alienación y autoestima, las que tienen un peso significativo en la probabilidad de sufrir una mayor sintomatología depresiva, y no los estilos atributivos per se.

Para ampliar información consultar el artículo:

CAUSAS SOCIALES DE LA DEPRESIÓN. Una revisión crítica del modelo atributivo de la depresión

Seminario Internacional “Memoria y sexualidad de las mujeres bajo el franquismo”

Durante los días 5-10 de abril se celebró en Madrid el Seminario Internacional “Memoria y sexualidad de las mujeres bajo el franquismo”, dirigido por Raquel Osborne y organizado por la UNED y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Jordi M. Monferrer, profesor de sociología de la UDIMA, participó en dicho seminario con la ponencia titulada, «Serrano Vicéns, el Kinsey español», donde analizó la investigación realizada por este médico de familia, pionero en el estudio de la sexualidad de la  mujer española y precursor de la sexología moderna en nuestro país.