En los últimos meses han vuelto a saltar a los medios casos graves de acoso escolar en los centros educativos. Se trata de un problema que sin duda preocupa o debe preocupar a toda la comunidad educativa. Y no sólo por sus consecuencias más dramáticas, que son las que llegan a los medios, sino porque es un problema presente en todos los centros y que puede afectar a cualquier alumno haciendo que su paso por la escuela se convierta en una pesadilla en muchos casos.

El maltrato entre iguales por abuso de poder lleva décadas siendo objeto de estudio de educadores y psicólogos. Fruto de dichas investigaciones conocemos algunos aspectos clave que no podemos olvidar de cara a la prevención e intervención. En primer lugar, el acoso escolar es un fenómeno de grupo, que sólo puede entenderse en el contexto en el que se produce. Su causa tiene que ver con una mala gestión de la diferencia, pero se es diferente con relación a otros (porque no tienes amigos, porque eres mejor estudiante, porque eres peor estudiante, porque eres el más guapo o porque eres el más feo, etc). Por tanto, todos somos susceptibles de ser víctimas de acoso por parte de nuestros iguales. En segundo lugar, no se trata de un problema que afecte solo a la víctima y al agresor. Todo el grupo juega un papel en este fenómeno, ya sea porque apoya al agresor, porque apoya a la víctima o porque es testigo de lo que ocurre y decide no actuar. Así, las actuaciones que llevemos a cabo para prevenir e intervenir ante el acoso deben considerar a toda la comunidad educativa.

Bajo esas premisas se estructura el programa finlandés Kiva ante el acoso escolar, que ya se aplica con éxito en distintos países del mundo como Holanda, Reino Unido, Bélgica, Italia, Estonia, Francia o Estados Unidos, además de estar en funcionamiento en prácticamente la totalidad de las escuelas finesas. ¿Qué pretende este programa? ¿Cómo funciona? A través de formación específica se hace asumir a todos los alumnos su papel protagonista a la hora de enfrentarse al acoso escolar. Se trata de romper la cultura del silencio y de dar voz al alumnado, dándole un papel activo en la mejora de la convivencia de sus centros (no se trata de que simplemente cumplan las normas puestas por otros). Además, se forma al profesorado, a las familias y al resto de personal educativo. Se trata pues, de una medida de centro que debe estar consensuada y que debe mantenerse como un proyecto a largo plazo. Los efectos en la mejora de la convivencia de las escuelas de este programa son una realidad: los centros donde se aplica ven cómo se reduce el número de acosados y el número de acosadores.

Es necesario que este tipo de experiencias se den a conocer y se pongan en marcha en los centros. Se puede luchar contra el acoso escolar desde un modelo educativo. Hagámoslo.

Para más información, consultar la página del programa: http://www.kivaprogram.net/

Laura Granizo

Doctora en Psicología. Profesora en el Grado de Psicología y en los Grados de Magisterio de la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA.

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