Cuando te encuentras con tu jefe y estás pendiente de un ascenso o un despido o delante de la persona con la que te gustaría tener una cita, son dos ejemplos de situaciones en las que sería interesante saber si la otra persona está o no fingiendo una emoción o simulando una determinada expresión facial. En el caso de la sonrisa los científicos han comprobado que la esbozamos en muchas más ocasiones de las que creemos, no solo para demostrar felicidad.

En una noticia publicada el mes pasado en abc.es se recogía que la investigación podría allanar el camino para la creación de ordenadores capaces de evaluar los estados emocionales de sus usuarios y entonces responder en consecuencia. También podría ayudar a entrenar a aquellos que tienen dificultades para interpretar las expresiones, como las personas con autismo.

«El objetivo es ayudar a la gente con la comunicación cara a cara», dice Hoque Ehsan, investigador en el Grupo de Computación Afectiva del Media Lab del MIT. En el experimento, se pidió a los voluntarios que realizaran expresiones de alegría y frustración, al tiempo que unas webcams grababan sus gestos. Después, se les pidió que rellenaran un formulario online diseñado a propósito para causar frustración y se les invitó a ver un vídeo divertido en el que sale un bebé, todo mientras seguían siendo grabados.

Cuando se les pidió fingir frustración, el 90% de los sujetos no sonrió. Pero cuando se les presentó una tarea que les causó una verdadera frustración -rellenar un pesado formulario y descubrir que se borraba nada más pulsar el botón enviar- el 90% sonrió. Las imágenes fijas mostraron poca diferencia entre esas sonrisas frustradas y las de felicidad provocadas por el vídeo, pero el análisis de las imágenes demostró que la progresión de los dos tipos de sonrisas fue muy diferente: A menudo, las sonrisas felices se construyen gradualmente, mientras que las hipócritas aparecen velozmente y se desvanecen igual de rápido.

Los investigadores del MIT dicen que las personas no somos tan eficaces a la hora de distinguir el motivo de una sonrisa, y solo somos capaces de dar una buena interpretación la mitad de las veces. Sin embargo, la comprensión de las sutilezas que revelan emociones subyacentes es un objetivo importante. «A las personas con autismo se les enseña que una sonrisa significa que alguien es feliz», dice Hoque, pero la investigación demuestra que esto no es tan simple.

Según el estudio, el tiempo que uno tarda en formar un sonrisa tiene mucho que ver con cómo esta es interpretada. Por ejemplo, al exprimer ministro británico Gordon Brown se le acusó de tener una sonrisa falsa, por el tiempo poco natural que aguantaba con las comisuras estiradas. Del mismo modo, el excandidato a la presidencia de EE.UU. Herman Cain desarrollaba tan lentamente su sonrisa -tardaba nueve segundos en aparecer – que fue ampliamente parodiado.

Estos son sólo unos ejemplos de cómo transmitir o no una sonrisa verdadera tiene impacto en los demás y de cómo la investigación en Psicología nos ayuda a saber más sobre ello.