No se llama Kim Jong-il, Ayman al Zawahiri, ni Osama Ben Laden. El principal enemigo del Pentágono responde al nombre de Julian Assange. Este australiano próximo a los cuarenta es el fundador de Wikileaks, el sitio web que ha revelado  400.000 informes secretos de la inteligencia norteamericana en Irak y Afganistán. Los servicios secretos estadounidenses, que lo consideran un hacker, asisten con impotencia a la filtración de las torturas y arbitrariedades cometidas por la primera democracia del mundo y su aliado iraquí. La plataforma de Assange, quien va a perder la nacionalidad sueca, ha desvelado también las ejecuciones irregulares en Kenia, los abusos de la Iglesia de la Cienciología o la frívola gestión de los directivos de algunos grandes bancos. Una vez más, seguridad nacional y derecho a la información riñen la eterna partida de la prevalencia. Ahora la Red es el tablero que contemplan millones de ojos.

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