El cerebro humano se encuentra dividido en dos grandes mitades llamadas hemisferios, que se encuentran separadas entre sí por medio de una cisura longitudinal profunda situada en la línea media del encéfalo (conocida como cisura interhemisférica o cisura longitudinal). En la parte más profunda de esta cisura se sitúa el cuerpo calloso, un haz de fibras de sustancia blanca que transmite información de uno a otro hemisferio con el objetivo de que se comuniquen entre sí y puedan trabajar de manera complementaria.

¿Qué ocurre cuando estas fibras se dañan? Tal y como señala Gazzaniga (2005), la respuesta a esta pregunta se inició cuando Van Wagenen y Herrer (1940) desarrollaron un procedimiento quirúrgico conocido como comisurectomía, consistente en la resección del cuerpo calloso, con el objetivo de controlar las crisis epilépticas de pacientes refractarios a tratamiento farmacológico. Con este procedimiento pretendían evitar la propagación de las descargas iniciadas en un hemisferio cerebral al hemisferio contralateral. Los pacientes intervenidos por Van Wagener y Herrer (que se conocen como pacientes con cerebro dividido) fueron evaluados posteriormente por Akealitis (1844) quien llegó a la conclusión de que la desconexión entre ambos hemisferios provocada por la comisurectomía no provocaba ningún tipo de alteración cognitiva.

Unos cuantos años después, Myers y Sperry (1958) analizaron los efectos de esta intervención en ratas, gatos y monos empleando un conjunto de técnicas sofisticadas que permitían evaluar la función de cada uno de los hemisferios de manera independiente. Los resultados mostraron que la lesión completa del cuerpo calloso limitaba el intercambio de información entre los dos hemisferios, por lo que éstos no eran capaces de comunicarse entre sí.

Posteriormente, Gazzaniga, Bogen y Sperry (1962, 1965, 1967) adaptaron estas técnicas que habían sido desarrolladas en animales para administrarlas en pacientes humanos. Los resultados que obtuvieron confirmaban los datos obtenidos anteriormente en animales y reforzaban las teorías de la especialización hemisférica y lateralización de las funciones. Según estas teorías, cada uno de los hemisferios cerebrales está especializado en unas funciones específicas. Así parece que el hemisferio izquierdo está especializado en el lenguaje y el hemisferio derecho en las visuoespaciales y visuomanipulativas.

Todas las técnicas que emplearon en sus experimentos se basaban en el control de los estímulos que se presentaban al campo visual derecho e izquierdo por medio de un taquitoscopio. Es necesario recordar aquí que la corteza visual del hemisferio izquierdo controla la información proveniente del campo visual derecho y viceversa, que la corteza visual del hemisferio derecho controla la información proveniente del campo visual izquierdo. De esta manera, presentando los estímulos a uno y otro lado del campo visual, éstos se restringían a uno y otro hemisferio.

Veamos tres de las técnicas que emplearon en sus experimentos. La primera técnica consistía en la presentación de un estímulo en el campo visual derecho e izquierdo (ver Figura 1). Lo que observaron es que, cuando el estímulo aparecía en el campo visual derecho, los pacientes podían nombrarlo sin dificultad. Por el contrario, cuando el estímulo aparecía en el lado izquierdo, los pacientes afirmaban no ver nada. Sin embargo, eran capaces de dibujarlo.

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Figura 1. Representación gráfica de la primera técnica

Tal y como comentamos anteriormente, el hemisferio izquierdo parece estar especializado en el lenguaje. Es por ello que, cuando la imagen se presenta al lado derecho del campo visual, ésta es procesada por el hemisferio izquierdo especializado en el lenguaje y el paciente puede dar una respuesta verbal (denominación). Por su parte, cuando la imagen se presenta al lado izquierdo del campo visual, ésta es procesada por el hemisferio derecho especializado en las habilidades visuoespaciales y visuoconstructivas, y el paciente puede emitir una respuesta como señalar o dibujar. Debido a la desconexión, en este último caso, el paciente no puede acceder a los centros de lenguaje del hemisferio izquierdo y, por ello, no puede nombrar lo que ha visto.

La segunda técnica consistía en la presentación de figuras quiméricas formadas por dos mitades diferentes (ver Figura 2). En este caso, cuando se pedía a los pacientes que dieran una respuesta verbal sobre lo que habían visto, entonces decían haber visto lo que se correspondía con la mitad derecha de la figura quimérica. Cuando se pedía que señalasen entre un conjunto aquella imagen que se correspondiese con lo que habían visto, entonces señalaban la que se correspondía con la mitad izquierda.

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Figura 2. Representación gráfica de la segunda técnica

Finalmente, la tercera técnica consistía en hacer aparecer, por un instante, dos imágenes diferentes en una pantalla, estando el paciente con los ojos fijos en un punto medio. De este modo, cada hemisferio recibía una imagen diferente; el hemisferio derecho captaba la imagen que aparecía en el lado izquierdo de la pantalla, mientras que el hemisferio izquierdo captaba la imagen que aparecía en el lado derecho de la pantalla. Vamos a analizar los resultados que obtuvieron con estas técnicas empleando el ejemplo que se muestra en la Figura 3.

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Figura 3. Representación gráfica de la tercera técnica

Cuando se pedía a los pacientes que nombraran lo que habían visto en la pantalla, entonces decían que habían visto un “anillo” (debemos recordar que nombrar es una actividad verbal en la que está especializado el hemisferio izquierdo y éste controla el lado derecho del campo visual). Cuando se pedía que escogiesen entre un conjunto de objetos aquel que se correspondiese con el objeto que habían visto, entonces escogían una llave (ésta es una actividad manipulativa en la que está especializado el hemisferio derecho y éste controla el lado izquierdo del campo visual). Si a continuación se pedía a los pacientes que nombrasen el objeto que habían escogido, entonces decían “anillo”. De nuevo, esta actividad verbal está controlada por el hemisferio izquierdo.

El empleo de estas y otras técnicas ha permitido profundizar en nuestro conocimiento sobre los efectos que tiene la desconexión interhemisférica. En líneas generales, los resultados obtenidos por los diferentes estudios parecen confirmar que, cuando se produce una lesión en las fibras que unen los dos hemisferios cerebrales, la información presentada únicamente en un hemisferio resulta inaccesible para el otro (Corballis, Funnell y Gazzaniga, 2002; Uddin, Rayman y Zaidel, 2005). Como consecuencia, los hemisferios cerebrales no son capaces de comunicarse entre sí y coordinarse para realizar a cabo una determinada tarea. Cada uno de los hemisferios cerebrales no son conscientes de lo que está ocurriendo en el otro hemisferio cerebral. Además, apoyan la existencia de asimetrías cerebrales y la especialización hemisférica.

Referencias

Akelaitis, A.J. (1944). A study of gnosis, praxis and language following section of the corpus callosum and anterior commissure. Journal of Neurorurgery, 1, 94-102.

Corballis, P.M., Funnell, M.G., y Gazzaniga, M.S. (2002). Hemispheric asymmetries for simple visual judgements in the split brain. Neuropsychologia, 40(4), 401-410.

Gazzaniga, M.S. (2005). Forty-five years od split-brain research and still going strong. Neuroscience, 6, 653-659.

Gazzaniga, M.S., Bogen, J.E., y Sperry, R.W. (1962). Come functional effects of sectioning the cerebral commissures in man. Proccedings of the National Academic of Science of the United State of America, 48, 1765-1769.

Gazzaniga, M.S., Bogen, J.E., y Sperry, R.W. (1965). Observation on visual perception after disconnexion of the cerebral hemispheres in man. Brain, 88, 221-236.

Gazzaniga, M.S., Bogen, J.E., y Sperry, R.W. (1967). Dyspraxia following division of cerebral commissures. Archives of Neurology, 16, 606-612.

Myers, R.E., y Sperry, R.W. (1958). Interhemispheric communication throught the corpus callosum: mnemonic carry-over between the hemispheres. Archives of Neurology and Psychiatry, 80, 298-303.

Uddin, L.U., Rayman, J., y Zaidel, E. (2005). Split-brain separate but equal self-recognition in the two cerebral hemispheres. Consciousness and cognition, 14(3), 633-640.

Van Wagenen, W.P., y Herren, R.Y. (1940). Surgical division of commissural pathways in the corpus callosum: relation to spread of an epileptic attack. Archives of Neurology and Psychiatry, 44, 740-759.

Laura Alonso Recio

Doctora en Psicología. Profesora de Psicología en la UDIMA, Universidad a Distancia de Madrid.

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