Archivos de Autor: Luis Miguel Belda

La libertad de expresión no es cosa de risa ¿o sí?

En el Grado en Periodismo de la UDIMA, los profesores nos esforzamos en compartir con nuestros estudiantes que la libertad de expresión es un bien de la democracia que debe ser usada adecuadamente. Porque no es que todo valga al albur de la libertad de expresión, es que todo no debe valer. Y en este cometido, el conjunto de los docentes que impartimos en la UDIMA conocimientos y experiencia en materia de periodismo coincidimos en que este derecho es, al mismo tiempo, un deber.

Un derecho y un deber que supone la herramienta fundamental que acredita nuestro trabajo. Sin libertad de expresión, nada es posible decir. Pero, llegado a este punto, resulta interesante que los propios periodistas reflexionemos sobre las rayas que no debemos cruzar, sobre los límites que no se han de pasar, sobre, si se quiere, la autocontención en favor del rigor y la verdad, el santo y seña del periodista, del periodismo.

Una autocontención que lo más sibilinos interpretan como una autocensura, pero nada más lejos de eso, aunque resulte cansino y baldío discutir con quien no se aviene a otras razones.

Entre tanto, entre el sentido común y el humor podemos encontrar un espacio que nos libere de nuestras ancestrales ataduras como periodistas, muchas veces, en forma de inútiles complejos. Historietistas como El Roto o Chumy Chúmez, que publicaron sus creaciones a diario en los medios de comunicación más relevantes del país, nos ponen a todos, periodistas y no periodistas, frente al espejo.

A toda una sociedad que se dice alegre de contar con la libertad de expresión como bandera, cuando no pocas veces la ondeamos solo para fastidiar al semejante, para liberar nuestros propios complejos o, sencillamente, para emponzoñar aún más la cosa: véanse, o léanse, las redes sociales. Pero ese otro debate, y tanto que da de sí para decenas de artículos.

Quedémonos ahora con la exposición que sobre este tema abrió este 14 de diciembre sus puertas en la sede de la Fundación Carlos de Amberes, en recuerdo por el 50 aniversario de la orden de cierre del mítico Diario Madrid. No en vano, parte del programa de actividades lo organiza la Fundación Diario Madrid y la Asociación de Periodistas Europeos, con el respaldo del Gobierno. Su ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, el socialista Félix Bolaños, la visitó este martes en la calle Claudio Coello, con abundante presencia policial, no muy lejos de donde fue asesinado por ETA el presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco, que no es que venga a cuento, o a lo mejor sí.

¡A mí, que me registren, pero que no me pregunten!

Es, sin duda, una patata caliente la que tiene por delante Charo, la directora de Comunicación del Congreso de los Diputados que tomó posesión en plena pandemia después de 30 años de Jesús. Así les identifico, con cariño, porque los conozco. A uno porque con él me bauticé como periodista parlamentario, y a la otra porque la vi llegar recién chiquilla. Jesús fue el responsable de prensa del Congreso desde su creación, en la década de la movida madrileña, y es mérito suyo haber ganado una oposición que le mantuvo, y mantiene como funcionario en las Cortes, aunque ahora en otras tareas más institucionales.

Charo es, pues, quien ha de resolver la patata caliente de responder a nada menos que a doce jefes de prensa de los partidos que apoyan al Gobierno. Puede que su carácter extrovertido le ayude a resolver este delicado asunto de decidir como Salomón. Cuando lea esto, quizá ya lo haya resuelto, las cosas del directo, ya sabe.

Antes de tomar una decisión – junto al secretario general de la Cámara Baja-, Charo, estoy seguro, como aplicada estudiante de Periodismo repasará hasta el aburrimiento el artículo 20 de la Constitución Española y el artículo 11 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

Para quien no sepa de qué va la cosa, los doce jefes de prensa de los grupos parlamentarios de PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV, EH Bildu, Junts, PDCat, Más País-Equo, CUP, Compromís, BNG y Nueva Canarias, todos los que apoyan al Gobierno, acaban de elevar un escrito a la presidenta de la Cámara, la socialista Meritxell Batet, exigiendo que se revise la concesión de pases de prensa a aquellos informadores que destacan por sus “faltas de respeto” en las ruedas de prensa que, a su juicio, “generan tensión” entre periodistas y parlamentarios. Batet, como Pilatos, ha pasado la patata caliente a quien, deduzco que habrá pensado, entiende qué hacer con esto.

Conozco también a alguno de esos jefes de prensa, que antes fueron aguerridos (y aguerridas) periodistas de raza, que preguntaban lo ‘impreguntable’ en cualquier lugar y situación, y estoy seguro de que deben andar preocupados, y quizás fastidiados, por el lío en el que les han metido los políticos a los que ahora representan.

Como profesor de Periodismo, y para los alumnos que se las verán con todos estos protagonistas en pocos años, o en meses, he puesto la lupa sobre los hechos. Por ejemplo, (solo hay clicar este hipervínculo) este desencuentro entre Rufián, el diputado de ERC, y Cárdenas, de 7NN en la rueda de prensa que ha hecho estallar todo.  

La cosa pasó a ser noticia en sí misma (solo hay que clicar el hipervínculo, otra vez): La más esperpéntica noticia imaginable, la de que un portavoz de un grupo parlamentario se niegue a responder a un periodista, sea el que sea, una pregunta por la sencilla razón de que dicho periodista está a nómina en un medio de comunicación que aquel portavoz no lee, ni oye, ni ve, porque no es de su cuerda política.

Llamada a ser equidistante, aunque para otras cosas es notoriamente precisa y de parte, la Asociación de la Prensa de Madrid ha salido al paso con un comunicado que persigue la conciliación y lo que los castizos llaman el “bueno rollito” entre periodistas y congresistas. Pero esta es, en mi opinión, una premisa equivocada.

El periodista ha de ser escrupulosamente serio en su trabajo (como un fontanero o un médico), y educado (como un dependiente o una cajera), además de buenos en lo suyo en cada caso, pero no necesariamente amiguito de su fuente de interés. En absoluto. Porque si mi fuente de interés se convierte en mi amiguito del alma, puedo estar seguro que en poco tiempo como periodista pasaré a ser su servidor, y un periodista solo sirve a una parte: la sociedad.

Sí, no se rían, dicho así parece como muy pomposo, pero, créanme, sí, el periodista es un servidor público que solo le sirve a usted; ¿Qué los hay puñeteros? Claro, como el fontanero que le cambió la taza y pierde agua, o el que le puso el suelo y está abollado. Malos profesionales, y malas personas, a patadas, pero no son la mayoría, gracias a Dios.

De entre las voces de periodistas que han puesto a caer de un burro a sus colegas señalados destaca -y llama la atención- Esther Palomera, de El Diario.es, rotativo de clara línea editorial de izquierdas (no es valoración de quien escribe, no la vayamos a liar, sino bandera pública de sus promotores). Palomera fue despedida en su día de La Razón por ser, al parecer, crítica con el Gobierno de Rajoy, y de ahí – y quizás por eso mismo – terminó en las antípodas ideológicas del periodismo. Y desde esa atalaya ha exigido que no se le conceda pase de prensa a quienes, a su juicio, no hacen periodismo. Yo, como periodista, no lo hubiera hecho peor. Hasta el mandamás de Europa Press le salió al paso el día que dijo eso.

Porque sí, no nos engañemos, los medios tienen líneas editoriales claramente definidas, como de ellos se espera y en clara correspondencia con lo que es la sociedad a la que informan. Pues ni El País ni el ABC, ni laSexta ni Antena 3, ni la SER ni la COPE esconden sus atributos tras un taparrabos. No va de eso la cosa, sino de que la sociedad a la que sirven sepa que la verdad y la interpretación del mundo que le rodea presenta vértices, ángulos y miradas diversas, y todas ellas pueden formularse desde planteamientos ideológicos igualmente diversos ¡faltaría más que no fuera así en una democracia que se precie!

A lo que voy, como periodista, aunque se diga que perro no come perro, no creo que nos podamos permitir el lujo de exigir la censura de nuestros colegas, salvo que crucen rayas inadmisibles, y, a la vista de los vídeos y de los testimonios de las partes, observados como periodista que persigue ser lo más objetivo posible, concluyo que no aprecio que los colegas señalados hayan sido maleducados e irrespetuosos, como se denuncia. ¡Anda que no pregunto yo en las ruedas de prensa! ¡Para eso están, de cajón!

Porque repetir una y otra vez una pregunta que no es contestada por cataplines, no por otra razón, no supone ser irrespetuoso, sino exigente con quien es servidor público y toma decisiones que me afectan como ciudadano. ¿Acaso si esa misma pregunta formulada por el periodista de 7NN, que era muy normal: ‘qué piensa usted de la ley de seguridad ciudadana’ la hubiera formulado un periodista de un medio editorialmente afín al diputado de Esquerra la habría contestado?

La cosa, que decía Fernando Fernán Gómez en ‘El Abuelo’… la cosa es que me he quedado sin saber qué piensa Rufián sobre la reforma de la ‘ley mordaza’. Aunque, a lo mejor, ya ha contestado, mira tú por dónde.

ACIJUR, la asociación de los periodistas jurídicos

Asociarse es una necesidad tan antigua como productiva. Los gremios profesionales permiten que quienes pertenecen a ellos se encuentren con otros colegas en una suerte de bucle que, lejos de ser necesariamente endogámico y castrante, supone un espacio de encuentro y de debate, como también de formación y de actualización de intereses compartidos.

Y si hay un gremio gremial por naturaleza, pero, aunque parezca contradictorio, al mismo tiempo individualista ese es el que conforman los periodistas. En la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA, se enseña a los estudiantes de Periodismo en los conocimientos esenciales que necesitarán aplicar en el ejercicio de la profesión. Pero la asociación, y la asociación compartimental entre periodistas que operan en un mismo ámbito les permitirá cruzar puntos de vista, así como fijar nuevos contactos, que les serán muy útiles en su desarrollo como profesionales.

Es el caso la Asociación de Comunicadores e Informadores Jurídicos, ACIJUR, una Asociación profesional, sin ánimo de lucro, constituida para la defensa de los intereses de los asociados y que agrupa a los periodistas dedicados, primordialmente a la información jurídica, tanto a través de medios informativos como de actividades de comunicación.

El autor de este artículo es miembro de ACIJUR, en su doble condición de periodista, y de periodista que cubrió en su día información jurídica en los ámbitos local, regional y, finalmente, nacional, y como profesor de Periodismo Judicial, asignatura optativa del Grado en Periodismo de la UDIMA.

En este sentido, animo a los futuros periodistas, hoy estudiantes, a asociarse con otros que ejercerán su misma disciplina. Hay asociaciones de periodistas económicos, como la APIE, o de la salud, como ANIS, y muchas otras, pero el caso que nos ocupa es el de ACIJUR, una asociación al que pueden pertenecer aquellas personas físicas, mayores de edad y con capacidad de obrar, que desarrollen su actividad como informadores sobre temas relacionados con el área de la información jurídica, en cualquier medio o entidad de comunicación o que tengan interés en el desarrollo de los fines de la Asociación, que puedan demostrar una experiencia profesional de al menos dos años, y que así lo soliciten a la Junta Directiva a través del aval de, al menos, dos asociados. Eso reza en su web.

Además, la Asociación de Comunicadores e Informadores Jurídicos no es una isla en sí misma; forma parte de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), que junto con las 48 asociaciones federadas conforma la mayor organización de periodistas de España.

Son objetivos de ACIJUR la defensa de la libertad en el ejercicio profesional de sus asociados, velar por la independencia y objetividad de los contenidos informativos, facilitar el diálogo y acceso a las fuentes informativas, representar a sus asociados en cuestiones y temas de índole profesional, desarrollar actividades susceptibles de perfeccionar los conocimientos técnicos y la capacitación de sus asociados, y dar a conocer las características y especificaciones de la información jurídica.

También convoca anualmente los populares Premios ACIJUR, adjudicados por las votaciones de los miembros de la Asociación. Las categorías de los Premios son Puñetas de Oro, Puñetas de Plata, Puñetas de Bronce y Vete a Hacer Puñetas. Los tres primeros Premios distinguen a las personas o instituciones que más se han distinguido en el año en su actividad por la Justicia. El último pretende ser una llamada de atención crítica, pero no ofensiva, sobre aquellos aspectos de la Justicia o de sus instituciones que, en opinión de los votantes, merezcan ser desterrados de la vida pública.

Por último, es destacable que ACIJUR convoca encuentros estrictamente off the record con los agentes que componen el universo jurídico español. Uno de los últimos fue con el exministro de Justicia y actual magistrado de la Audiencia Nacional, Juan Carlos Campo, con quien aparece en la imagen que ilustra este artículo su autor.

La prostitución del lenguaje

¿Está tan mal dicha y escrita una expresión como ‘prostitución infantil’? ¿Es inadecuado que como periodistas nos refiramos a ‘dueño de un burdel’, ‘trabajo sexual’, ‘persona menor’ o ‘cliente de prostitución’? El debate sobre la corrección política en el lenguaje es un melón abierto hace unos cuantos años. Los periodistas estamos más o menos de acuerdo en que determinadas voces no son hoy la más acertadas para informar de hechos noticiosos relacionados con la prostitución.

Pero también es verdad que, probablemente -o así lo pensamos no pocos-, lo sustancial en el ejercicio del periodismo relacionado con un fenómeno social tan lamentable como este debe ser el tratamiento que hagamos del contenido y no tanto el continente.

El continente es si en el contar noticias relacionadas con este tema daña tanto como se cree referirse a una mujer prostituida como ‘prostituta’ sin más, y a quien paga por un servicio sexual como ‘cliente’, en vez de, por ejemplo, ‘persona prostituidora’ o persona ‘prostituyente’, mientras que el contenido sería que en nuestras informaciones abordáramos esta materia con evidente desprecio por la que, sin duda, es la víctima en este proceso; aunque siempre que no entremos en otra cuestión en paralelo, que es si la mujer, o el hombre, ejercieron de prostituta y prostituto, respectivamente, de forma voluntaria.

Porque si hilamos fino en el lenguaje, al que casi siempre se usa como diana de no pocos males -y a sus usuarios, los periodistas, de rondón- hilemos también finamente en si hubo o no voluntariedad, y hagámoslo saber en nuestra noticia.

El contenido sería el modo en que el periodista expondría su información, y a sus protagonistas, por ejemplo, con frivolidad o con desdén hacia la mujer u hombre protagonistas de aquella. Ahí es donde, personalmente, creo que hemos de poner el acento, en el cómo afrontamos este fenómeno, y no tanto en si es correcto escribir ‘prostitución infantil’, siendo lo correcto hablar de ‘explotación sexual infantil’ o ‘utilización de niños, niñas y adolescentes en o a través de la prostitución’.

Todas estas nuevas expresiones señaladas entre comitas son algunas de las propuestas para sustituir otras de uso habitual en los medios, como ‘cliente’, ‘traficante’ o ‘migración ilegal’, que el ‘Decálogo de buenas prácticas para medios de comunicación’ elaborado por Protejeres, FAPMI, ECPAT y EDUCO, presentado este jueves en Madrid, sugiere su sustitución por ‘persona prostituidora’ o ‘persona prostituyente’, ‘tratante’ y ‘migración irregular’, respectivamente.

El Decálogo subraya la importancia de que el periodista, cuando acometa informativamente este tema, profundice en la trama, empezando por contextualizar y abordar el fenómeno en toda su complejidad social; en su doble rol de formar, sensibilizar y concienciar, también denunciar; en no estigmatizar y cuidar el uso del lenguaje y las imágenes; en respetar la intimidad de las víctimas y evitar su identificación; en enfatizar en las ‘otras personas’ y no en las víctimas; en acudir a fuentes expertas; en incluir el tema de la trata en la agenda periodística; en dar esperanza y positivismo; en dar voz y protagonismo a las personas menores de edad; y, lo esencial, en evitar el morbo, amarillismo y sensacionalismo.

En todo de acuerdo. Claro que sí. El periodista juega un papel fundamental en todo eso que se expone. Escribimos para la sociedad y a ella nos debemos, pero que no se olvide que, en el fondo, somos los transmisores, y los transmisores objetivos de lo que sucede a nuestro alrededor. Por ello, no sería justo derivar en el periodista la responsabilidad de que la sociedad afronte, de un modo u otro, fenómenos como este: para eso están otros agentes. El periodista ayudará, por supuesto, pues, como es el caso, se trata de una causa justa, muy justa, pero que no recaigan sobre nosotros todas las responsabilidades del mundo mundial.

A todo esto, un buen punto de partida para mejorar el contenido (ya dije que el continente me preocupa mucho menos) es formar mejor en valores a nuestros estudiantes del Grado en Periodismo, pues los valores, aun no siendo una asignatura curricular, suponen más créditos de lo que imaginamos en el ejercicio de esta profesión.