Recientemente, el pasado domingo 7 de noviembre, tuvo lugar en Barcelona la consagración del templo de la Sagrada Familia como basílica, por Benedicto XVI.

La primera piedra del edificio fue colocada el 19 de marzo de 1882, de acuerdo al diseño neogótico de Francisco de Paula del Villar y Lozano, pero tras la renuncia de éste, el proyecto sería encargado a Antoni Gaudí, un joven arquitecto de 31 años de edad, que respetaría la parte ya construida de la cripta y modificaría completamente el resto, imprimiendo su genial estilo y dedicando sus 43 restantes años de vida, hasta su trágica defunción en 1926, a esta construcción que es obra cumbre del modernismo.

Dicho término define un estilo artístico surgido en el tránsito del siglo XIX al XX que alcanzaría su mayor implantación en Cataluña. En la década decimonónica de los años ochenta, confluyeron en Barcelona un grupo de artistas que absorbieron las influencias eclécticas del art nouveau europeo, del impresionismo y del decorativismo. De este modo iniciaron su trayectoria los pintores Ramón Casas, Isidre Nonell y Santiago Rusiñol, así como los arquitectos Josep Puig i Cadafalch y Lluís Domènech i Montaner.

Teniendo como precedente el arte neogótico, el modernismo se convirtió en un estilo distinto, que frente a la arquitectura industrial de la primera mitad del siglo XIX, desarrollaría nuevos conceptos basados en la naturaleza. El máximo exponente del modernismo fue Gaudí, quien junto a la Sagrada Familia, proyectó el Parque Güell y las Casas Milà y Batlló en Barcelona. En sus obras se funden todas las técnicas decorativas (escultura, vidriería, orfebrería, cerámica, etc.), con el uso de la piedra, del ladrillo y del hierro como materiales.

Gaudí busca en su arquitectura nuevas soluciones estructurales, que son síntesis de su observación de la naturaleza y del estudio de la adecuada integración del edificio en su entorno. El resultado será un “estilo orgánico”, en perfecto diálogo con el medio natural, y simbiótico de tradición, innovación y modernidad.

Desde los inicios, la arquitectura se ha basado en la geometría simple o euclidiana, que permite diseñar los edificios mediante la combinación de sencillos elementos que se pueden dibujar sobre un plano o desarrollar en el espacio. Sin embargo, Gaudí, que había sido instruido en esta geometría durante sus años de estudio, afirmaba que la naturaleza había sido creada por Dios de acuerdo a un criterio más lógico y funcional. Sirva de ejemplo que las fibras del tallo de un árbol o el esqueleto de un mamífero nunca fueron dibujados ni calculados.

En la arquitectura gaudiniana, la geometría simple es sustituida por la observación de la naturaleza, donde los pesos y las fuerzas se desplazan en sentido vertical, siendo innecesarios los tradicionales contrafuertes y arbotantes.

El proyecto de la Sagrada Familia estaba integrado por tres fachadas (Nacimiento, iniciada y casi finalizada por Gaudí, Pasión y Gloria), así como dieciocho torres: doce más bajas, entre las que se encuentran las ocho existentes que se corresponden con las fachadas del Nacimiento y de la Pasión, están dedicadas a los Apóstoles, mientras que cuatro, de altura superior, a los Evangelistas. La torre ubicada sobre el ábside estará dedicada a la Virgen María y la más alta, coronando todo el templo, a Jesucristo. La peculiaridad de las torres de la Sagrada Familia es su carácter cónico circular, que se estrecha con la altura, y la torsión parabólica con que fueron diseñadas, contribuyendo a realzar la tendencia ascendente de toda la fachada.

El templo de la Sagrada Familia presenta planta basilical estructurada en cinco naves, diferenciadas a partir de elementos sustentantes diseñados a modo de árboles, de tal forma que el observador, convertido en espectador de un fantástico bosque de columnas (símbolo de la Iglesia universal a través de sus diócesis), queda fascinado ante la sobrecogedora luz que se filtra por los ventanales en un precioso espacio religioso de imagen bucólica, donde se funden magistralmente espiritualidad, naturaleza y arquitectura. Imágenes sagradas, tortugas procedentes de la cultura china, representaciones humanas de su propio tiempo y hasta un criptograma, cuyas trescientas diez combinaciones suman la edad de Cristo, constituyen una armónica melodía arquitectónica única en el mundo.

Fuentes de procedencia de las imágenes:

Foto 1: http://www.gaudidesigner.com/es/sagrada-familia.html

Foto 2: http://www.gaudidesigner.com/es/sagrada-familia-escalera-de-caracol–piedra–interior-del-campanario_310.html

Foto 3: http://www.flickr.com/photos/vikingospub/2951849131/

Foto 4: http://blog-es.hostelbookers.com/ciudades-destacadas/barcelona/barcelona-modernista/

Laura Lara Martínez

Doctora en Filosofía. Profesora de Historia Contemporánea.
Udima, Universidad a Distancia de Madrid