Cómo procesa las caras nuestro cerebro

Los seres humanos estamos altamente dotados para reconocer la información social que nos proporcionan los rostros, no sólo aquella relativa a aspectos de la identidad facial, como el sexo o la edad, sino también la relacionada con la emoción que estos rostros expresan (Ellis y Young, 1992). Esta habilidad para interpretar las caras de otras personas es un aspecto básico de la interacción social humana. En este sentido, las caras constituyen uno de los primeros estímulos que recibimos al nacer y es, desde el punto de vista biológico, psicológico y social, el objeto visul más significativo para el ser humano (Lopera, 2000).

El estudio de pacientes con lesiones o disfunciones cerebrales ha puesto de manifiesto el importante impacto a nivel social que aparecen cuando se presentan dificultades en el procesamiento de las caras. Así, la incapacidad para reconocer rostros puede producir importantes liitaciones en la comunicación con otras personas, contribuir al aislamiento y, en definitiva, provocar la pérdida de calidad de vida. También ha puesto de manifiesto la existencia de una disociación entre la capacidad para reconocer rasgos de identidad facial (edad, sexo, etc) y la capacidad para reconocer expresiones faciales emocionales.

Para dar explicación a este fenómeno se han desarrollado diversos modelos neurocognitivos acerca del procesamiento de caras (Calder y Young, 2005; Calder, Young, Keane y Dean, 2000; Haxby, Hoffman y Gobbini, 2002; Haxby y Gobbini, 2011). Por ejemplo, el modelo de Haxby, Hoffman y Gobbini (2000), sugiere que la información de los rostros se procesa de forma distribuida mediante dos sistemas funcionalmente independientes que reciben el nombre de central y extendido (ver Figura 1).

Modelo procesamiento emocional

Figura 1. Modelo de Haxby, Hoffman y Gobbini (2000)

Por una parte, el sistema central parece estar implicado en el procesamiento de las características básicas de la identidad y de los gestos faciales (como las expresiones faciales emocionales). Para ello, después de generarse una representación inicial de la cara, el procesamiento de la identidad y de las expresiones faciales emocionales sigue dos caminos separados e independientes. El procesamiento de rasgos de identidad facial conlleva la percepción de características estables o invariables de la cara, mientras que las expresiones faciales emocionales requieren la percepción de sus aspectos variables (o cambiantes). En ambos tipos de análisis participa la corteza occipital inferior generado la representación inicial de la cara. Además, y ya de manera distintiva, en el reconocimiento de la identidad facial está implicado el giro fusiforme mientras que en el reconocimiento de las expresiones faciales emocionales participa el surco temporal superior.

Tras este análisis perceptivo inicial por parte del sistema central, el sistema extendido lleva a cabo un conjunto de procesos que, en síntesis, contribuyen a dotar de significado, tanto a los rasgos de identidad como a la expresión facial emocional. Así, por ejemplo, pueden recuperarse y conectarse datos biográficos relativos a la persona para el reconocimiento de su identidad o información acerca del valor afectivo de una determinada expresión para el reconocimiento de su estado emocional. Las estructuras que participan en uno y otro proceso son también distintas. Así, en el caso de la identidad, está implicada la corteza temporal anterior y, en el de la expresión facial emocional, la ínsula, la amígala y el sistema límbico (Calder y Young, 2005; Haxby y Gobbini, 2012).

Por lo tanto, parece que el nuestro encéfalo se encuentra altamente especializado en el reconocimiento de rostros, con estructuras especialmente diseñadas para el procesamiento de los mismos (tanto de los aspectos relativos a la identidad facial como a las expresiones faciales emocionales).

Referencias

Calder, A. J., & Young, A. W. (2005). Understanding the recognition of facial identity and facial expression. Nature Reviews Neuroscience, 6(8), 641-651. doi: 10.1038/nrn1724

Calder, A.J., Young, A.W., Keane, J., & Dean, M. (2000). Configurational information in facial expression perception. Journal of Experimental Psychology: Human Perception and Performance, 26, 527-551. doi: 10.1037/0096-1523.26.2.527.

Ellis, A.W., y Young, A.W. (1992). Neuropsicología cognitiva humana. Barcelona: Editorial Masson.

Haxby, J. V. & Gobbini, M. I. (2011). Distributed neural systems for face perception. In G., Rhodes, A., Calder, M., Johnson and J.V. Haxby (Eds.) Oxford Handbook of Face Perception (pp. 93-110). Oxford: Oxford University Press.

Haxby, J. V., Hoffman, E. A. & Gobbini, M. I. (2000). The distributed human neural system for face perception. Trends of Cognitive Science, 4, 223–233.

Lopera, R. F. (2000). Procesamiento de caras: bases neurológicas, trastornos y evaluación. Revista de Neurología, 30(5), 1-5.

Laura Alonso Recio
Doctora en Psicología. Profesora de Psicología en la UDIMA, Universidad a Distancia de Madrid.

Ver Perfil