Artillería republicana

La Batalla del Jarama, previa a la de Guadalajara en el epílogo del invierno de 1937, es considerada una de las hazañas más cruentas de la Guerra Civil. Foto en el teatro de María y Laura ponentes del 80 aniversario Batalla del JaramaAmbas están de aniversario en este 2017. El 3 de marzo, la Doctora María Lara y yo participamos como ponentes en las VII Jornadas sobre la Batalla del Jarama, organizadas por los Ayuntamientos de Morata de Tajuña y de Arganda del Rey, impartiendo en el primer municipio mencionado sendas conferencias tituladas “Como si no hubiera un mañana: la mujer en la Guerra Civil” y “Batalla del Jarama, Batalla de Guadalajara… El frente de Madrid”.

Preparando la defensa en Brihuega (Guadalajara)

Preparando la defensa en Brihuega (Guadalajara)

Toda guerra es terrorífica, por el mero hecho de atentar contra la integridad de otros seres humanos por el empleo de las armas, pero más cruel resulta, aún sí cabe, cuando conlleva un embate fratricida, pues la mente humana puede llegar a justificar el sentido de independencia frente al invasor, como sucedió en 1808 contra los franceses, no así esa máxima invertida de que “la fuerza no hace la unión”.

De ahí, que los historiadores, a modo de cronistas, tengamos un compromiso ético con el pasado glorioso, pero también con el vencido, porque sólo conociendo el drama desde los libros de texto, es posible educar a las nuevas generaciones en la cultura de la defensa y en los valores de la paz, evitando debacles similares con el magisterio que la ciencia de Clío nos ofrece.
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Entre los días 6 y 27 de febrero de hace 80 años, las tierras del Valle del Jarama quedaron asoladas con el empleo de material bélico desconocido hasta ese momento, abriendo fuego entre olivos y dejando en torno a 10.000 bajas entre los republicanos y 8.000 entre los sublevados.

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Cruzado el río Jarama, las tropas nacionales (integradas en la llamada División Reforzada de Madrid, al mando de Luis Orgaz Yoldi, quien formaba parte del Alto Mando de toda la operación junto con los también generales José Enrique Varela y Ricardo Rada Peral) se encontraron con el despliegue de cuatro divisiones al mando del general Miaja (con el apoyo de la XI, XII, XIV y XV Brigadas Internacionales que combatieron en Arganda del Rey y Morata de Tajuña).
Las operaciones en torno al Jarama tenían por objetivo cortar las comunicaciones con Valencia y tomar Alcalá de Henares para pasar luego en una maniobra envolvente a Madrid, tras el fracaso de los combates en la Casa de Campo, en la Ciudad Universitaria y en la Carretera de la Coruña.

Defendiendo el Puente de Arganda

Este episodio, etiquetado como la primera “gran batalla” de la Guerra Civil, marcaría un antes y un después en la Historia militar española, en tanto que constituyó el enfrentamiento pionero en campo abierto de tropas de infantería, caballería, escuadrones de cazas y carros de combate.
Finalizada la Batalla del Jarama, ambos ejércitos empezaron a fortificar sus posiciones con trincheras, puestos de tiro, nidos de ametralladora, campamentos, refugios, polvorines y observatorios. la-batalla-del-jarama-en-biciEso es lo que hoy permite la existencia de un ‘turismo de trinchera’, como el que puede contemplarse en el Cerro del Melero, en Arganda, o en Morata de Tajuña, donde el visitante es capaz de imaginar, gracias a la arqueología, cómo era la vida en el frente en ese Parque Histórico de la Batalla que hoy hermana a 4 municipios, pues a los dos citados hay que sumar Rivas-Vaciamadrid y San Martín de la Vega.

Plano Batalla de GuadalajaraPronto llegaría otro episodio que alcanzaría tintes de epopeya: la Batalla de Guadalajara, acaecida entre el 8 y el 23 de marzo de 1937. Se trató de aquella en la que los ejércitos nacional y republicano lucharon acompañados por sus aliados, Corpo Truppe Volontarie, CTV, y Brigadas Internacionales (donde también iban italianos), respectivamente, así como tanques soviéticos BT-5 y T-26, superiores en blindaje y en artillería a sus rivales, en unas jornadas dotadas de altas dosis de romanticismo y heroísmo, ya que unos luchaban contra el comunismo y otros contra el fascismo, principios etéreos que aunaban conciencias aún sin haber tenido experiencia de ambos.

Soldados nacionales con el palacio de Cogolludo al fondo

Brihuega, Trijueque, Torija…, la Alcarria en suma, se concatenó con la lluvia, la nieve y la niebla en aras de ese intento de supervivencia frente a la ofensiva de las 4 divisiones del Corpo Truppe Volontarie. Hasta el punto de que los aviones de la Legión Cóndor alemana no pudieron intervenir, por estar los campos de Soria (sus improvisados aeródromos) embarrados y sus pistas pavimentadas más cercanas a más de 200 kilómetros, en Zaragoza.

Avance italiano por la N-II con un obús

Italianos del CTV remolcando un obús por la N-II.

Los republicanos pisaban el barro y el agua calaba las trincheras. Los italianos iban perdiendo posiciones, abandonando esas botas que mi Abuelo Ángel recreó en su literatura. Y así, el primer atasco en la Nacional II tuvo lugar en marzo de 1937, cuando los tanques, tanquetas y camiones italianos quedaron varados sobre el firme de esta secular vía de comunicación con Barcelona. El ejército sublevado se retiraría al Frente del Norte. La Batalla de Madrid se daba por concluida en Guadalajara. Pero la Guerra no terminó en latitudes alcarreñas, se extendería todavía durante dos largos años más, si bien los italianos del CTV comprobaron que “Guadalajara no era Abisinia”…

Laura Lara Martínez

Laura Lara Martínez
Doctora en Filosofía. Profesora de Historia Contemporánea.
Udima, Universidad a Distancia de Madrid