Toxic Workers: ¿Qué hacer con un empleado tóxico?

El tema de los empleados tóxicos o ‘Toxic Workers está despertando cada vez más interés en el ámbito académico y en contexto laboral por la repercusión que tiene sobre la rentabilidad empresarial y sobre el clima laboral en general. Se utilizan la denominación de “empleados conflictivos“, “empleados tóxicos” o “empleados zombi“para designar a los empleados que deterioran el clima laboral, que “devoran” la energía emocional o restan la motivación y las actitudes positivas de los demás compañeros. Su influencia en el equipo o en la organización es tan relevante que repercute negativamente en el sistema productivo, con los consiguientes costes que genera. El empleado tóxico es básicamente un trabajador insatisfecho con su equipo, departamento o con la totalidad de las actividades de la empresa. Es capaz de mentir, de manipular la información, o de esconder datos al resto de la organización. En algunos casos, pueden ser personas brillantes, talentosas o competentes, con un buen nivel de cumplimiento de los objetivos de la organización, afables, con un grado elevado de liderazgo. Pero al mismo tiempo presentan comportamientos dañinos para la organización. Por muy talentoso que sea una persona, la mayoría de las organizaciones no aguantan por mucho tiempo a una persona quejica, pesimista, cotilla, beligerante, victimista, agresivo, que no asume su responsabilidad cuando las cosas salen mal (“echar balones fuera”), y cuando todo sale bien, se otorga las medallas. En un estudio realizado por Michael Housman y Dylan Minor (2015) en una muestra de 50.000 trabajadores de 11 empresas diferentes, propusieron algunas características que convierten a una persona en “tóxico” y determinaron que:

1. El empleado tóxico influye negativamente en su entorno ya que desmotiva a los demás y transmite aspectos negativos al grupo.

2. Los trabajadores tóxicos contagian a los demás empleados de su toxicidad, de modo que se reduce la productividad y se incrementa la absentismo, el abandono y la fuga de cerebros más brillantes.

3. Resulta más beneficioso para la empresa deshacerse de los trabajadores tóxicos, ya que suponen un coste adicional a la empresa de 9.000 euros al año aproximadamente.

4. Los departamentos de recursos humanos que toman en serio la problemática de ““toxicidad” en el entorno laboral consiguen mejorar la rentabilidad de la organización y aumentar la felicidad y bienestar de los trabajadores.

¿Cómo detectar que su organización tiene a un empleado tóxico?

No existe un patrón tipo para identificar a los empleados tóxicos: pueden ser personas que demuestren un nivel de incompetencia manifiesta o también pueden ser trabajadores muy competentes y talentosos. Por un lado, tienden a ser personas que generan conflictos innecesarios, se muestran autoritarios, implacables con las carencias de los demás pero incapaz de percibir sus propias limitaciones, además son incapaz de hacer un ejercicio de auto-critica. Les gusta desacreditar a los superiores y a los compañeros de su equipo; en algunos casos, tienen tendencia al síndrome de hibris o hybris (confianza en sí mismo muy exagerada). Normalmente, en las organizaciones se aprecian a las personas que ven las cosas desde diferentes puntos de vista porque aportan creatividad e innovación y “frescura” de las ideas o en el sistema productivo. Pero, en el caso de las personas tóxicas, tienden a presentar percepciones distorsionadas, análisis inmaduros, plantean objetivos inalcanzables, etc.

Es importante poner de manifiesto que el hecho de tener un conflicto con un compañero, de criticar a su jefe NO convierte necesariamente a una persona en empleado tóxico. Es posible que el trabajador esté simplemente tratando de llamar la atención de sus superiores hacia su persona, o hacia sus tareas. Por eso es conveniente estudiar y analizar una determinada conducta en este sentido analizando su génesis, circunstancias y frecuencia, antes de tomar cualquier decisión o poner una etiqueta a alguna conducta. La clave para llegar a identificar a la persona como tal radica en la intención, la frecuencia y las circunstancias en que este comportamiento atípico se manifiesta. Hay que tener en cuenta que una persona tóxica manipula conscientemente el entorno con el objetivo de crear un clima de desconfianza y de mal ambiente para simplemente hacer daño a la organización o a los demás.

¿Cómo actuar ante un empleado tóxico en su organización?

Hay que intervenir desde el primer momento que observa un comportamiento inadecuado o un rendimiento bajo. Es preciso analizar la situación, dar a la persona una nueva oportunidad. Hay que hacer todo lo que esté en nuestra mano para reconducir la conducta “tóxica” del trabajador; se trata de encontrar y preparar al empleado para que sea capaz de hacer la autocrítica; al mismo tiempo, se trata de preparar al resto de los empleados para sepan detectar a algún compañero tóxico y tengan los mecanismos necesarios para evitar las conductas tóxicas, en la medida de lo posible.

No hay que perder de vista que el proceso de reclutamiento & selección es sumamente importante para evitar que entren en la organización personas “tóxicas” e incompetentes. Un proceso de reclutamiento y selección mal llevado o llevado de manera “urgente” permite no solamente que entren personas incompetentes sino también a personas tóxicas. Por lo tanto, resulta crucial llevar adecuadamente el proceso de reclutamiento y selección porque la empresa pierde mucho dinero y tiempo cuando entran personas incompetentes y tóxicas en la organización.

Es importante tener en cuenta algunas recomendaciones claves para afrontar el caso de las personas tóxicas en la organización:

a) Sería recomendable establecer un protocolo par identificar a posibles trabajadores tóxicos, y no hay que frivolizar este tema porque requiere un estudio a fondo de las conductas.

b) Analizar el patrón de conductas que presentan desde el punto de vista de las características individuales y del rendimiento profesional.

c) Intentar remediar el problema, mediante formación, charlas, dinámica de grupos, entrevistas, cambios de puesto de trabajo o de departamentos, etc.

d) Si todas las vías posibles establecidos en el protocolo fracasan, entonces la única salida posible sería el despido. Un empleado tóxico es es un mal ejemplo en la organización. Igual que en el caso de virus, la organización debe tratar de deshacerse de un empleado tóxico cuanto antes para evitar que el daño a la organización se convierta en una situación irreversible.

Referencia

Housman, M. & Minor, D. (2015). Toxic Workers. Harvard Business School: Working Paper, 16-057.

Richard Mababu
Doctor en Psicología. Profesor de Psicología Social (Trabajo y Psicología Organizacional) en la Universidad a Distancia de Madrid.

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