Archivos por Etiqueta: escuelas

Inclusión educativa y formación del profesorado

Imagen de Coffee Bean en Pixabay.

Según Echeita, Simón, López y Urbina (2013), la educación escolar, en particular la que se considera básica y obligatoria para todo el alumnado, cumple tres funciones sociales relevantes:

– Persigue influir en el aprendizaje de las competencias que se estima serán necesarias para el buen desempeño personal y social de los futuros ciudadanos en un mundo que, ciertamente, no siempre es fácil anticipar cómo será.

– No puede ni debe dejar de mirar hacia atrás, ayudando a que esos mismos futuros ciudadanos reconozcan de dónde vienen, esto es, cuáles son los saberes y valores esenciales de su grupo cultural de referencia que les confiere identidad individual y colectiva, dotándoles de una base segura desde la que, precisamente, proyectarse hacia adelante.

– La escolarización también tiene que ser capaz de dar respuesta a las necesidades y demandas del hoy, del momento y el tiempo que están viviendo los niños, adolescentes y jóvenes actuales.

En este artículo nos centraremos en la primera función, la que nos debe hacer pensar en el proyecto de sociedad que nos gustaría ayudar a construir desde la escuela.

Estamos inmersos bajo el principio de inclusión educativa que llegó en el 2006 con la Ley Orgánica de Educación, hace ya 14 años, pero ¿realmente los docentes están preparados para atender a este principio? ¿Están formados para atender a la diversidad en sus aulas, en el recreo, en las excursiones o las actividades extraescolares? Y lo que es más importante ¿presentan competencias y buenas actitudes para desempeñar con éxito esta inclusión?

Respecto a estas dudas, existen estudios que evalúan actitudes de los maestros hacia las necesidades educativas especiales cuyos hallazgos indican que los maestros valoran positivamente que tengan a su disposición medios y recursos para ofrecer buena atención educativa a la diversidad. Coinciden en que la inclusión es adecuada y creen que es necesaria. En contraposición, prefieren no tener alumnos con discapacidad en sus aulas y añaden que los profesores necesitan formación específica para atender a alumnado con necesidades educativas especiales (Álvarez, Castro, Campo-Mon y Álvarez-Martino, 2005; Pérez-Jorge, 2010 y Hernández, 2015).

El perfil de los maestros exige una formación inicial adecuada que tenga en cuenta la diversidad como principio rector de la educación y de la escuela. Por lo tanto, es necesario que los maestros se formen y pongan en práctica metodologías que respondan a los conocimientos que la investigación proporciona centrados en los procesos de mejora e innovación educativa en los centros educativos y como mejora de atención a la diversidad constituyéndose como uno de los retos más importantes (Echeita, 2012).

La investigación de Chiner (2011) señala que existe una actitud contradictoria mostrada por el profesorado al abordar la inclusión. Los profesores aceptan y son conscientes del beneficio que la inclusión genera en el desarrollo social y cognitivo de los alumnos. Pero se sienten inseguros respecto a la implementación en sus propias aulas, prefiriendo, siempre que sea posible, la presencia de un maestro especialista. Este pensamiento contrasta con los profesionales de la Educación Especial que se muestran mucho más seguros y a favor de la inclusión. Esta investigación concluye que la disparidad observada está relacionada con las actitudes de los maestros, de la formación para atender a la diversidad y con la responsabilidad que esto supone, así como, del tiempo que se emplea en el proceso de enseñanza-aprendizaje con este tipo de alumnado.

Debemos reflexionar si desde las universidades se ofrece una formación en competencias que capacite al futuro docente atender a alumnado con diversidad bajo el principio de inclusión educativa. Tenemos que dotar al docente en herramientas que le permita transformar su idea preconcebida del aula ideal con alumnado que sigue el mismo ritmo de aprendizaje ya que esto no es así, no es la realidad. Solo hay que acudir a las escuelas para ver donde reside la pieza clave de la inclusión, la atención a la diversidad. Alumnado con diversas características y necesidades cuyo responsable de atenderlas y ofrecer el mejor proceso de enseñanza-aprendizaje es el docente.

Coronavirus: Los retos de seguir con la “escolarización” en casa.

Imágenes de Gettyimages.

La pandemia de coronavirus ha desembocado en una crisis que afecta a todos los ámbitos. Quiero centrar mi reflexión en el ámbito educativo ya que considero que, como profesora de una universidad online de los grados de Magisterio, maestra y madre, puedo tener una visión amplia de la situación que transitan familias, docentes y niños.

Estos días toda la población se ha visto afectada de manera múltiple por esta crisis sanitaria. La preocupación por la salud propia y de los seres queridos, la incertidumbre sobre la magnitud de la pandemia, el miedo a la crisis económica y social y la tensión política son algunas exigencias emocionales a las que nos hemos visto expuestos. El confinamiento nos ha obligado a estar en casa y ha afectado enormemente al mundo social, laboral y educativo.

Hemos tenido que adaptarnos a la “modalidad online” para mantener contacto con nuestros seres queridos renunciando a los encuentros “cara a cara”. Los trabajadores se han visto obligados a afrontar la presión del teletrabajo, la incertidumbre ante el ERTE, el riesgo para la propia empresa o las cábalas sobre cómo seguir trabajando en una actividad esencial en esta situación. El mundo educativo ha tenido que dar respuesta en pocos días a una situación nueva, seguir con el curso sin la presencia de los estudiantes en las aulas. Es esta nueva realidad educativa la que quiero explorar ¿cómo ha afectado a familias, docentes y niños esta situación?

El cierre de los centros educativos ha supuesto para las familias un reto importante. Los padres, madres y/o tutores legales se han visto obligados en cuestión de días a adaptarse a una situación nueva y demandante. A las tareas habituales del trabajo dentro y fuera del hogar se ha unido la responsabilidad de hacer frente al seguimiento y organización de las tareas escolares de los hijos. Los medios de comunicación han hecho eco de esta situación con titulares como “La pandemia del coronavirus pone a prueba a la familia”.

Inicialmente fue difícil y probablemente muchos nos sentimos abrumados ante esta responsabilidad. Con el tiempo, de una manera u otra, las familias han tenido que establecer ritmos, repartir responsabilidades e involucrar a los hijos en las tareas de la casa. Los expertos han ofrecido orientaciones como turnarse para trabajar, intentar mantenerse positivo y autocontrolarse como claves para llevar a buen puerto la convivencia en el hogar.

Sin embargo, no todas las familias se han encontrado en la misma situación de partida ante el cierre de los centros. Un elemento que ha marcado especialmente la diferencia ha sido la posibilidad de tener dispositivos y conectividad suficiente como para mantener a los hijos en contacto con sus profesores. Uno de los objetivos del sistema educativo debe ser promover la equidad. En este caso, a pesar de las propuestas de reparto de tablets que se han hecho, algunos alumnos de colectivos especialmente vulnerables saldrán perjudicados por el cierre de centros.

Además de para las familias, este cierre de los centros ha supuesto un reto para los docentes. La pregunta es inevitable ¿estaban preparados los docentes para hacer docencia online? Sin duda algunos lo estaban, pero otros tantos no y esta diferencia podía acentuarse según la titularidad o la zona geográfica. Esta crisis ha “sorprendido” a las comunidades educativas. Los profesores han tenido que formarse “exprés” en el uso de las nuevas tecnologías para poder seguir con el curso. Son muchas las propuestas que ha habido para colaborar con esta tarea, la propia UDIMA, por ejemplo, lanzó en abierto un conjunto de tutoriales en el site: #DocentesEnCasa.

A pesar de todo este esfuerzo, la situación requiere más cambios que seguir haciendo lo mismo en la distancia. Adaptarse al aprendizaje de los alumnos en sus casas con cierta autonomía, sin contar con los recursos de los centros, requiere un cambio en la forma de pensar los procesos de enseñanza-aprendizaje. Hay incluso quien dice que deberíamos aprovechar para otras cosas e integrar las oportunidades que nos ofrecen los hogares como plantea Tonnucci cuando dice “No perdamos este precioso tiempo haciendo deberes”.

No se trata quizá de seguir con la escuela en casa sino de trascender el concepto de escolarización y pensar en educación en sentido amplio. La lectura, la escritura, los juegos de lógica, las manualidades, los experimentos, etc. son actividades que pueden realizarse en casa asesorando a los adultos. Muchas de las actividades del hogar (pensar la compra, ayudar en la cocina, ayudar en la limpieza, etc.) tienen un alto interés educativo que se podría también potenciar.  Creo que el reto de organizar los procesos de enseñanza y aprendizaje de nuestros alumnos en casa merecería cierta reflexión y consenso por parte de la comunidad educativa, especialmente ahora que vemos que las situación se alarga. En este proceso pienso que deberíamos intentar desde la escuela ayudar a las familias para que cada hogar tuviera la máxima capacidad educativa posible.

En mi opinión, hay dos cuestiones clave en esta reflexión que tienen que ver con el papel de la escuela como agente de socialización. Considero que durante esta pandemia deberíamos asegurarnos de que no quedan de lado la acción tutorial y la educación emocional. Seguir acompañando el desarrollo personal de cada alumno en colaboración con la familia me parece fundamental en estos momentos y la convivencia y el trabajo relacionado con la gestión de emociones parece más que pertinente. Para ello, organizar sesiones de comunicación sincronizada con niños y con adultos es muy conveniente ya que el tutor sigue siendo un referente para alumnos y familias.

Creo que los niños y niñas merecen este esfuerzo. Ellos se han adaptado a estar confinados en sus casas sin ver familiares, amigos ni profesores. Han tenido que seguir con sus tareas como si nada pasara cuando el contexto no era el mismo y las condiciones en los hogares en cuanto a medios técnicos, disponibilidad de tiempo y tensión emocional no eran las mejores. En muchos medios se ha hablado de los niños como los grandes olvidados en esta pandemia. Pero estamos a tiempo, habrá que mantener el distanciamiento social meses y esto hace necesario que intentemos ofrecer la mejor respuesta educativa.