Un reportaje/entrevista de Soledad Ramírez Mendoza

Su amor por África le vino de forma casual. “Estaba allí y surgió”, comenta, cuando la subdirectora del periódico para el que trabajaba, El Canarias7, le mandó a cubrir la llegada de pateras a Fuerteventura, a finales de los noventa, del pasado siglo. Desde entonces hasta hoy, el periodista José Naranjo Noble (Gran Canaria, 1971), más conocido como Pepe Naranjo, no ha dejado de recorrer el continente africano en busca de respuestas: primero, sobre el fenómeno de la migración, hecho que le llevó a publicar dos libros, Cayucos (2006) y Los invisibles de Kolda (2009); segundo, sobre otros temas variados, desde política hasta sociedad, desarrollo y economía.

Si tuviera que escribir un tercer libro, este sería “sobre todo de África, de su gente, de lo que aprendes aquí, de las dificultades de contarlo”, expresa el periodista residente en Senegal desde 2011. De momento, se centra en sus colaboraciones como freelance para El País y La Provincia- Diario Las Palmas, entre algunos, o para el portal del que es cofundador, GuinGuinBali, galardonado en el 2014 con el Premio Nicolás Salmerón de Comunicación. Está en España hasta el 30 de mayo, impartiendo su segundo taller en La Escuela de Periodismo de El País.

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– ¿Se es poseedor de conocimientos y actitudes especiales para hacer periodismo en África?

– Yo siempre digo que el periodismo es periodismo, lo hagas en Telde o en Guinea Conakry. Es lo mismo, quiero decir, responde a la misma esencia. Responde a la curiosidad, a la necesidad de dar respuesta a una pregunta y, luego, tener el oficio para contarlo, que eso se puede aprender o saber. Hay quien lo hace mejor o peor, pero es un oficio que se aprende. Yo creo que la base es tener la curiosidad y la actitud de preguntarte cosas a ti mismo; de leer, de interesarte por los temas, de abordar los temas con respeto y, por supuesto, contrastando todas las fuentes. Pero no creo que hacer periodismo en África sea muy diferente de hacer periodismo en Telde, Santa Brígida, Europa o Madrid…

– Pero el contexto es diferente…

– Que sí, la respuesta tiene dos partes. Es como el que habla del periodismo de guerra, hay que tener un poco más de cuidado por proteger tu vida, pero luego es contar historias. Sí que es verdad que en África partimos de un gran hándicap: el gran desconocimiento que tenemos de este continente. Eso te obliga a un esfuerzo de documentación previa y a interesarte por los temas. Por ejemplo, con la epidemia del Ébola tienes que saber que Liberia y Sierra Leona han vivido unos conflictos terribles en los años noventa; o que Guinea Conakry ha tenido una dictadura y que ahora hay un proceso democráticamente elegido. Y ese, el gran problema de contar África, para mí, es que normalmente nos quedamos en los estereotipos. Los estereotipos son como flotadores. Cuando hay un naufragio, la gente se agarra a los flotadores. Cuando se habla de África, que es un gran naufragio, la gente se agarra a los estereotipos. Y los estereotipos son fotos fijas que reflejan una realidad incompleta. No te digo que sea una idea falsa, pero no todo es golpe de Estado, hambre, enfermedad y miseria. Hay más cosas. Hay una frase que a mí me encanta y es que cuando llegas a África, te crees que puedes escribir un libro; cuando llevas un mes, dices, “bueno, a lo mejor puedo escribir un reportaje”; y cuando llevas más de un año, como es mi caso, te das cuenta que puedes escribir muy poco, porque realmente no sabemos nada de África. Y yo creo que hay que tener también esa humildad de saber que no sabes.

– ¿Y cómo se mueve para conocerla y cubrir los hechos?

– Yo tengo la base aquí montada, en Senegal, pero me muevo por la región occidental. Ahora acabo de volver de Ghana. El año pasado estuve En Sierra Leona, Liberia, Guinea Conakry, Níger y Burkina Faso. ¿Al principio, cómo me movía? En guagua. Yo he hecho Dakar-Bamako, que son 38 horas, cuatro veces, por ejemplo, y no es nada cómodo viajar así.


 

“En África, la gente tiene una tradición de moverse muy grande. Entonces, hay siempre alternativas para desplazarse.


 

De Sierra Leona a Guinea Conakry fui en un seat plus, que es un taxi colectivo en el que vas amontonado con siete u ocho personas dentro de un coche. No es cómodo, pero es barato, y es lo que está a tu alcance. A medida que he ido mejorando un poco mis condiciones, y ganando un poco más, ya me podía permitir el lujo de coger un avión. También en coche público, pero yo no tengo coche particular. En África, la gente tiene una tradición de moverse muy grande. Entonces, hay siempre alternativas para desplazarse. Lo más coñazo son los visados, que tienes que sacártelo para pasar de un país a otro.

– ¿Trabajar como periodista freelance fue algo opcional o necesidad?

– En mi caso, yo trabajé durante quince años en distintos medios en Canarias. Hubo un momento en el que sentí que no era la vida que quería vivir: estar metido en una redacción sujeto al criterio de jefes que te podían tocar, unos más buenos y otros menos; y, además, haciendo trabajos que no siempre eran los que te apetecía. Y, bueno, decidí hacerme autónomo muy pronto y llevo casi el 70% de mi carrera siendo freelance. Fue una opción personal. Yo lo hice cuando no estaba todavía la crisis y ahora sí que es verdad que hay mucho periodista freelance, motivado también por el tema de la mala situación económica en general en España y en los medios de comunicación en particular. Luego, hay otra realidad. De los periodistas que están cubriendo África en el terreno, creo que el 90%, de los españoles, al menos somos freelance, o sea, es muy difícil que haya alguien de contrato, porque la realidad es la que es. No existen prácticamente corresponsalías para gente de plantilla. Somos freelance que nos buscamos la vida, a salto de mata y en unas condiciones bastantes precarias, porque África es el último rincón informativo de interés. España está volcada en otros focos que pueden ser América Latina, por un tema de vínculos históricos y por lengua compartida; Estados Unidos, como gran potencia; el sureste asiático, como zona emergente; o Europa, como parte de ella que somos; pero, ¿y África, en qué lugar de todo esto queda?

– Cómo sobrevivir y no morir en el intento

– Es muy complicado… Cada uno tiene un modelo. Tengo un amigo que ha apostado por el tema del vídeo, porque lo audiovisual da más dinero que el periodismo escrito en este momento. Hay otros que están mirando a Sudamérica, que acaba de llegar y ahí hay un mercado (periódicos latinoamericanos que no tienen muchos corresponsales en África).


 

“Al final, se trata de no poner todos los huevos en la misma cesta, una estrategia para sobrevivir. Aquí la cuestión es ganarte la confianza. Eso es lo que me dice a mí la experiencia”.


 

En mi caso, ha sido apostar por El País, porque a mí me están dando bastante vidilla, me están comprando muchos temas y El País es un monstruo. Tiene un montón de secciones. Está internet –que lo están desarrollando–, hay blogs, El Dominical, y ahí tengo muchas posibilidades de hacer cosas. Pero también hago cosas para La Cadena Ser, La Provincia, Mundo Negro, El Instituto de Estudios Estratégicos… Al final, se trata de no poner todos los huevos en la misma cesta, una estrategia para sobrevivir. Aquí la cuestión es ganarte la confianza. Eso es lo que me dice a mí la experiencia. Llevo cuatro años viviendo en África y el primer año y medio fue terrible. Recuerdo meses que ganaba solo lo servido y al principio fue duro, pero era mi apuesta. Yo decidí venir y tiré ‘palante’. Entiendo que para mucha gente sea muy difícil.

– ¿Y cómo es esto de cobrar por tarifa?

– Esto es un proceso de negociación permanente. No hay nada preestablecido. Puede ser que tu propongas o que te pidan. Si tu propones, le dices a un medio de comunicación que tienes un tema. Ellos dicen que te pagan tanto o tú dices que quieres cobrar tanto, o negocias los gastos de billete y alojamiento. Depende, es muy relativo. A mí me pagan por artículo publicado. Por ejemplo, el otro día con una revista médica. Pues, como yo cubrí lo del ébola les dije que si les interesaba. Me dijeron que sí. Pregunté “¿cuánto me pueden pagar?” Tanto. “Me parece poco”, les dije. Les hice una contrapropuesta y la aceptaron. Esto es libre mercado. Es verdad que cuando llevas un tiempo con un medio más o menos estable, pues ya vas adquiriendo un cierto nivel, lo que te decía de la confianza. Lo que sí te digo, en líneas generales, que se está pagando muy poco.

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– ¿Las tecnologías en la información y comunicación (TIC) han ayudado?

– Hoy no se concibe el periodismo sin el uso de las tecnologías. Usan mucho la tecnología aquí también, aunque no igual en todas las zonas. En determinadas partes es muy difícil. Por ejemplo, cuando estás haciendo la cobertura en el norte de Mali. Estamos hablando de países donde la electricidad falla permanentemente. Para recargar un móvil, el ordenador o mandar un correo, a veces tienes problemas.

– ¿Y a los cambios internos del continente?

Hay amenazas nuevas, como el yihadismo y el fenómeno de Boko Haram, pero también hay democracias sólidas, como la de Ghana o Senegal; y también hay sociedades civiles muy bien organizadas, con movimientos ciudadanos capaces de salir a la calle para defender la democracia o para tumbar a presidentes como en Burkina Faso. Entonces, el panorama en general, hay que verlo con un cierto optimismo y pensar que con este acceso a las nuevas tecnologías, cada vez más creciente, la gente está mejor informada.

– De la cobertura de los últimos acontecimientos en África –brote del ébola, manifestaciones juveniles, ataques terroristas del grupo Boko Haram…–, ¿ha sentido que su vida peligraba?

– No sé si mi vida peligraba, pero sí que hubo dos ocasiones en que sentí miedo, ambas en la guerra de Malí. La primera fue una noche que me tocó dormir en una zona que acababa de ser ocupada por los yihadistas y no era del todo segura; la segunda, durante un ataque terrorista a la ciudad de Gao, en el que me vi sin quererlo demasiado cerca del intercambio de disparos. Durante el ébola, no sentí peligro, pero sí había que estar con los sentidos bien alerta en determinadas zonas, como hospitales o entrevistando a pacientes.

– ¿Medidas especiales para reducir riesgos?

– Sentido común y saber hasta doónde puedes llegar. Creo que son las mejores medidas.

– El Informe de Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2014 señala a Oriente Medio y África del norte como las zonas con menor respeto a las libertades. ¿Qué protección tiene el periodista en este aspecto?

– Les preocupa mucho la imagen exterior que se dé del país, porque de esa imagen dependen acuerdos, intervenciones militares extranjeras, etc. En este sentido, yo creo que el periodista local está menos protegido que nosotros los españoles. Si a mí me secuestran o me retienen, la repercusión internacional es mucho mayor que si fuera un africano. Entonces, nosotros estamos mucho más protegidos por la opinión pública que los locales.

– La mujer periodista en el continente, ¿cómo se percibe?

– Bueno, hay muchas mujeres periodistas aquí, ¿eh? Yo tengo muchas amigas periodistas y muchas comprometidas políticamente a un alto nivel. En realidad, esta es una profesión que no hace una gran diferencia entre hombres y mujeres. Creo que hay un equilibrio bastante grande. He estado con periodistas en zonas de conflicto y en absoluto se puede decir que no lleguen hasta donde no tienen que llegar. Yo no percibo una gran diferencia, ni en número ni en calidad.

– ¿Impacto o impresiones sobre sus primeros días cubriendo noticias?

– Bueno, yo vengo visitando África con cierta asiduidad desde hace más de diez años. Y es un continente que está tan cerca, sobre todo de Canarias, pero a la vez tan lejos en muchos sentidos. Es una realidad tan diferente… África es muy, cómo te diría… Es como muy cruda. Es muy para lo bueno y para lo malo. La gente tiene una alegría, hospitalidad y generosidad muchas veces que sorprende, pero a la vez es muy dura… Viven la muerte de otra manera. Quizás, están más acostumbrados.


 

“La gente tiene una alegría, hospitalidad y generosidad muchas veces que sorprende, pero a la vez es muy dura… Viven la muerte de otra manera. Quizás, están más acostumbrados”.


 

Por ejemplo, una de las cosas que más me impresionó fue en Níger. Estaba haciendo un reportaje con un compañero fotógrafo, Alfredo Cáliz, sobre la malnutrición en un hospital. Él estaba haciendo fotos y yo hablando con los médicos y las madres. De repente, había una criatura allí, y Alfredo haciéndole fotos, y a los pocos minutos muere… Me acuerdo salir del hospital, sentarme y decir: “¿Qué coño estoy haciendo yo aquí?” Me planteaba cosas como “aquí la gente está entre la vida y la muerte y yo estoy aquí revoloteando, haciendo preguntas, estúpidas la mayoría de ellas, y sacando fotos… Me sentí muy mal y estuve varios días muy tocado con eso. Sin embargo, hablabas con la madre y te decía “Pues tendremos más, si Dios los trae”. El tema del ébola también fue una situación complicada, por el tema personal, por dónde te metías y no… Y luego, la guerra de Mali. El tema de los bombardeos, ataques, la población… Pero la que más me ha impactado es la que te acabo de contar.

– A principios de agosto de 2014, el Hospital Carlos III de Madrid trataba el primer caso de ébola en España. ¿Qué opinión tiene sobre el trato informativo que los medios dieron en aquel momento?

– Bueno, yo estuve en Guinea Conakry, donde comenzó la epidemia en el mes de abril. En ese momento, prácticamente nadie hablaba de ébola y me pareció un poco escandaloso el hecho de que en África hubiera cientos de muertos y que la atención solamente se puso cuando se contagiaron occidentales. Y luego, con el primer contagio de la enfermera en España, creo que hubo un alarmismo excesivo por parte de los medios de comunicación y de la sociedad española en general; porque estábamos en África con unas cifras de mil muertos por semana y en España un caso generó un pánico que yo flipé en colores. Creo que se equivocó el gobierno en la estrategia de comunicación y los medios. Tenían que haber informado, porque en realidad el ébola es una enfermedad muy poco contagiosa, aunque parezca lo contrario.

– ¿En este aspecto, cree que ha mejorado con el tema de la inmigración?

– Yo creo que sí, que ha habido un cambio. A mí me tocó vivir el final de la década de los noventa y recuerdo que había un discurso terrible con el tema de la inmigración. Estaba, además, metido de lleno en el debate político, se hablaba de “invasión” permanentemente y los propios periodistas, yo creo que cometimos muchos errores, y me meto en el saco, incluso de léxico e interpretación del fenómeno, que al final es un fenómeno absolutamente natural. Ha evolucionado aunque, desgraciadamente, todavía seguimos viendo algunas barbaridades. Parece haber muy pocos porqué y mucho alarmismo. Ejemplo, a través de expresiones del tipo “asalto a las vallas”, “la mafia de la inmigración”…

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– ¿Claves para informar sobre estos asuntos?

– Primero, documentarse bien y saber poner en contexto una situación. Segundo, respeto a la dignidad de la gente. Recuerdo dos ejemplos: a Miguel Pajares, que en un artículo de prensa lo llamaban cura cobarde porque decidió que lo repatriaran a España. Un tipo que había dado su vida y, de repente, lo acusaron de todo, de haber traído el ébola a España. Y luego, la foto de la enfermera Teresa Romero, ella en la sala del hospital. Me parece una falta de respeto a la dignidad de la gente. Informar y poner en contexto la situación. Con la que estaba cayendo en África… la clave es documentarte y saber lo que es realmente el ébola.

– Se licenció en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. ¿Siempre tuvo claro su vocación de periodista?

– Bueno, me acuerdo que cuando tenía diez o doce años me gustaba mucho leer, una afición que he mantenido hasta ahora, y mi madre siempre era una persona que nos contaba a mí y a mis hermanos muchas historias de pequeños. Ella siempre decía: “Ven que te voy a decir un cuento”, y yo le cogí como mucho gusto a eso de la narración, a lo de los ritmos. Leía cuentos de Los Cinco, Sandokán… literatura infantil. Luego descubrí pronto a autores, porque mis hermanos son mayores y a ellos les mandaban en el instituto libros de Edgar Allan Poe, Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca. Yo ya les robaba los libros y me ponía a leer. Recuerdo que Allan Poe, por ejemplo, me marcó mucho. De repente, empecé a escribir un poco bien, porque mi profesora de Lengua en el ‘cole’ me acuerdo que me dijo: “Joder, qué bien escribes y tal”. Claro, yo lo que estaba haciendo era copiar las cosas que leía, pero me puso de cuidador en la biblioteca. Entonces, más leía. Aprovechaba los ratos en la biblioteca que estaba ordenando libros y me escondía de la profesora para leer. Tenía como mucha pasión con lo de las historias, pero yo lo que siempre he querido ser es escritor y contar historias. Y, bueno, una cosa fue llevando a la otra y me siento muy cómodo en el oficio de periodista, porque en realidad me gusta contar historias.

– ¿Más en la escritura que en la narración auditiva?

Sin duda. He hecho alguna incursión en la radio –que me gusta– y en la tele –que me gusta menos–, pero yo estoy muy unido al tema de escribir. Ahora, por ejemplo con esto de las nuevas tendencias en el periodismo, que nos piden que seamos hombres orquestas, que hagamos fotos, que hagamos vídeo, que locutemos, que minutemos los vídeos, que hagamos de todo, ¿no? Yo no me siento cómodo. Yo soy de los de la libreta, el boli y escribir.

– El interés por la migración, ¿de dónde le vino?

– En realidad, fue una cuestión de la circunstancia. Trabajaba en Canarias a finales de los años noventa. Estuve en varios periódicos: La Gaceta de Las Palmas, que ya no existe, Canarias7 y, luego, La Provincia. Me tocó en el Canarias7. Recuerdo que empezaron a llegar las primeras pateras a Fuerteventura y Lanzarote, y la subdirectora, que estaba entonces en el Canarias7, me dijo: “Oye, que quiero que vayas tú a cubrir este tema de las pateras a Fuerteventura”. Fui una semana y, de repente, me di cuenta que estábamos ante un tema que reunía un montón de elementos definitorios del tiempo que vivimos: el injusto reparto de la riqueza, la división en el mundo, un problema social muy gordo, el miedo de la población hacia lo desconocido, el tema de África, que desde Canarias vengo defendiendo que tenemos que interesarnos mucho más por lo que pasa en este continente, por una cuestión de proximidad y vecindad.


 

“Fue, entonces, casualidad. Lo que sí es verdad es que, desde muy pronto, para contar esta historia era necesario viajar a África. O sea, no nos podíamos limitar a contar la mitad del cuento”.


 

Fue, entonces, casualidad. Lo que sí es verdad es que, desde muy pronto, para contar esta historia era necesario viajar a África. O sea, no nos podíamos limitar a contar la mitad del cuento. Mi madre nunca lo hubiera permitido. Los cuentos se cuentan desde el principio y este cuento no se puede entender, si no se da respuesta a la pregunta del por qué. Esto es muy de periodista: ¿por qué hay toda una generación de jóvenes fascinados con la idea de venir a Europa? Bueno, la respuesta era la guerra, el hambre, la miseria, pero eso es una respuesta fácil que se apoya en estereotipos. Lo que había que hacer –no solo yo, sino también otra serie de periodistas– era venir a África y tratar de responder a esa pregunta. Y así fue cómo yo empecé con el tema de la inmigración.

– Sus dos libros, Los Cayucos (2006) y Los invisibles de Kolda (2009), tratan precisamente del fenómeno de la migración de África durante su viaje y estancia en el continente, ¿habrá un tercer libro, a propósito de este tema? …

– La inmigración africana hacia España fue algo que me ocupó de manera muy intensa durante muchos años. Sin haberla dejado de lado, ahora mismo estoy en otros temas. Si hay un tercer libro no creo que sea específicamente sobre inmigración, aunque es un fenómeno que me sigue interesando mucho.

– ¿De qué otro asunto le gustaría escribir, si así fuera?

– Me gustaría hablar de Periodismo y de África, pero sobre todo de África. De su gente, de lo que aprendes aquí, de las dificultades de contarlo.

– En los últimos años de crisis, revistas y diarios han tenido que echar el cierre a sus ediciones. GuinGuinBali sigue en activo tras cinco años de trayectoria, además de un Premio Nicolás Salmerón de Comunicación 2014. ¿Dónde cree que está el secreto?

– En la perseverancia de los que lo siguen haciendo posible, en su capacidad de adaptarse y de resistir, en no bajar los brazos, incluso en los peores momentos, y en el altruismo de quienes, sin ganar un euro, siguen apostando por este proyecto.

– La reciente revista Contexto (Ctxt), de la que ha sido colaborador de los talleres formativos, arrancó en diciembre de 2014 con claros objetivos. Uno de ellos, ofrecer al lector información independiente, plural y crítica. ¿En España, y a este respecto, todavía hay mucho que combatir?

– No creo que esa pelea se acabe nunca. Hay que estar siempre vigilantes y sobre todo en periodos de crisis económica como esta las servidumbres se acentúan.

– ¿Cómo?

– Pues, apostando por un periodismo sosegado, de contar bien las cosas, de investigar, de acudir al lugar de los hechos.

– Se estrenó en la revista con el taller África desde allí, ¿cuál será el siguiente?

– De momento, no tengo previsto más talleres con Ctxt.

– ¿Otros proyectos de futuro ?

– La idea es mantener las colaboraciones que tengo ahora e impartir un taller sobre Periodismo y África en la Escuela de Periodismo de El País en mayo o junio, que sería el segundo, pues di uno en enero de este año. Luego, lo que surja.

– ¿Para cuándo por Canarias y a qué? ¿Agenda pública 2015 en España?

– Por Canarias suelo pasar a ver a mi familia. Y no tengo mucha planificación para 2015, voy decidiendo mes a mes.

– Como broche de oro al cierre, ¿algún titular del que le gustaría ser autor en la actualidad informativa del continente?

– Titular no sé, pero me gustaría poder contar la caída de viejos tiranos que aún quedan en África, sobre todo la de Teodoro Obiang.