Es habitual el recorrido geográfico por España y el mundo mediante los hechos luctuosos que ocurren en sus pueblos; vamos, que ponemos en el mapa poblaciones apenas mencionadas cuando, como en Pioz (Guadalajara), se tiene noticia de un crimen. Entonces, una vez más, nos espeluznan el sadismo e indiferencia con que un individuo anodino y joven perpetra las muertes de sus dos primos muy pequeños, su tía y su tío. Y una vez más, sobre todo alrededor del juicio oral al asesino confeso, expertos, técnicos o incluso opinadores mediáticos, vuelven a debatir si el psicópata es un enfermo mental, si se nace psicópata, si se desarrolla en sociedad o si es posible su reeducación institucional.
De antiguo se ha considerado de ley que los individuos afectos de enfermedad mental fueran juzgados con la comprensión de que sus actos estaban viciados por tal enfermedad. Sin embargo, ha habido un consenso internacional en el último siglo por el que el llamado psicópata, asocial, individuo con anestesia moral… no es enfermo mental y por tanto se juzga con toda la contundencia legal. A nivel diagnóstico, el psicópata se caracteriza fundamentalmente porque, sin merma de inteligencia, conoce la diferencia entre el bien y el mal pero actúa según su capricho al margen de cuales sean las consecuencias; le importan poco los sentimientos de los demás (aunque puede por ejemplo “darte el pésame por quedar bien o por cortesía”), carece de empatía y puede ser muy manipulador. Son los abusones de “libro” contra animales, niños, ancianos, etc. sobre todo porque disfrutan ejerciendo el control absoluto sintiéndose a sí mismos como cargados de buenas cualidades: guapos, listos, estupendos… Todo esto, junto a la falta de responsabilidad, puede ser desencadenante de hechos delictivos ante los cuales no va a admitir error ni escarmentar. Por supuesto, no todos los psicópatas se convierten en delincuentes ni lo hacen con la violencia del crimen de Pioz.
El asesino de Pioz ha sido examinado exhaustivamente y cumple todos los requisitos del psicópata:
sus gestos delictivos ya se dan en la infancia con alteraciones precoces de conducta y de consumo de tóxicos. En el colegio se levantó del pupitre y asestó dos puñaladas frías y certeras a su profesor… Ha tenido una vida sexual promiscua y marginal y la mentira o fabulación es parte de su discurso.
presenta un severo narcisismo, preocupado por su aspecto (que propaga en las redes) seguro de sí mismo, y no se considera “mala persona” delatando una ausencia de remordimiento, de hecho, llega a comentar el crimen con un amigo como el que ha conseguido un reto vital o una marca en un video juego.
Carece de sentimientos, agradecimiento, angustia o deseo de la felicidad de los demás (“Mi tío es un hijo de puta” dijo a unos amigos)
Es propenso al aburrimiento por lo que ha cambiado de actividades de modo constante, lo que le ha llevado a repetidos fracasos en sus tareas, carente de metas sólidas. Su indiferencia le lleva a no “lamentarlo” como fracasos y desde luego, a carecer de planes de futuro. Y con un estilo de vida parásito y egoísta.
Se considera irresponsable y no controla su conducta, actuando de modo “espontáneo” sin examinar los pros y contras de sus actos, con falta de planificación pero con sentimiento de poder y autoridad.
Los expertos le han descrito como suspicaz, airado, resentido, reservado, con elevada inteligencia (coeficiente intelectual de 116), egocéntrico e insensible. Y por tanto, Patrick Nogueira Gouveia “no presenta patología psiquiátrica que pueda modificar su capacidad para conocer y querer”
No toda enfermedad justifica un delito y no todos los enfermos llegan a delinquir pero el legislador quiere ser cuidadoso a la hora de juzgar, no sea que el delincuente lo sea a consecuencia directa de su enfermedad (como el individuo paranoide que se ve obligado a matar a su esposa porque ve en ella el diablo…). Como decimos, hasta ahora el psicópata ha sido excluido del concepto de enfermedad y por tanto se considera totalmente responsable de sus actos, pero en los últimos años, algunos estudios científicos apuntan a que habría aspectos diagnosticables en el psicópata y por tanto, un cierto rasgo patológico. Ya se conocía una heredabilidad genética de alrededor del 30% en las conductas antisociales, la asociación de violencia con el cromosoma Y ò con la mutación del gen MAO-A. Los últimos estudios intentan concordar la psicopatía con alteraciones neuroanatómicas en el cerebro, alteraciones neuroquímicas (por ejemplo de los niveles de serotonina o dopamina), alteraciones neuroendocrinas (testosterona) o alteraciones psicofisiológicas. Ello podría responder, con el tiempo, si los psicópatas “nacen o se hacen”. Y esto es lo que ha argumentado la defensa de Nogueira.
Pero hoy por hoy, los estudios científicos no permiten modificar la responsabilidad penal de los psicópatas. No tienen tratamiento farmacológico ni reeducador. Y por eso, el asesino confeso de Pioz, tendrá una larga estancia penitenciaria….

Julia María Fernández

Doctora en Medicina y Cirugía, Especialista en Medicina Legal. Profesora en UDIMA, Universidad a Distancia de Madrid.

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