El último barómetro del Real Instituto Elcano de Estudios Estratégicos muestra estos días que, en términos de política exterior, combatir el terrorismo islamista es una cuestión prioritaria para los españoles. De acuerdo a sus resultados, el 87% de la muestra considera que el así llamado “Estado Islámico” es una amenaza importante o muy importante para la seguridad española. Mientras, la ayuda al desarrollo es percibida como una cuestión de menor importancia para la política exterior española.

El miedo social al terrorismo no es nuevo, pues se ha convertido en una cuestión de gran resonancia en los últimos quince años. Tampoco es nuevo que las instituciones y diversos Think Tanks pregunten e indaguen sobre ello. El terrorismo, el contra-terrorismo y seguridad han pasado a ser, en la última década, cuestiones prioritarias en las agendas políticas internacionales y domésticas. Pero además, constituye un tema de preocupación para la opinión pública, tanto en España como en el ámbito europeo. El Eurobarómetro especial (432) sobre actitudes de la ciudadanía europea en relación con la seguridad muestra asimismo una preocupación creciente sobre el terrorismo y el extremismo religioso -sin duda atravesada por el impacto de los atentados en París el pasado mes de Enero. Aproximadamente la mitad de los entrevistados -un tercio en un barómetro similar de 2011- ven el terrorismo como un desafío importante al a seguridad de los ciudadanos europeos. También hay indicadores que vinculan dichas amenazas con las ideologías extremistas. Dos tercios de los entrevistados piensan que el desafío del terrorismo puede empeorar en los próximos tres años, mientras que el porcentaje de entrevistados que piensa que se reducirá está sólo en el 10%.

En el campo de la investigación, el interés por el estudio del terrorismo – y en general la seguridad- ha pasado a ser uno de los más prolíficos y con mayor financiación. Por esta razón, conocer cómo se produce el conocimiento sobre dichos fenómenos y los efectos que ello tiene en las políticas públicas, es una tarea no sólo atractiva, sino urgente desde el punto de vista académico y socio-político.

A principios de Junio, gracias al respaldo de mi universidad, tuve la ocasión de asistir a una conferencia interdisciplinar sobre conflicto, amenaza y seguridad. Estuvo promovida por el Institute For Policy Research de la Universidad de Bath (Reino Unido). La conferencia reunió algo más de 100 asistentes de muy diversos ámbitos académicos (Ciencia Política, Relaciones Internacionales, Criminología, Estudios de Paz y Conflicto, Sociología, Antropología) y de diferentes países y universidades, fundamentalmente del mundo anglosajón.

Además de su carácter interdisciplinar, uno de los objetivos de esta conferencia era reunir tanto académicos como profesionales de la política y activistas de los derechos civiles y de los movimientos sociales. Se buscó también la difusión de contenidos y debates a través de las redes sociales y se preparó una sesión pública en un centro comunitari bajo el título “Challenges of the War on Terror: islamofobia, civil liberties and academic freedom“. Una reunión que tuvo gran interés socio-político al abrir el debate al público y buscar los ecos de nuestras discusiones teóricas y empíricas, en interacción con las percepciones y experiencias de los ciudadanos/as.

La conferencia –Understanding Conflict: Research, ideas and responses to security threats- estuvo organizada en torno a la temática de la Guerra contra el Terror y algunos temas asociados que se vienen produciendo tanto a nivel global como en el ámbito doméstico de los Estados: en concreto, la Islamofobia, la erosión de las libertades civiles y los desafíos que enfrenta la libertad académica.

La Guerra contra el Terror puede entenderse como el conjunto de campañas antiterroristas iniciadas después del 11 de septiembre de 2011 por los Estados Unidos y países aliados -incluyendo España bajo la presidencia de J. M. Aznar- contra organizaciones y Estados considerados terroristas. En concreto contra Afganistán (Operación Libertad Duradera, 2001), Irak (2003) y, más recientemente, contra la organización auto denominada Estado Islámico (2014). Mucho se ha escrito sobre la dinámica y los efectos de esta guerra, por lo que no desarrollaré este punto aquí. Pero sí es necesario subrayar que la Guerra contra el Terror es mucho más que las campañas en Oriente Medio. Se trata de un contexto, a la vez global y local, que comporta nuevas narrativas (Jackson, 2005; Aldis y Herd, 2007), diagnósticos y soluciones con relación al terrorismo y nuevos y sofisticados diseños institucionales, legislaciones, programas e iniciativas antiterroristas. Es global porque se produce en el ámbito de la política internacional y es local porque tiene resonancia en los contextos domésticos con distintas características. En el marco de la mencionada conferencia se examinaron algunos fenómenos que se vienen produciendo bajo el signo de la Guerra contra el Terror. Fenómenos que ocurren en regiones en conflicto pero también en los contextos domésticos de los Estados occidentales. Como he mencionado, tres fueron los temas que centraron los debates: el auge de la islamofobia como discurso y como práctica, los desafíos a las libertades civiles como principal efecto de las políticas antiterroristas y las cuestiones de ética, financiación y condiciones bajo las que se produce el conocimiento sobre la violencia y el terrorismo.

1. Con respecto a la Islamofobia, es importante decir que siendo la conferencia organizada y nutrida, principalmente, por académicos del mundo anglosajón, esta cuestión cobró gran relevancia, pues es son los EEUU, el Reino Unido y Australia tres de los países que están desarrollando las políticas contra-terroristas y contra-radicalización más firmes en relación con la vigilancia y el control de las comunidades musulmanas (Sayid, 2003; Exposito and Kahlin, 2011) . No es algo de los últimos años, pues distintos procesos de pánico moral – de construcción mediática de grupos sociales como enemigos- (Cohen, 2002) vienen produciéndose desde los mismos inicios de la Guerra contra el Terror (Welch, 2006; Poynting, 2007). En el momento presente, la así llamada agenda “Prevent” (el conjunto de medidas asociadas al Plan británico de prevención de la radicalización y el extremismo) y su impacto sobre la comunidad musulmana -principalmente jóvenes- en el Reino Unido, están en el centro del debate político y académico (Quereshi, 2015).

2. En segundo lugar la erosión de las libertades civiles y su condicionamiento al mantenimiento de la seguridad viene consolidándose como tendencia en todos los países de nuestro entorno. Ya sea por la vía de la legislación excepcional u ordinaria, todos los países occidentales -y con características diferentes los de distintas regiones del sistema-mundo- vienen modificando, incluyendo el nuestro (desde las múltiples reformas del Código Penal, la Ley Orgánica de los Partidos Políticos (2002), hasta la novísima Ley 4/2015 de Protección de la Seguridad Ciudadana) la regulación de los delitos de terrorismo y de manera elástica los relativos a radicalización y extremismo.

3. Con respecto a la libertad académica y al modo en que se produce el conocimiento experto sobre el que se construyen las políticas antiterroristas, esta conferencia lanzó un amplio conjunto de trabajos empíricos que ayudan a comprender diferentes ángulos del problema. En primer lugar, hay un esfuerzo creciente desde distintos campos de las ciencias sociales, por cuestionar la validez empírica del conocimiento dominante sobre el terrorismo (Jackson, 2012, ). Las condiciones de financiación y producción en las que se generan buena parte de los estudios contemporáneos sobre terrorismo (Miller and Mills, 2009) o las limitaciones metodológicas y de validez de muchos de estos estudios (Stampnitzky, 2011). Un texto de gran interés para comprender, por ejemplo, el recorrido de los estudios sobre radicalización y su relación con narrativas dominantes es el trabajo del profesor de la NYU Arun Kundnani. Más allá de las validez o las críticas epistemológicas que puedan hacerse sobre el modo en que producimos nuestros trabajos en relación con la seguridad y la violencia, esta misma semana anuncia el periódico británico The Guardian que las Universidades y otras instituciones de la sociedad civil tendrán el deber de colaborar en la prevención de la radicalización y el extremismo violento y no violento (algo extremadamente difícil de determinar) . Si ya es difícil para determinados campos – como las ciencias sociales – sobrevivir con dignidad e independencia a las lógicas mercantiles que atraviesan la institución académica, no digamos cómo puede verse afectada nuestra tarea cotidiana si somos empujados también, a velar por los riesgos de radicalización de nuestros estudiantes y compañeros.

Se trata, en fin, de tres cuestiones que están dando forma a nuestras sociedades ante los desafíos del presente; que no pueden ser interpretados sin mirar al pasado y que, sin duda, dibujan un escenario futuro que sólo podemos comprender a través de la cooperación desde distintos campos de conocimiento. La Academia es una institución disciplinante (Neoucleous, 2011). En el proceso de establecer barreras por objetos de estudio y ámbitos de especialización, perdemos miradas sobre nuestros objetos que pueden ser esenciales y que sin duda, limitan el potencial crítico del conocimiento. Lo que historiadoras, antropólogas, criminólogas o juristas tienen que decir sobre la violencia y la seguridad contemporáneas, arroja mucha luz a quienes la analizamos desde el punto de vista socio-político o internacional. Pero, además, en el examen de la violencia contemporánea no podemos perder de vista la interacción entre lógicas globales y locales y tratar de conocer en qué medida procesos globales tienen impactos específicos en contextos específicos. Si las políticas contra terroristas/contra-extremistas en el Reino Unido están teniendo en la Islamofobia una de sus principales consecuencias – y esto claramente está vinculado al propio contexto socio-político y a su legado colonial, habría que examinar en qué medida en el caso español sus efectos tienen más que ver con el control y la despolitización del conflicto social y tratar, a su vez, de comprender dónde se hunden sus raíces. Pero también, hacia dónde se dirigen las incipientes estrategias para la prevención de la radicalización y el extremismo violento en nuestro país.

Una conferencia altamente estimulante desde el punto de vista intelectual y un desafío en el plano profesional.

Referencias:

Aldis, A y Herdis, G.P (2007). The ideological War on Terror: worlwide strategies to counter.-terrorism. London: Routledge.

Cohen, S (2002). Folks `s devils and Moral Panics: The Creation of the Mods and Rockers. London: Routledge

Esposito,J. L and Kalin, I. (2011). Islamophobia: The Challenge of Pluralism in the 21st Century. NY: Oxford University Press

Jackson, R. (2005). Writing the War on Terror: Language, Politics and Counter-terrorism. Manchester University Press.

Jackson, R. (2012): “Unknown knowns: the subjugated knowledge of terrorism studies”, Critical Studies of Terrorism 5 (1): 11-29

Miller, D and Mills, T (2009). The terror experts and the mainstream media: the expert nexus and its dominance in the news media. Critical Studies on Terrorism, 2 (3)414-437

Neoucleous, M. (2011). “A brighter and Nicer New Life”: Security as Pacification. Social and Legal Studies, 20 (2): 191-208.

Poynting, S. (2007). “The resistible rise of Islamophobia Anti-Muslim racism in the UK and Australia before 11 September 2001”. Journal of Sociology, 43 (1) 61-86

Qureshi, A (2015). Prevent: creating “radicals” to strenthen anti-muslim narratives. Critical Studies on Terrorism. 8, (1), 181-191

Sayyid, Salman (2003). A Fundamental Fear: Eurocentrism and the Emergence of Islamism. London: Zed Books.

Stampnitzky,L (2011): “Disciplining an Unruly Field: Terrorism Experts and Theories of Scientific/Intellectual Production”. Qualitative Sociology 34 (1)1: 1-19

Welch, M (2006): Scapegoats of September 11th: Hate Crimes & State Crimes in the War on Terror. New Brunswick, NJ: Rutgers University Press.