Banca y Responsabilidad Social Corporativa

En estos días, la campaña de publicidad de Bankia nos informa de que están mirando hacia atrás y haciendo balance. Nos dicen los comunicadores de la institución financiera que se equivocaron: “Dimos créditos que no hemos podido recuperar. Hicimos inversiones que no han salido como esperábamos” Aunque esta información ya la teníamos, es destacable que lo reconozcan abiertamente, si bien sólo moderadamente meritorio.

Las ayudas públicas que recibió este banco too big to fail ascendieron a casi 18.000 millones de euros, como todos sabemos salidos del bolsillo de los contribuyentes. Prometen empezar por los Principios, esto es, los Valores, en un ejercicio de responsabilidad propio de los parámetros en los que se mueve la emergente Responsabilidad Social Corporativa (RSC)

No obstante, por si esos principios de nuevo hacen agua y otra vez, dentro de 10, 15 o 20 años, toca sociabilizar las pérdidas, sería muy conveniente que el marco de excesiva protección pública del que el sistema bancario viene disfrutando desde hace cientos de años (no el español únicamente, sino la práctica totalidad de la banca en los países desarrollados) fuese modificado, y no dejado al albur de los principios de autogestión propios de la RSC.

En este sentido, la mayor exigencia de Basilea, la separación de negocios tan diferentes como la banca comercial y la de inversión, la limitación del tamaño de los bancos por la administración norteamericana, o que accionistas y acreedores sean los que se hagan cargo de las quiebras de los bancos, y no el conjunto de la sociedad, para 2018, son movimientos en la buena dirección.

Los bancos nacieron como custodios de nuestro dinero y como intermediarios entre ahorradores y prestatarios. Así de simple. No eran propietarios de empresas ni industrias, ni jugadores de bolsa, ni financieros de lo público, propensos a la condonación de las deudas. Cuanto más se acerque el sistema bancario al modelo sencillo de préstamo y custodia, menos tendrán que volver sus bancos a los Principios. Los demás nos ahorraremos casi 20.000 millones.

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