{"id":639,"date":"2014-01-28T00:42:06","date_gmt":"2014-01-27T18:42:06","guid":{"rendered":"http:\/\/psicologiaudima.com\/?p=639"},"modified":"2016-02-02T16:11:28","modified_gmt":"2016-02-02T16:11:28","slug":"cuatro-pensamientos-implicados-en-el-miedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.udima.es\/psicologia\/cuatro-pensamientos-implicados-en-el-miedo\/","title":{"rendered":"Cuatro pensamientos implicados en el miedo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><a href=\"https:\/\/blogs.udima.es\/psicologia\/wp-content\/uploads\/Fear-Graffiti-Flickr.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-647 alignright\" alt=\"Fear-Graffiti Flickr\" src=\"https:\/\/blogs.udima.es\/psicologia\/wp-content\/uploads\/Fear-Graffiti-Flickr-300x160.jpg\" width=\"384\" height=\"205\" srcset=\"https:\/\/blogs.udima.es\/psicologia\/wp-content\/uploads\/Fear-Graffiti-Flickr-300x160.jpg 300w, https:\/\/blogs.udima.es\/psicologia\/wp-content\/uploads\/Fear-Graffiti-Flickr-600x320.jpg 600w, https:\/\/blogs.udima.es\/psicologia\/wp-content\/uploads\/Fear-Graffiti-Flickr.jpg 750w\" sizes=\"(max-width: 384px) 100vw, 384px\" \/><\/a>Si vemos a alguien que est\u00e1 atemorizado y le preguntamos por la causa de su miedo, probablemente\u00a0 en su respuesta se refiera al est\u00edmulo que \u00able pone de los nervios\u00bb. Quiz\u00e1, de manera ostensible, apunte al animal -un reptil, una ara\u00f1a-, al objeto -una jeringa-, a la situaci\u00f3n -una tormenta- o a cualquier otra cosa que figure en su repertorio de temores. \u201cEstoy as\u00ed por culpa de los rayos y los truenos\u201d-nos dir\u00e1. Pero a veces el lenguaje nos confunde. Sabemos <em>qu\u00e9<\/em> nos da miedo, pero no sabemos identificar tan f\u00e1cilmente el <em>porqu\u00e9<\/em>. Aunque\u00a0 recurramos a ellos como explicaci\u00f3n del temor, el reptil, la ara\u00f1a, la jeringa o la tormenta, simplemente, son los est\u00edmulos que activan la respuesta de ansiedad; pero no su causa. En esto del miedo, <strong>la persona juega un papel activo<\/strong>.<\/p>\n<p>El proceso a trav\u00e9s del cual alguien adquiere miedo a algo, en muchas ocasiones, implica alguno de estos <strong>tres factores<\/strong>: haber tenido una <strong>mala experiencia<\/strong> en la que el objeto del temor estaba de alguna forma presente, <strong>haber visto<\/strong> c\u00f3mo alguien sufr\u00eda esa experiencia aversiva, o -m\u00e1s sencillo a\u00fan- <strong>haber tenido noticias<\/strong> de lo que le puede pasar a uno -nada bueno- si se encuentra con determinados est\u00edmulos (1). Si tengo miedo a que en el hospital me extraigan sangre, puede ser porque una vez lo intentaron, y tras un momento de tensi\u00f3n m\u00e1xima, acab\u00e9 por caer al suelo desmayado. O porque vi c\u00f3mo le ocurr\u00eda esto a mi hermano menor. O simplemente, porque me han contado que las inyecciones son dolorosas y que el momento de la extracci\u00f3n es muy desagradable.<\/p>\n<p>A\u00fan as\u00ed, estas explicaciones tampoco han resultado ser muy satisfactorias. Afortunadamente, <strong>una mala experiencia directa o indirecta no garantiza que uno vaya a desarrollar una fobia<\/strong>, lo que ha hecho que la investigaci\u00f3n psicol\u00f3gica se lanzase a buscar otras alternativas. Entre ellas, una con muy buena prensa es la<strong> hip\u00f3tesis de la preparaci\u00f3n biol\u00f3gica<\/strong>. El miedo -dentro de unos l\u00edmites- es una respuesta adaptativa. Nos protege de aquellos elementos del entorno que pueden resultar peligrosos para nosotros y pueden comprometer la supervivencia de nuestra especie. Tener miedo a las alturas, a los fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos violentos, a los grandes animales salvajes, o a los peque\u00f1os insectos que pod\u00edan transmitirnos enfermedades, sin duda ayud\u00f3 a que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n nuestros ancestros se pusieran a salvo y hoy podamos estar cont\u00e1ndolo. Quiz\u00e1 -pensaron los investigadores- generaci\u00f3n tras generaci\u00f3n, a lo largo de miles de a\u00f1os de evoluci\u00f3n, hemos ido creando, heredando y legando, una especie de <strong>archivo de temores<\/strong>. Eso explicar\u00eda que ahora estemos m\u00e1s predispuestos a aprender y emitir la respuesta de miedo ante algunos est\u00edmulos -aquellos en los que est\u00e1 en juego la supervivencia de la especie- que ante otros (2, 3).<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis, aunque sugerente, no deja sin embargo de estar exenta de problemas. En primer lugar, no explica la <strong>alta variabilidad interpersonal<\/strong> que existe en la respuesta de miedo. No todos tenemos los mismos temores, ni con la misma intensidad, aunque seamos miembros de la misma especie. En segundo lugar, \u00bfc\u00f3mo se explicar\u00eda el miedo ante est\u00edmulos recientes, que no exist\u00edan en \u00e9pocas anteriores? Y finalmente, el archivo de miedos, a pesar de ser fruto de a\u00f1os y a\u00f1os de evoluci\u00f3n, estar\u00eda a\u00fan lejos de ser un seguro de vida. Poca gente tiene miedo a los hongos, aunque una seta venenosa pueda ser mucho m\u00e1s letal que algunos animales muy temidos, como la ara\u00f1a com\u00fan.<\/p>\n<p>En este contexto, los <strong>modelos cognitivos de la ansiedad<\/strong> han supuesto un notable avance en nuestra comprensi\u00f3n de las fobias y los miedos. Tal vez, una larga tradici\u00f3n dualista nos hab\u00eda ocultado las relaciones entre nuestros pensamientos y nuestras emociones. Sin embargo, la relaci\u00f3n entre cogniciones y miedo era ya conocida desde los antiguos griegos. Para Arist\u00f3teles, el miedo era el dolor que sentimos al anticipar un mal. Y Ep\u00edcteto ya afirmaba que, en realidad, nuestras preocupaciones no tienen su origen en las cosas, sino en lo que pensamos sobre las cosas. La psicolog\u00eda moderna les da la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Por ejemplo, el <strong>Modelo de Vulnerabilidad Cognitiva<\/strong>, desarrollado por Jason Armfield, sostiene en este sentido que las situaciones ansi\u00f3genas activan, de manera autom\u00e1tica, un esquema cognitivo compuesto de cuatro tipos de evaluaciones (4):<\/p>\n<ul>\n<li>La percepci\u00f3n de que el est\u00edmulo o situaci\u00f3n entra\u00f1a alg\u00fan <strong>peligro potencial<\/strong> o puede da\u00f1arnos.<\/li>\n<li>La anticipaci\u00f3n de que el encuentro con un est\u00edmulo determinado puede ocasionarnos una <strong>sensaci\u00f3n de malestar<\/strong>, similar a la respuesta de asco o repugnancia, en la que aparezcan mareos, v\u00f3mito, etc.<\/li>\n<li>La idea de que el est\u00edmulo es<strong> impredecible<\/strong> y que uno no sabe bien cu\u00e1ndo va a aparecer, c\u00f3mo, por cuanto tiempo, etc.<\/li>\n<li>Finalmente, la creencia de que el est\u00edmulo o situaci\u00f3n temidos son <strong>incontrolables<\/strong> y uno poco o nada puede hacer por cambiar el curso de los acontecimientos.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Desde este modelo te\u00f3rico es f\u00e1cil explicar algunos de los miedos m\u00e1s comunes, como el <strong>temor a determinados animales<\/strong> (5). Las <strong>ara\u00f1as<\/strong>, por ejemplo, son percibidas como peligrosas y potencialmente da\u00f1inas por las personas con fobia a ellas, pero tambi\u00e9n es dif\u00edcil saber cu\u00e1les van a ser sus movimientos, y por supuesto, conocer sus \u00abintenciones\u00bb. Por si fuera poco, las personas con miedo a las ara\u00f1as las ven como animales especialmente repugnantes, no siendo raro que sientan n\u00e1useas ante la visi\u00f3n de sus cuatro pares de patas, el pelo que recubre su cuerpo, o su creaci\u00f3n m\u00e1s conocida, las telara\u00f1as.<\/p>\n<p>Otro \u00e1mbito d\u00f3nde el Modelo de Vulnerabilidad Cognitiva se ha aplicado con \u00e9xito es el <strong>miedo a los tratamientos dentales<\/strong> (6,7). Muchas personas, tanto ni\u00f1os como adultos, temen visitar a su dentista. Y una vez m\u00e1s, se comprueba que los pacientes con mayores niveles de miedo dental son aquellos que atribuyen un mayor grado de peligrosidad a los tratamientos odontol\u00f3gicos, presentan un mayor desconocimiento y sensaci\u00f3n de falta de control sobre lo que puede ocurrir en las consultas, y muestran un temor m\u00e1s acusado a experimentar sensaciones de mareo, n\u00e1useas, atragantamiento o asfixia durante las intervenciones. De manera significativa, las investigaciones recientes han puesto de manifiesto que los pensamientos que integran el esquema de vulnerabilidad cognitiva tienen <strong>mayor capacidad para explicar las puntuaciones de miedo dental<\/strong> de una persona, en comparaci\u00f3n con otras variables como las experiencias aversivas previas, la afectividad negativa, o la presencia de familiares con miedo dental (8, 9) .<\/p>\n<p>La importancia de los cuatro pensamientos que conforman el esquema de vulnerabilidad no es s\u00f3lo te\u00f3rica. De este modelo se derivan unos <strong>objetivos claros para la prevenci\u00f3n y el tratamiento de los problemas de ansiedad<\/strong>, miedo y fobias. Seguramente, si somos capaces de diferenciar que una cosa es la realidad y otra lo que pensamos de ella, y rastreamos en las causas de nuestros temores, encontraremos que las ara\u00f1as, las serpientes, las tormentas, las inyecciones, o los dentistas no son tan temibles como creemos. Son nuestros pensamientos los que nos hacen vulnerables al miedo. En este sentido, reducir la percepci\u00f3n de que determinados est\u00edmulos o situaciones son peligrosos, inciertos, incontrolables o causan malestar f\u00edsico puede contribuir a disminuir el nivel de miedo que alguien siente ante ellos.<\/p>\n<p><strong>Referencias<\/strong><\/p>\n<ol>\n<li>Rachman, S. (1990). The determinants and treatment of simple phobias. <i>Advances in Behaviour Research and Therapy, 12<\/i>, 1\u221230.<\/li>\n<li>Poulton, R., Davies, S., Menzies, R. G., Langley, J., &amp; Silva, P. A. (1998). Evidence for a non-associative model of the acquisition of a fear of heights. <i>Behaviour Research and Therapy, 35<\/i>, 327\u2212334.<\/li>\n<li>\u00d6hman, A., &amp; Mineka, S. (2001). Fears, phobias, and preparedness: Toward an evolved module of fear and fear learning. <i>Psychological Review, 108<\/i>, 483\u2212522.<\/li>\n<li>Armfield, J. (2006). Cognitive vulnerability: A model of the etiology of fear. <i>Clinical Psychology Review, 26,<\/i>746\u2013768.<\/li>\n<li>Armfield, J.M. (2007). Manipulating perceptions of spider characteristics and predicted spider fear: evidence for the Cognitive Vulnerability Model of the etiology of fear. <em>Journal of Anxiety Disorders, <\/em><i>21<\/i>, 691-703.<\/li>\n<li>Armfield, J.M.,Slade, G.D., &amp; Spencer, A,J. (2008). Cognitive vulnerability and dental fear. <i>BMC Oral Health, 8, <\/i>1-11.<\/li>\n<li>Crego, A., Carrillo-D\u00edaz, M., Armfield, J.M, &amp; Romero, M. (2013). Applying the cognitive vulnerability model to the analysis of cognitive and family influences on children\u2019s dental fear. <i>European Journal of Oral Sciences, 121<\/i>, 194-203.<\/li>\n<li>Armfield, J,M. (2010). Towards a better understanding of dental anxiety and fear: cognitions vs. experiences. <i>European Journal of Oral Sciences, 118, <\/i>259-264.<\/li>\n<li>Carrillo-D\u00edaz, M., Crego, A., Armfield, J.M., &amp; Romero, M. (2012) Assessing the relative efficacy of cognitive and non-cognitive factors as predictors of dental anxiety. <i>European Journal of Oral Sciences, 120,<\/i> 82-88.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Imagen: <em>Fear-Graffiti<\/em> (por Jimee, Jackie, Tom &amp; Asha, Flickr.com)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si vemos a alguien que est\u00e1 atemorizado y le preguntamos por la causa de su miedo, probablemente\u00a0 en su respuesta se refiera al est\u00edmulo que \u00able pone de los nervios\u00bb. 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