{"id":496,"date":"2013-02-04T05:57:08","date_gmt":"2013-02-03T23:57:08","guid":{"rendered":"http:\/\/psicologiaudima.com\/?p=496"},"modified":"2016-02-02T16:11:29","modified_gmt":"2016-02-02T16:11:29","slug":"neurociencia-mentiras-y-sesgos-cognitivos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.udima.es\/psicologia\/neurociencia-mentiras-y-sesgos-cognitivos\/","title":{"rendered":"Neurociencia, mentiras y sesgos cognitivos"},"content":{"rendered":"<div id=\"_mcePaste\">El debate respecto a cu\u00e1l es el aut\u00e9ntico grado de fiabilidad de las medidas de actividad cerebral cuando son utilizadas como t\u00e9cnicas de detecci\u00f3n de mentiras contin\u00faa generando gran inter\u00e9s en el campo de la Neurociencia Cognitiva. Mientras algunos investigadores del \u00e1rea defienden que la imagen por resonancia magn\u00e9tica funcional (IRMf) pronto se utilizar\u00e1 como detector fiable de mentiras y que sus resultados podr\u00e1n incluso utilizarse como evidencia en el \u00e1mbito jur\u00eddico, otros neurocient\u00edficos opinan que determinadas dificultades y limitaciones metodol\u00f3gicas inherentes al uso de la t\u00e9cnica ser\u00e1n dif\u00edcilmente salvables en un futuro pr\u00f3ximo.\u00a0Pero, \u00bfen qu\u00e9 consisten estas dificultades? \u00bfpodemos esperar que los avances en Neurociencia nos permitan se\u00f1alar objetivamente a los mentirosos?<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Para admitir que los patrones de actividad cerebral registrados mediante IRMf pueden evidenciar la presencia de una mentira, antes es necesario aceptar como v\u00e1lidas las siguientes premisas:<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">1) que determinadas \u00e1reas cerebrales se activan al producirse el conflicto cognitivo que implica mentir.<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">2) que dichas \u00e1reas pueden ser localizadas de manera fiable en el cerebro de un individuo concreto.<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Respecto a la primera de ellas, la evidencia emp\u00edrica sugiere que dichas \u00e1reas existen y que pueden localizarse promediando la actividad cerebral de un determinado n\u00famero de participantes en experimentos controlados. Por ejemplo, existen estudios de IRMf que describen diferencias entre las respuestas cerebrales asociadas a la generaci\u00f3n y procesamiento de recuerdos genuinos, falsos recuerdos y mentiras (Abe et al., 2008), e incluso entre mentiras genuinas y mentiras ensayadas (Ganis, Kosslyn, Stose, Thompson y Yugerlun-Todd, 2003). Sin embargo, la segunda afirmaci\u00f3n resulta cuando menos controvertida: si bien la IRMf es una t\u00e9cnica de neuroimagen de indudable precisi\u00f3n espacial y evidente capacidad para identificar \u00e1reas cerebrales implicadas en el procesamiento de mentiras, comparar directamente la estructura o funci\u00f3n observada en un cerebro concreto con el patr\u00f3n de actividad medio de un grupo heterog\u00e9neo de personas es te\u00f3rica y metodol\u00f3gicamente inadecuado.<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Adem\u00e1s, las investigaciones que apoyan emp\u00edricamente el uso de la IRMf como t\u00e9cnica detectora de mentiras no han sido realizados en situaciones reales, como pudiera ser el curso de una investigaci\u00f3n criminal, lo que limita seriamente la generabilidad de sus resultados. Normalmente, dichos estudios se sirven de voluntarios a los que se solicita mentir en un contexto controlado de laboratorio. A este respecto, aunque estudios de IRMf hayan logrado diferenciar funcionalmente mentiras genuinas de otras ensayadas (Ganis et al., 2003), cabe preguntarse hasta qu\u00e9 punto puede compararse la actividad cerebral asociada a una mentira solicitada y sin consecuencias para el voluntario en cuesti\u00f3n, con la producida por una mentira genuina. Por si esto fuera poco, estos grupos de voluntarios suelen estar formados por estudiantes universitarios cuyas caracter\u00edsticas socio-demogr\u00e1ficas dif\u00edcilmente pueden considerarse representativas de la poblaci\u00f3n general.<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Por otra parte, la evidencia basada en la imagen cerebral parece ejercer un efecto especialmente persuasivo sobre las personas cuando de juzgar la validez de los datos se trata, al menos bajo determinadas circunstancias. Algunos estudios sugieren que los argumentos cient\u00edficos que se presentan acompa\u00f1ados de neuroim\u00e1genes se interpretan como m\u00e1s v\u00e1lidos que otros no asociados a este tipo de im\u00e1genes cerebrales (McCabe y Castel, 2008). Los efectos de este tipo de sesgos se han investigado con especial inter\u00e9s en el \u00e1mbito jur\u00eddico, donde se han alcanzado conclusiones similares. Por ejemplo, en una investigaci\u00f3n reciente, la presentaci\u00f3n de informes en los que se inclu\u00edan neuroim\u00e1genes que mostraban lesiones en los cerebros de los acusados condujo a un mayor n\u00famero de decisiones absolutorias (Gurley y Markus, 2008). Tambi\u00e9n existe evidencia emp\u00edrica que demuestra la influencia que la t\u00e9cnica empleada para detectar mentiras ejerce sobre las decisiones de un jurado. Por ejemplo, McCabe et al. (2011) presentaron a m\u00e1s de trescientos potenciales jurados el resumen de un juicio ficticio en el que se inclu\u00edan diferentes pruebas como evidencia de que el acusado ment\u00eda. Concretamente, la evidencia pod\u00eda basarse en t\u00e9cnicas como el pol\u00edgrafo, la imagen t\u00e9rmica facial, la IRMf y una condici\u00f3n de control en la que no se presentaba evidencia alguna respecto a la detecci\u00f3n de mentiras. Los resultados mostraron que la evidencia basada en la IRMf implicaba mayor n\u00famero de sentencias condenatorias que la basada en el resto de t\u00e9cnicas. Lo que resulta a\u00fan m\u00e1s interesante es que cuando se cuestion\u00f3 la validez de la IRMf, el n\u00famero de condenas basadas en su uso descendi\u00f3 a niveles similares a los obtenidos en la condici\u00f3n de control.<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">En resumen, la imagen por resonancia magn\u00e9tica funcional a\u00fan no ha alcanzado la madurez necesaria que permita considerarla una herramienta de detecci\u00f3n de mentiras v\u00e1lida y fiable, al menos desde un punto de vista estrictamente cient\u00edfico. Por otra parte, la apariencia cient\u00edfica de la tecnolog\u00eda y el innegable atractivo que actualmente acompa\u00f1a al prefijo \u00abneuro\u00bb ejercen una influencia que parece sesgar de manera importante la interpretaci\u00f3n de los resultados obtenidos mediante esta t\u00e9cnica.<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Referencias bibliogr\u00e1ficas:<\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Abe, N., Okuka, J., Suzuki, M., Sasaki, H., Matsuda, T., Mori, E., Tsukada, M., &amp; Fujii, T. (2008). Neural correlates of true memory, false memory, and deception. Cerebral Cortex, 18, 2811-2819. <a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pmc\/articles\/PMC2583150\/\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">PMCID: PMC2583150 <\/a><\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Ganis, G. et al. (2003). Neural correlates of different types of deception: an fMRI investigation. Cerebral Cortex, 13, 830-836. <a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pubmed\/12853369\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">PMID: 12853369<\/a><\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Gurley,, J.R., y Markus, D.K. (2008). The effects of neuroimaging and brain injury on insanity defenses. Behavioral Sciences and the Law, 26, 85-97. <a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pubmed\/18327829\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">PMID: 18327829<\/a><\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">McCabe, D.P., y Castel, A.D. (2008). Seeing is believing: the effect of brain images on jugdments of scientific reasoning. Cognition, 107, 343-352. <a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pubmed\/17803985\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">PMID: 17803985<\/a><\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">McCabe, D.P., Castel, A.D., y Rhodes, M.G. (2011). The influence of fMRI lie detection evidence on juror decision-making. Behavioral Sciences and the Law, 29, 566-577. <a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pubmed\/21751243\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">PMID: 21751243<\/a><\/div>\n<p><\/p>\n<div id=\"_mcePaste\">Simpson, J.R. (2008). Functional MRI lie detection: too good to be true? The Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law, 36, 491-498. <a href=\"http:\/\/www.ncbi.nlm.nih.gov\/pubmed\/19092066\" target=\"_blank\" rel=\"nofollow\">PMID: 19092066<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El debate respecto a cu\u00e1l es el aut\u00e9ntico grado de fiabilidad de las medidas de actividad cerebral cuando son utilizadas como t\u00e9cnicas de detecci\u00f3n de mentiras contin\u00faa generando gran inter\u00e9s en el campo de la Neurociencia Cognitiva. 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