{"id":656,"date":"2012-06-11T14:12:24","date_gmt":"2012-06-11T14:12:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.historiaudima.com\/?p=656"},"modified":"2021-11-18T07:34:54","modified_gmt":"2021-11-18T07:34:54","slug":"cursus-honorum-en-el-museo-arqueologico-nacional-el-ejemplo-de-jose-ramon-melida-1876-1930","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.udima.es\/historia\/cursus-honorum-en-el-museo-arqueologico-nacional-el-ejemplo-de-jose-ramon-melida-1876-1930\/","title":{"rendered":"CURSUS HONORUM EN EL MUSEO ARQUEOL\u00d3GICO NACIONAL: EL EJEMPLO DE JOS\u00c9 RAM\u00d3N M\u00c9LIDA (1876-1930)"},"content":{"rendered":"<p>Daniel Casado Rigalt<\/p>\n<p>Nadie mejor que Jos\u00e9 Ram\u00f3n M\u00e9lida ejemplifica la trayectoria de una instituci\u00f3n como el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. M\u00e9lida creci\u00f3 y se form\u00f3 como conservador de forma paralela al desarrollo institucional del Museo, fundado s\u00f3lo nueve a\u00f1os antes de que M\u00e9lida se incorporara a su plantilla, como ayudante, en 1876. Por este motivo, ha sido la figura elegida en este art\u00edculo como referencia para evaluar la trayectoria de la instituci\u00f3n en sus primeros cincuenta a\u00f1os de vida: el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional se fund\u00f3 en 1867 tras decreto de Isabel II.<\/p>\n<p>M\u00e9lida representa el nacimiento de un nuevo historiador-arque\u00f3logo que cumpl\u00eda funciones muse\u00edsticas y que dotaba a la Naci\u00f3n de un cuerpo preparado y profesionalizado en el \u00faltimo cuarto del siglo XIX: el Cuerpo Facultativo de Bibliotecarios y Archiveros. Este Cuerpo se nutri\u00f3 al principio de las primeras promociones de la Escuela Superior de Diplom\u00e1tica y naci\u00f3 para albergar funcionarios seleccionados entre los m\u00e1s capacitados ante la necesidad de una gesti\u00f3n m\u00e1s permanente, rigurosa, intensiva y disciplinada. Supon\u00eda un cambio de mentalidad, una modificaci\u00f3n en los h\u00e1bitos de trabajo y una independencia frente al poder pol\u00edtico. <\/p>\n<p>La etapa de formaci\u00f3n de M\u00e9lida en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional constituye la base de su especializaci\u00f3n como conservador y arque\u00f3logo. Analicemos el contexto y el desarrollo de los acontecimientos con el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional como escenario del estudio y con Jos\u00e9 Ram\u00f3n M\u00e9lida como hilo conductor.<\/p>\n<p>1.2Primera etapa de M\u00e9lida en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional (1876-1883). El  catalogador y arque\u00f3logo de gabinete<\/p>\n<p>El primer contacto de M\u00e9lida con el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional se produjo el 4 de febrero de 1876, con 19 a\u00f1os de edad. Una vez obtenido el t\u00edtulo de la Escuela Superior de Diplom\u00e1tica, donde se form\u00f3 entre 1873 y 1975, las aspiraciones de M\u00e9lida se centraron en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. Transcurrieron siete meses entre su salida de la Escuela y su entrada en el Museo. El 4 de febrero de 1876 &#8211; con 19 a\u00f1os de edad &#8211; fue nombrado, a petici\u00f3n suya, \u201caspirante sin sueldo del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional\u201d, tras intentarlo en 1878 y 1880. Se le destin\u00f3 a la secci\u00f3n primera del Museo, que comprend\u00eda las salas de Prehistoria y Edad Antigua y que por entonces dirig\u00eda su anterior maestro en la Escuela Superior de Diplom\u00e1tica, Juan de Dios de la Rada y Delgado. Hab\u00eda correspondido al primer director del Museo &#8211; Pedro Felipe Monlau i Roca &#8211; la organizaci\u00f3n en cuatro secciones: la consabida de Prehistoria y Edad Antigua; Edades Media y Moderna; Numism\u00e1tica y Dactilograf\u00eda; y Etnograf\u00eda. Puede considerarse este nombramiento como una continuidad en la relaci\u00f3n profesor-alumno existente entre M\u00e9lida y Rada. En sus a\u00f1os (1873-1875) de formaci\u00f3n, el arque\u00f3logo almeriense debi\u00f3 de intuir en M\u00e9lida un futuro profesional y unas aptitudes aprovechables para llevar a cabo labores de catalogaci\u00f3n y clasificaci\u00f3n en el Museo. Por eso resulta comprensible que contara con \u00e9l para desempe\u00f1ar esta tarea. El cargo de director del Museo era ocupado desde hac\u00eda cuatro a\u00f1os por Antonio Garc\u00eda Guti\u00e9rrez. El d\u00eda 16 de febrero de 1876, M\u00e9lida pis\u00f3 por primera vez el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional como nuevo miembro.<\/p>\n<p>A partir del nombramiento comenz\u00f3 M\u00e9lida a entrar en contacto directo con piezas arqueol\u00f3gicas de primera mano. El Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, en sus nueve a\u00f1os de vida, contaba ya con colecciones suficientes como para que hubiera trabajo por hacer en sus fondos, en los que M\u00e9lida participar\u00eda de manera activa. Su precedente y gu\u00eda en esta instituci\u00f3n fue Rada y Delgado. Valedor y maestro en sus a\u00f1os de formaci\u00f3n, hac\u00eda apenas un a\u00f1o que hab\u00eda le\u00eddo su discurso de entrada en la Real Academia de la Historia con el tema Las esculturas del Cerro de los Santos, en 1875, en lo que ser\u00eda el preludio de una agria pol\u00e9mica, que perjudicar\u00eda a la imagen y prestigio del arque\u00f3logo almeriense.<\/p>\n<p>Por supuesto es \u00e9sta una temprana etapa de M\u00e9lida como \u201carque\u00f3logo de gabinete\u201d, alejado todav\u00eda del concepto de \u201carqueolog\u00eda de campo\u201d y centrado en el arreglo y catalogaci\u00f3n de los objetos arqueol\u00f3gicos contenidos en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. M\u00e9lida estuvo en calidad de \u201caspirante sin sueldo\u201d desde el a\u00f1o 1876 al 1881, en el edificio del ex Casino de la Reina, una antigua posesi\u00f3n real que fue la sede provisional del Museo hasta el a\u00f1o 1895. Su destino fue la secci\u00f3n primera, donde se conservaban las antig\u00fcedades prehist\u00f3ricas, egipcias, orientales, cl\u00e1sicas y celtib\u00e9ricas. Se ocup\u00f3 primeramente, en uni\u00f3n del aspirante Nicol\u00e1s Gonz\u00e1lez, en confrontar todas las papeletas del cat\u00e1logo, todav\u00eda in\u00e9dito, con los objetos descritos en la secci\u00f3n y formando luego un cat\u00e1logo de todos los objetos que no estaban a\u00fan clasificados. Entre las colecciones que tuvo la ocasi\u00f3n de catalogar estaban las de Jos\u00e9 Ignacio Mir\u00f3, Tom\u00e1s de Asensi y Juan V\u00edctor Abargues de Sost\u00e9n, viajero espa\u00f1ol que recorri\u00f3 \u00c1frica oriental en la d\u00e9cada de los 1880, y en cuyos viajes &#8211; sobre todo los que le llevaron hasta Egipto &#8211; debi\u00f3 de adquirir las piezas que posteriormente catalog\u00f3 M\u00e9lida; y a sus manos llegaron tambi\u00e9n piezas recuperadas de Osuna entre los a\u00f1os 1871 y 1876. Antes que M\u00e9lida, hab\u00edan trabajado en esta secci\u00f3n con Rada y Delgado como jefe de secci\u00f3n: Fernando Fulgosio Carasa, Jos\u00e9 Mar\u00eda Escudero de la Pe\u00f1a, Antonio Rodr\u00edguez Villa, Joaqu\u00edn Salas D\u00f3riga y \u00c1ngel de Gorostizaga. Este \u00faltimo habr\u00eda de encontrarse con M\u00e9lida para hacerse cargo de los objetos que constitu\u00edan el Museo Ultramarino en una comisi\u00f3n de 1884.<\/p>\n<p>El arque\u00f3logo madrile\u00f1o debi\u00f3 de percibir la necesidad de crear modelos de investigaci\u00f3n y, por extensi\u00f3n, de catalogaci\u00f3n nada m\u00e1s entrar en contacto con las descontextualizadas piezas del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. Esta labor no hab\u00eda sido acometida hasta entonces en Espa\u00f1a y su incorporaci\u00f3n a la plantilla del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, en calidad de \u201caspirante sin sueldo\u201d, le iba a brindar la ocasi\u00f3n de participar en esta iniciativa. A\u00f1os despu\u00e9s, en 1906, el propio Fidel Fita reconocer\u00eda en su contestaci\u00f3n al discurso de entrada en la Real Academia de la Historia \u00abel celo que demostr\u00f3 en clasificar y catalogar los numeros\u00edsimos objetos (&#8230;) que disciernen el paulatino progreso hist\u00f3rico de la primitiva humanidad\u00bb. Hasta entonces, los funcionarios adscritos al Museo se hab\u00edan centrado principalmente en aumentar sus fondos. Gracias a la labor de las Comisiones Provinciales de Monumentos  y a las donaciones efectuadas, este centro hab\u00eda conseguido ampliar las exiguas colecciones fundacionales  con las que se inaugur\u00f3 en agosto de 1871. Con M\u00e9lida, un nuevo criterio de clasificaci\u00f3n y catalogaci\u00f3n se iba imponiendo al concepto \u201cacumulativo\u201d de guardar piezas arqueol\u00f3gicas. Fue, en cierto modo, un gui\u00f1o a los nuevos tiempos y  una proyecci\u00f3n del esp\u00edritu positivista en la Arqueolog\u00eda, al tiempo que se superaba la concepci\u00f3n de una Arqueolog\u00eda con fines exclusivamente est\u00e9tico-art\u00edsticos. La contemplaci\u00f3n y el af\u00e1n coleccionista fueron dejando paso a la investigaci\u00f3n  y a la necesidad de ampliar m\u00e9todos, en un intento de superar las limitaciones tradicionales que oprim\u00edan el desarrollo natural del conocimiento hist\u00f3rico: \u201ccomo es sabido, todo conocimiento racional, comienza con la clasificaci\u00f3n y descripci\u00f3n de los fen\u00f3menos objeto de an\u00e1lisis\u201d<\/p>\n<p>El Positivismo propon\u00eda el empleo de la Raz\u00f3n, pero no una Raz\u00f3n ilustrada sino positiva, con impulso de la cultura cient\u00edfica. Es innegable que para mentalizarse en la puesta en marcha de esta nueva v\u00eda de hacer Historia y Arqueolog\u00eda, se produjo una previa asimilaci\u00f3n e importaci\u00f3n de ideas cient\u00edficas y modelos acad\u00e9micos gestados en el resto de Europa. Una de las corrientes filos\u00f3fico-culturales que mayor peso tuvo fue el historicismo que fomentaba el desarrollo de una nueva conciencia hist\u00f3rica, una corriente de pensamiento que reconoc\u00eda el supremo valor de la Historia como componente fundamental de la Naturaleza y del sujeto humano. El historicismo de Dilthey, como el Positivismo de Comte, surgi\u00f3 para intentar reconducir a una sociedad desorientada por la herencia de los ideales revolucionarios y el imparable avance tecnol\u00f3gico del siglo XIX. En el \u00faltimo tercio del siglo XIX, la visi\u00f3n art\u00edstico-arqueol\u00f3gica winckelmanniana hab\u00eda entrado en crisis y el historicismo se impon\u00eda gradualmente como alternativa m\u00e1s v\u00e1lida, mientras la noci\u00f3n de m\u00e9todo hist\u00f3rico comenzaba a conocerse. Seg\u00fan los principios del historicismo toda actividad art\u00edstica se encuadraba dentro del proceso hist\u00f3rico de la \u00e9poca a la que pertenec\u00eda, lo que explicaba el protagonismo que adquirieron los \u201ccat\u00e1logos\u201d y los sistemas de clasificaci\u00f3n de piezas. En cierto modo, coincid\u00eda esta visi\u00f3n con el concepto de dinamismo y superaci\u00f3n que M\u00e9lida pretend\u00eda proyectar sobre la Arqueolog\u00eda y el Arte. Incluso en su homenaje p\u00f3stumo de 1934, se reconoci\u00f3 su diligencia en esta faceta: \u00abJos\u00e9 Ram\u00f3n M\u00e9lida concibi\u00f3 siempre la Arqueolog\u00eda como algo vivo y eterno, como lo es el Arte; no como cosa muerta, rotulada y fichada fr\u00edamente\u00bb.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Ram\u00f3n M\u00e9lida ingres\u00f3 como ayudante de tercer grado en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios el 21 abril de 1881. A sus veinticuatro a\u00f1os consegu\u00eda formar parte de la aut\u00e9ntica plataforma institucional en que se hab\u00eda convertido el citado Cuerpo, \u00fanico grupo de entre los eruditos con un cierto grado de homogeneidad socio-profesional e intelectual, hasta pr\u00e1cticamente finales de siglo. Adem\u00e1s contaba con la \u201cRevista de Archivos, Bibliotecas y Museos\u201d, inspirada en la \u201cRevue Historique\u201d francesa, como principal \u00f3rgano de expresi\u00f3n. La mayor parte de los miembros del Cuerpo hab\u00edan sido alumnos de la Escuela Superior de Diplom\u00e1tica, quienes una vez completados los tres cursos eran destinados a los diferentes archivos dependientes del Estado. Pertenecer a este Cuerpo supon\u00eda para M\u00e9lida un punto de inflexi\u00f3n en su trayectoria profesional. Desde su fundaci\u00f3n en 1858, este Cuerpo Facultativo aglutinaba de manera oficial a los mejor dotados para servir, con sus conocimientos t\u00e9cnicos, al Estado. La elecci\u00f3n de M\u00e9lida confirmaba su consagraci\u00f3n como futuro funcionario y su inclusi\u00f3n en un foro formado por profesores y ex alumnos de la Escuela Superior de Diplom\u00e1tica.<\/p>\n<p>Ya en el a\u00f1o 1882 apareci\u00f3 la primera obra de catalogaci\u00f3n de M\u00e9lida, titulada Sobre los vasos griegos, etruscos e italo-griegos del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, inspirada en una obra de Eduardo Hinojosa publicada en el \u201cMuseo Espa\u00f1ol de Antig\u00fcedades\u201d en 1878, y que llevaba por t\u00edtulo Gran vaso pol\u00edcromo italo\u2013griego de la colecci\u00f3n que posee el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. M\u00e9lida sent\u00eda la necesidad de aportar nuevos estudios y conocimientos en un campo tan poco estudiado en Espa\u00f1a como el de la cer\u00e1mica griega y atendiendo a esta deficiencia, public\u00f3 este primer cat\u00e1logo, de 48 p\u00e1ginas, que ser\u00eda ampliado y mejorado por \u00c1lvarez-Ossorio en 1910. Trataba de marcar una nueva l\u00ednea de estudio y de aplicar nuevos m\u00e9todos acordes con las investigaciones gestadas en Europa para lo cual hubo de referenciar su obra en publicaciones extranjeras. <\/p>\n<p>Las citas de obras for\u00e1neas revelan que Jos\u00e9 Ram\u00f3n M\u00e9lida apoy\u00f3 la documentaci\u00f3n de este trabajo en una exigua relaci\u00f3n de obras. B\u00e1sicamente se nutri\u00f3 de ceram\u00f3grafos franceses, entre los que hizo constante referencia a las siguientes obras: Manuel d\u2019arch\u00e8ologie grecque, obra de Collignon publicada en Par\u00eds en 1881; Les vases peints, publicada en \u201cGazzette des Beaux Arts\u201d por J. de Witte en 1862; Peintures ceramiques de la Grece propre, publicada en Par\u00eds por Dumont en 1884; Histoire de la c\u00e9ramique, publicada en 1867 por Jaquemart; De la poterie antique, publicada en \u201cAnnali dell\u2019Instituto di correspondenza archeologica\u201d por Luynes en 1832; Cities and Cemeteries of Etruria, por Dennis en 1878; y Description des antiquit\u00e9s composant la collection de feu M. A. Raif\u00e9, publicada en 1867 en Par\u00eds por Lenormant. Una vez m\u00e1s, mostraba sus tendencias franc\u00f3filas y su vinculaci\u00f3n con la corriente positivista francesa para dejar casi al margen a los grandes ceram\u00f3grafos alemanes de entonces. <\/p>\n<p>Durante estos a\u00f1os la elecci\u00f3n y creaci\u00f3n de los distintos sistemas de catalogaci\u00f3n estaban reservados a arque\u00f3logos franceses, alemanes e ingleses, hecho que explica el autodidactismo al que se vio forzado M\u00e9lida. Ante la ausencia casi total de publicaciones espa\u00f1olas en materia de catalogaci\u00f3n ceramogr\u00e1fica, tuvo que aplicarse en la lectura, revisi\u00f3n y puesta al d\u00eda de cat\u00e1logos confeccionados por otros colegas for\u00e1neos. Adem\u00e1s, en sus a\u00f1os de formaci\u00f3n en la Escuela Superior de Diplom\u00e1tica no tuvo la oportunidad de clasificar y catalogar materiales ya que las asignaturas conceb\u00edan el estudio de los contenidos en un plano absolutamente te\u00f3rico. <\/p>\n<p>El reclamo de la importancia de la cer\u00e1mica era una prueba m\u00e1s del reflejo del Positivismo y su incorporaci\u00f3n al mundo de la Arqueolog\u00eda. Como pensamiento afirmativo y organizador, la corriente positivista proyectaba sus planteamientos racionalistas en los cat\u00e1logos que trataban de ordenar las colecciones para su estudio e interpretaci\u00f3n como documentos hist\u00f3ricos reveladores de informaci\u00f3n arqueol\u00f3gico-hist\u00f3rica. La unificaci\u00f3n de criterios y el consenso cient\u00edfico de valoraciones &#8211; cronol\u00f3gica, art\u00edstica, tipol\u00f3gica, etc &#8211; tuvo en los cat\u00e1logos la m\u00e1s exitosa f\u00f3rmula de clasificar el material arqueol\u00f3gico y asignarle una ordenaci\u00f3n seg\u00fan los criterios previamente establecidos. Esta \u00f3ptica que pone a la Arqueolog\u00eda al servicio de una serie de principios cient\u00edficos requiere de un largo trayecto de observaciones rigurosas y estudios pacientes. Un contempor\u00e1neo de M\u00e9lida, el franc\u00e9s Jules Martha, lleg\u00f3 a comparar la Arqueolog\u00eda con las ciencias f\u00edsicas y naturales. Y en una lecci\u00f3n pronunciada el 5 de diciembre de 1879 en la apertura del curso de antig\u00fcedades griegas y latinas de la Facultad de Letras de Montpellier, se expres\u00f3 en estos t\u00e9rminos: \u00abobserva los hechos; un conjunto de hechos le lleva a entrever una ley; la comparaci\u00f3n de leyes concretas le conduce a la comparaci\u00f3n de leyes generales, y la teor\u00eda a la que llega no es sino la conclusi\u00f3n matem\u00e1tica, por decirlo de alg\u00fan modo, de las afirmaciones comprobadas\u00bb.<\/p>\n<p>Con los Corpora y los Monumenta como antecedentes, la publicaci\u00f3n de cat\u00e1logos sirvi\u00f3 de enlace cient\u00edfico entre pa\u00edses y facilit\u00f3 el acceso a colecciones de museos extranjeros. Adem\u00e1s, todos estos factores quedaron reforzados por las grandes excavaciones emprendidas en el \u00faltimo cuarto del siglo XIX. \u00c9stas proporcionaron un caudal de material arqueol\u00f3gico de primera mano que vino acompa\u00f1ado por ingentes cantidades de cer\u00e1mica. En un principio, la orientaci\u00f3n art\u00edstico-esteticista de los primeros arque\u00f3logos les llevaron a obviar un tipo de material, la cer\u00e1mica, que aparec\u00eda pobre a los ojos de aquellos arque\u00f3logos cuya \u00fanica aspiraci\u00f3n era la de emparentar las piezas con su vertiente art\u00edstica. Con Petrie, la cer\u00e1mica cobraba una importancia que trascend\u00eda el \u00e1mbito formal y pasaba a articular la documentaci\u00f3n esencial de las sociedades del pasado, por ser \u00e9ste un material de uso cotidiano y revelador de mucha informaci\u00f3n \u00fatil para la Arqueolog\u00eda. Antes de Petrie, los alemanes Eduard Gerhard y Otto Jahn hab\u00edan establecido los criterios necesarios para el estudio de la cer\u00e1mica a mediados del XIX. Incluso, un disc\u00edpulo de Gerhard, el austr\u00edaco Alexander Conze, bautizar\u00eda a la cer\u00e1mica como aut\u00e9nticos \u00abf\u00f3siles directores\u00bb cronol\u00f3gicos. Sirva como dato que mientras los trabajos anteriores a 1870 presentaban una clasificaci\u00f3n establecida sobre el an\u00e1lisis de im\u00e1genes y su distribuci\u00f3n seg\u00fan los temas mitol\u00f3gicos, los cat\u00e1logos elaborados a partir de esa fecha se basaron en el examen de los procedimientos de fabricaci\u00f3n de las vasijas en funci\u00f3n del estudio de sus formas y ornamentos. <\/p>\n<p>Es evidente, a tenor de la bibliograf\u00eda manejada, la vinculaci\u00f3n de M\u00e9lida a los estudios cer\u00e1micos a trav\u00e9s de la corriente positivista francesa, as\u00ed como su predisposici\u00f3n y receptividad ante los avances y aportaciones gestadas entre sus colegas galos. <\/p>\n<p>1.3Segunda etapa de M\u00e9lida en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional (1884-1901). El conservador, ceram\u00f3grafo y muse\u00f3logo<\/p>\n<p>Fue 1884 un a\u00f1o repleto de progresos en la carrera arqueol\u00f3gica de M\u00e9lida &#8211; que ten\u00eda entonces 28 a\u00f1os &#8211; tanto a nivel nacional como internacional. En el \u00e1mbito nacional, dos hechos decisivos apuntalaron su ascenso profesional. Por una parte, fue designado jefe de la secci\u00f3n primera del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, \u201cen venturosa camarader\u00eda con Fernando D\u00edez de Tejada y con Francisco \u00c1lvarez-Ossorio\u201d; y por otra, una Real Orden1 del 13 de octubre de 1884, le nombr\u00f3 ayudante de segundo grado del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, con un sueldo anual de dos mil pesetas. Sin duda, dos cargos ya de cierto renombre, con los que consigui\u00f3 ver reconocida su labor y el prestigio necesario para hacer valer sus aptitudes hist\u00f3rico-arqueol\u00f3gicas. En cuanto a la remuneraci\u00f3n econ\u00f3mica, se trataba de una modesta suma. Este hecho despert\u00f3 las quejas de los facultativos conservadores, que se ve\u00edan adem\u00e1s desprotegidos corporativamente.<\/p>\n<p>Una de las tareas que forj\u00f3 la faceta de conservador de M\u00e9lida fue la participaci\u00f3n en comisiones que ten\u00edan como fin la gesti\u00f3n museol\u00f3gica. El 9 de julio de 1884, M\u00e9lida fue comisionado por Real Orden, en uni\u00f3n de Juan de Dios de Rada y Delgado y \u00c1ngel de Gorostizaga, para hacerse cargo de los objetos que constitu\u00edan el Museo Ultramarino. Ten\u00edan como fin repartir las piezas que juzgasen adecuadas entre establecimientos dependientes del Ministerio de Fomento, entonces dirigido por Alejandro Pidal Mon. <\/p>\n<p>Ocupaba el puesto de director del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional Francisco Berm\u00fadez de Sotomayor cuando M\u00e9lida se hizo cargo de la secci\u00f3n primera, dedicada a Prehistoria y Edad Antigua. Desde su puesto de jefe contribuy\u00f3 a que el reducido local que ocupaba la secci\u00f3n en la planta baja del peque\u00f1o palacio del Casino de la Reina junto a la Ronda de Embajadores fuese ampliado con un pabell\u00f3n, lo que permiti\u00f3 establecer una exposici\u00f3n ordenada de las colecciones. Hasta tal punto fue acertado el criterio museol\u00f3gico aplicado por M\u00e9lida, fruto posiblemente de su provechosa visita a los museos parisinos en 1883, que la ordenaci\u00f3n cronol\u00f3gica y metodol\u00f3gica propuesta por \u00e9l para esta secci\u00f3n, ser\u00eda respetada diez a\u00f1os despu\u00e9s, cuando el Museo fue trasladado a su ubicaci\u00f3n definitiva y actual. Se ocup\u00f3, en uni\u00f3n de sus compa\u00f1eros, de inventariar y clasificar los 3.092 objetos que comprend\u00eda la secci\u00f3n y que fueron debidamente expuestos en un cat\u00e1logo. Las piezas referidas pertenecieron a distintas colecciones cedidas por ilustres familias espa\u00f1olas. Entre ellas, la colecci\u00f3n donada por Mir\u00f3, 267 piezas; colecci\u00f3n Asensi, 463; colecci\u00f3n Abargues, 17; colecci\u00f3n Rodr\u00edguez, 194; y colecci\u00f3n procedente de las excavaciones practicadas en Osuna en 1876, 110 piezas. De una colecci\u00f3n procedente de Palencia se contabilizan 570 piezas, mientras que de distintas procedencias el cat\u00e1logo inclu\u00eda 380 objetos.<\/p>\n<p>La labor recopilatoria de piezas emprendida por M\u00e9lida al frente de la secci\u00f3n de Prehistoria y Edad Antigua facilit\u00f3 la adquisici\u00f3n de piezas halladas en provincias. Gracias a una documentaci\u00f3n adquirida por el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, tenemos noticia de una figurita con forma de cabeza, cedida por su amigo Celestino Bra\u00f1anova, natural de Oviedo, en 1884. La pieza en cuesti\u00f3n, definida en su momento como fenicia, hab\u00eda sido localizada en una aldea pr\u00f3xima a la localidad asturiana de Cangas de Tineo por el militar Jos\u00e9 Colubi en 1878.<\/p>\n<p>Otro de los motivos que convirtieron 1884 en un a\u00f1o clave en el ascenso profesional de M\u00e9lida fue la publicaci\u00f3n de Sobre las esculturas de barro cocido, griegas, etruscas y romanas del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional que el autor dedic\u00f3 a la biblioteca del Museo. La citada obra pretend\u00eda completar la serie de cer\u00e1micas art\u00edsticas antiguas que conten\u00eda el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, y que M\u00e9lida ya inici\u00f3 en 1882. Afirmaba que el Museo pose\u00eda 4.100 esculturas de barro, de las cuales el 80 por ciento proced\u00edan de un hallazgo efectuado en Calvi (Cales romana) en la Campania italiana. Y no dud\u00f3 en asignar a los griegos toda la originalidad en este tipo de alfarer\u00eda, as\u00ed como en los vasos pintados, de los que tomaron sus modelos tanto etruscos como romanos.<\/p>\n<p>Desde que el cat\u00e1logo entr\u00f3 en el circuito editorial, M\u00e9lida tom\u00f3 conciencia de lo esencial que era su divulgaci\u00f3n y distribuci\u00f3n por instituciones y organismos p\u00fablicos. Buena muestra de este hecho es un borrador en el que se dirigi\u00f3 al Excelent\u00edsimo Se\u00f1or V\u00edctor Balaguer, Ministro de Ultramar, exponi\u00e9ndole \u201cque siendo autor y editor de dos folletos cient\u00edficos titulados \u201cSobre los vasos griegos, etruscos e italo-griegos\u201d y \u201csobre las esculturas de barro cocido griegas, etruscas y romanas del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional\u201d, que vienen a ser complemento una de otro (&#8230;) desea que por ese ministerio del digno cargo de usted se le adquieran ejemplares de dichos folletos con destino a las bibliotecas p\u00fablicas de Ultramar\u201d. No se conformaba M\u00e9lida con que su \u201cclientela literaria\u201d quedara reducida al p\u00fablico iniciado. Aspiraba a que todos leyeran sus publicaciones, y qui\u00e9n mejor que los ciudadanos espa\u00f1oles de las colonias de ultramar para engrosar la lista de lectores potenciales.<\/p>\n<p>La supuesta inferioridad art\u00edstica de las esculturas de barro respecto a los vasos pintados, provocaron una salida en defensa de aquellas por parte de M\u00e9lida. Defendi\u00f3 su importancia como documentos hist\u00f3ricos y apel\u00f3 al esp\u00edritu emp\u00edrico que dominaba el panorama cient\u00edfico de esos a\u00f1os para reclamar el protagonismo de la olvidada vida cotidiana de los pueblos antiguos, representada en objetos como las peque\u00f1as esculturas de barro del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. Describi\u00f3 estas figuras como de un \u201carte menudo, necesariamente naturalista, bonito y simp\u00e1tico, en contraposici\u00f3n del gran arte, severo, grandioso y sobrio de detalles\u201d (M\u00e9lida, 1884a:6).<\/p>\n<p>La segunda parte de la obra abordaba la clasificaci\u00f3n de las esculturas atendiendo a su civilizaci\u00f3n de procedencia. Primero hizo referencia a las esculturas griegas, aportadas en su totalidad por el difunto diplom\u00e1tico se\u00f1or Asensi y el viaje cient\u00edfico realizado a Oriente por Rada y Delgado, quien ocupaba entonces el cargo de jefe de la secci\u00f3n primera del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, en la fragata Arapiles. Muchas fueron recogidas de la necr\u00f3polis de Cirene, ciudad en la zona este de la actual Libia fundada por los dorios en el siglo VII antes de Cristo, y entre ellas abundaban las im\u00e1genes de Cibeles y Atalanta.<\/p>\n<p>El segundo grupo comprend\u00eda las esculturas etruscas, de las que el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional tan s\u00f3lo pose\u00eda una muestra. Se trataba de una urna cineraria de barro de planta rectangular con la tapa decorada por una estatua yacente de mujer. El profesor Julius Martha la clasific\u00f3 dentro del arte etrusco-helenizado.<\/p>\n<p>Esculturas italo-griegas y romanas conformaban el tercer grupo. De entre ellas cabe destacar las figuras y fragmentos que Rada y Delgado trajo de las catacumbas cristianas de Siracusa tras su viaje a bordo de la fragata Arapiles. De Calvi (Campania italiana) proced\u00edan nada menos que 500 de estas esculturas de ejecuci\u00f3n descuidada, lo que demostraba que \u201cestos objetos eran productos de pacotilla\u201d. La colecci\u00f3n italo-griega la completaban cabecitas de humanos, que Rada calific\u00f3 de exvotos paganos.<\/p>\n<p>A modo de balance, no dud\u00f3 M\u00e9lida en alabar la escrupulosidad con que hab\u00edan sido indicadas las procedencias de las esculturas en el cat\u00e1logo, as\u00ed como la apreciable colecci\u00f3n que pose\u00eda el Museo. Y todo ello, dec\u00eda, a pesar de que \u201cEspa\u00f1a vive muy alejada del gran comercio de antig\u00fcedades\u201d. Su grado de implicaci\u00f3n con el Museo y con el patrimonio muse\u00edstico nacional le llevaron a denunciar el estado de necesidad en el que viv\u00eda el Arqueol\u00f3gico Nacional y la urgencia de acometer reformas en sus instalaciones: \u00abLos pabellones que constituyen el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional est\u00e1n en mal estado, y necesitan frecuentes reparaciones (&#8230;) despu\u00e9s de haber deliberado conmigo mismo, trac\u00e9 \u00abin mente\u00bb un proyecto que no quiero dejar en el olvido, y por eso lo saco a luz y lo estampo con letras de molde sin m\u00e1s objeto que el de proporcionar grata distracci\u00f3n a alg\u00fan lector amante de la Arqueolog\u00eda y de la Historia del Arte (&#8230;) la base del proyecto es concluir de una vez y en breve plazo el palacio de Biblioteca y Museos Nacionales, con arreglo a los planos del arquitecto \u00c1lvaro Rosell\u00bb. M\u00e9lida mostr\u00f3 sus conocimientos de conservador con las propuestas expositivas, en las que ten\u00eda en cuenta criterios de iluminaci\u00f3n, distribuci\u00f3n de espacios, colocaci\u00f3n de vitrinas y prioridades de piezas: \u00ablas cuatro galer\u00edas recibir\u00e1n luz por grandes ventanas corridas, abiertas a tres metros del suelo, con el fin de que por bajo corran las estanter\u00edas donde deber\u00e1n exponerse los objetos peque\u00f1os, ocupando el centro los que por sus dimensiones o su \u00edndole no necesiten resguardarse con cristales\u201d. Sus propuestas se revelaban como un ambicioso proyecto en el que baraj\u00f3 la opci\u00f3n de incorporar la colecci\u00f3n de tapices y la Real Armer\u00eda, sin local entonces, al espacio ocupado por el Ministerio de Fomento, en el palacio de Recoletos. El Museo podr\u00eda llamarse, a propuesta de M\u00e9lida, \u00abMuseo Alfonso XII\u00bb. Pero sus deseos contrastaban con la realidad, como reconoci\u00f3 \u00e9l mismo resignado: \u00abtodo esto son ilusiones, y Dios sabe hasta cu\u00e1ndo lo seguir\u00e1n siendo\u00bb. En todas estas reflexiones y propuestas de naturaleza arquitect\u00f3nica debi\u00f3 de haberse producido una transmisi\u00f3n de conocimientos por parte de su hermano Arturo, familiarizado con los espacios del Paseo de Recoletos, donde a\u00fan se levanta su monumento a Col\u00f3n.<\/p>\n<p>Poco a poco M\u00e9lida iba involucr\u00e1ndose cada vez m\u00e1s en las actividades museol\u00f3gicas del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. El a\u00f1o 1887 comenz\u00f3 con una mala noticia: el robo de once estatuitas romanas de bronce del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. Consumado el hecho, el entonces jefe de la secci\u00f3n de Protohistoria y Edad Antigua del Museo puso todo su empe\u00f1o en recuperar las piezas sustra\u00eddas. Para ello recurri\u00f3 a \u201cLa Ilustraci\u00f3n Espa\u00f1ola y Americana\u201d, que desde ese momento colabor\u00f3 con la publicaci\u00f3n de los grabados y las descripciones con el objeto de que la colaboraci\u00f3n ciudadana pudiera subsanar el robo. Esta revista ilustrada ya hab\u00eda colaborado en la recuperaci\u00f3n del \u201cSan Antonio\u201d de Sevilla y el tapiz de Palacio tiempo atr\u00e1s. M\u00e9lida se hac\u00eda cargo de su doble obligaci\u00f3n, la divulgativa y la cient\u00edfica: \u201cTuve prop\u00f3sito de haber hecho dos trabajos referentes a los bronces robados del Museo: uno meramente descriptivo y breve  para cualquier peri\u00f3dico diario de gran circulaci\u00f3n y otro extenso y un poco m\u00e1s cient\u00edfico para La Ilustraci\u00f3n. Causas ajenas a mi voluntad y a mis buenos deseos me decidieron a no escribir m\u00e1s que estas l\u00edneas. Pero (&#8230;) La Ilustraci\u00f3n y yo autorizamos, desde luego, para reproducirle, como tambi\u00e9n a los peri\u00f3dicos extranjeros que quieran insertar una traducci\u00f3n de \u00e9l\u201d. Aprovechaba as\u00ed la ocasi\u00f3n que le brindaba la revista para describir los bronces robados, explicar las generalidades de esta industria y salir al paso de lo que \u00e9l consideraba errores. Acerca de la figura de bronce de Teseo dec\u00eda que \u201calguien ha dicho que esta figura era moderna, sin embargo, puede compararse con un bronce griego del siglo IV antes de Cristo hallado en Tarento. La trajo a Espa\u00f1a Carlos III y quiz\u00e1s procede de Herculano\u201d. A una figurita de ni\u00f1o alado, un Ceres, un H\u00e9rcules y un Camilo, M\u00e9lida les asign\u00f3 la misma procedencia napolitana.<\/p>\n<p>M\u00e9lida encar\u00f3 el final de 1887 con una nueva aspiraci\u00f3n: conseguir una de las cinco plazas de oficial de Tercer Grado en la convocatoria anunciada por la gaceta oficial del 26 de diciembre. En una carta dirigida al se\u00f1or director general de Instrucci\u00f3n P\u00fablica el 22 de enero de 1888, M\u00e9lida, en su calidad de ayudante del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, se consideraba merecedor de la plaza y \u201csuplica se digne darle por presentado al concurso y al efecto remita a la junta consultativa el expediente\u201d. Ignoro cuales fueron los criterios de elecci\u00f3n para conceder las cinco plazas, pero parece que no se tratar\u00eda de una oposici\u00f3n en toda regla sino de un ascenso similar a una promoci\u00f3n interna. Seg\u00fan el art\u00edculo 41 del reglamento, la posici\u00f3n de M\u00e9lida para merecer la plaza ser\u00eda muy favorable por cumplir los requisitos del citado reglamento: \u201chaber escrito libros y art\u00edculos sobre diversos puntos de Arqueolog\u00eda; haber probado inteligencia, asiduidad y celo en el desempe\u00f1o de su cargo, clasificando y catalogando objetos antiguos en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional; tener adelantados los cat\u00e1logos e inventarios de la Secci\u00f3n de que es jefe en dicho centro; haber desempe\u00f1ado comisiones del servicio en Madrid y en el extranjero, de las cuales una la desempe\u00f1\u00f3 en Par\u00eds, a petici\u00f3n suya, gratuitamente y otra en Lisboa; ser autor de varias obras literarias y pertenecer al Instituto Arqueol\u00f3gico de Berl\u00edn\u201d.<\/p>\n<p>Debi\u00f3 de existir cierta complicidad entre M\u00e9lida y Castellanos de Losada, tal y como se desprende de las palabras de \u00e9ste. Intercedi\u00f3 por \u00e9l para que pudiera beneficiarse de una de las cinco plazas aprovechando su puesto de director del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional y su privilegiada posici\u00f3n entre el funcionariado. Castellanos representaba la institucionalizaci\u00f3n de la erudici\u00f3n hist\u00f3rico\u2013arqueol\u00f3gica y su intento de ligar la Arqueolog\u00eda a las instituciones docentes mediado el siglo XIX, desde sus intentos por promover el progreso de las ciencias arqueol\u00f3gicas en Espa\u00f1a. As\u00ed lo reconocer\u00eda el propio M\u00e9lida en 1895 cuando reconoci\u00f3 la aportaci\u00f3n de Castellanos a la arqueolog\u00eda decimon\u00f3nica, y a haber sido el primero en difundir los conocimientos arqueol\u00f3gicos en Espa\u00f1a. La relaci\u00f3n entre ambos fue de mutua admiraci\u00f3n y no tard\u00f3 Castellanos en adivinar un futuro prometedor en la carrera de M\u00e9lida, como as\u00ed ser\u00eda.<\/p>\n<p>M\u00e9lida complement\u00f3 su labor funcionarial con una labor de difusi\u00f3n que le convert\u00eda en un divulgador excepcional. Desde el momento en el que las distintas publicaciones le brindaron la oportunidad de dar a conocer eventos de tipo cultural, no dud\u00f3 en hacerlo y aprovech\u00f3 para exponer sus conceptos sobre museolog\u00eda. Un buen ejemplo son los art\u00edculos que public\u00f3 en \u201cLa Ilustraci\u00f3n Espa\u00f1ola y Americana\u201d sobre las artes retrospectivas de la Exposici\u00f3n Universal de Barcelona, celebrada en 1888 y para la que hab\u00eda reservada una sala. Reconoc\u00eda que \u201cestas exposiciones de antig\u00fcedades no revisten la importancia de las de antig\u00fcedades americanas o prehist\u00f3ricas, celebradas con ocasi\u00f3n de los congresos cient\u00edficos (&#8230;) en estos se discuten los trascendentales problemas que los objetos expuestos ofrecen a los sabios. Las antig\u00fcedades en las exposiciones universales rara vez llegan a formar colecciones ordenadas sistem\u00e1ticamente, sirviendo s\u00f3lo para que los inteligentes puedan ver y estudiar algunas piezas curiosas o raras\u201d, y lo que era m\u00e1s triste, seg\u00fan M\u00e9lida, \u201cpara que los comerciantes de antig\u00fcedades realicen alg\u00fan negocio\u201d. No obstante, puso de relieve dos hechos en esta exposici\u00f3n: la afici\u00f3n que hab\u00eda a la Arqueolog\u00eda en Catalu\u00f1a y la actitud participativa del clero con la cesi\u00f3n de un alto n\u00famero de joyas art\u00edsticas, a pesar de la contraria disposici\u00f3n del obispo de Tarragona. Justificaba, adem\u00e1s, al gran ausente de la Exposici\u00f3n, el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, alegando riesgos en el traslado de las piezas: \u201cno pudi\u00e9ndose orillar de un modo satisfactorio las formalidades que exig\u00eda el env\u00edo de las valiosas piezas escogidas al efecto\u201d. Se trataba, evidentemente, de una disculpa m\u00e1s forzada que sincera dada su pertenencia a la instituci\u00f3n. Se detecta en su afirmaci\u00f3n un cierto tono de reproche por la ausencia del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, al que M\u00e9lida debi\u00f3 de considerar como asistente ineludible de primera categor\u00eda en este tipo de eventos.<\/p>\n<p>Con motivo de la exposici\u00f3n y de la publicaci\u00f3n de los citados art\u00edculos, el arque\u00f3logo gerundense Enrique Claudio Girbal sali\u00f3 al paso de los planteamientos difundidos por M\u00e9lida y, bajo el t\u00edtulo de La estatua de Carlomagno, el c\u00f3dice del Apocalipsis y el tapiz del g\u00e9nesis de la catedral de Gerona, arremeti\u00f3 contra el arque\u00f3logo madrile\u00f1o. Debi\u00f3 de sentir M\u00e9lida la necesidad de responderle, y as\u00ed lo hizo. Desde las p\u00e1ginas de \u201cLa Ilustraci\u00f3n Espa\u00f1ola y Americana\u201d aprovech\u00f3 para aclarar sus hip\u00f3tesis y para defender sus criterios hist\u00f3ricos en su Cr\u00edtica arqueol\u00f3gica y art\u00edstica. Sus palabras no iban tan encaminadas a la respuesta personal a Girbal sino a despojar de leyendas y falsas atribuciones aquellas piezas o monumentos que hab\u00edan estado vinculados err\u00f3neamente a personajes c\u00e9lebres, sin ser tales sus poseedores: <\/p>\n<p>\u201cla Iglesia es cierto que ha procedido siempre con mucho pulso y delicadeza en todo lo referente al culto, pero con muy poco ciudado en lo referente a las tradiciones de los tesoros art\u00edsticos que guarda. Ah\u00ed est\u00e1 para hacer bueno nuestro aserto el pend\u00f3n de las Navas, que ni fue pend\u00f3n, ni \u00e1rabe-espa\u00f1ol, ni pudo estar en las Navas, adem\u00e1s de otra infinidad de falsas atribuciones que hay en nuestras iglesias (&#8230;) Ha habido un tiempo en que predominaba el af\u00e1n de las atribuciones hist\u00f3ricas, hasta el punto de que no se comprend\u00eda que tuviese valor un objeto antiguo si no se dec\u00eda que hab\u00eda pertenecido o que representaba a alg\u00fan personaje c\u00e9lebre. En nuestra armer\u00eda real, hasta hace poco, se ense\u00f1aban el casco de An\u00edbal, la silla del Cid, la armadura de Isabel la Cat\u00f3lica, etc.; errores hoy, por fortuna, desvanecidos\u201d.<\/p>\n<p>Sus palabras volv\u00edan a reflejar la \u201ccruzada\u201d emprendida por M\u00e9lida para imponer las valoraciones hist\u00f3ricas de una manera rigurosa y cient\u00edfica, sin tener en cuenta la leyenda y el mito sino la verdad hist\u00f3rica. Detr\u00e1s de estos objetos ligados a grandes personajes de la hispanidad, se escond\u00eda una intencionalidad nacionalista dirig\u00eda a la exaltaci\u00f3n de los gloriosos episodios del pasado. Le afectaron los aires de nacionalismo liberal que hab\u00eda dejado de contar con el recurso a viejas prerrogativas como la tradici\u00f3n, el principio din\u00e1stico o la religi\u00f3n. La Iglesia se convirti\u00f3 en esta ocasi\u00f3n en blanco de sus cr\u00edticas, por ser depositaria y responsable de gran parte de los tesoros art\u00edsticos nacionales. Si en los art\u00edculos escritos con motivo de la exposici\u00f3n de artes retrospectivas puso en evidencia al obispo de Tarragona por su falta de colaboraci\u00f3n en la cesi\u00f3n de piezas, ahora reproch\u00f3 la actitud ultraconservadora de aquellos que rehu\u00edan la explicaci\u00f3n cient\u00edfica, coherente y contrastada recurriendo a los mitos hist\u00f3ricos. <\/p>\n<p>A pesar de su ausencia en la Exposici\u00f3n Universal de Barcelona, El Museo Arqueol\u00f3gico Nacional segu\u00eda siendo la m\u00e1xima instituci\u00f3n muse\u00edstica. Despu\u00e9s de veinte a\u00f1os de recorrido, cambi\u00f3 su ubicaci\u00f3n en 1895 a su emplazamiento definitivo, en el Paseo de Recoletos. En este traslado colaboraron un grupo de funcionarios entre los que se encontraba \u00c1lvarez-Ossorio, futuro sucesor de M\u00e9lida como director del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. M\u00e9lida confiaba en que comenzara \u201cahora a vivir, pues la vida que ha llevado sobre todo en sus primeros a\u00f1os en el Viejo Casino de la Reina &#8211; a la saz\u00f3n, edificio en el que permaneci\u00f3 M\u00e9lida durante sus 10 primeros a\u00f1os en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, que hab\u00eda sido inaugurado en julio de 1871 -, en los confines de la calle y del Barrio de Embajadores, por muchos motivos puede considerarse como su per\u00edodo de gestaci\u00f3n\u201d. Lament\u00f3 el abandono que hab\u00eda sufrido la instituci\u00f3n y, sobre todo, el escaso inter\u00e9s que hab\u00eda despertado entre el p\u00fablico nacional: \u201cLos extranjeros, los forasteros, que por las gu\u00edas ten\u00edan noticia de la existencia del Museo, han sido durante mucho tiempo casi los \u00fanicos visitantes que se ve\u00edan en aquellas desiertas salas\u201d. Incluso, recordaba el entorno del antiguo Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, como rodeado por una atm\u00f3sfera hostil que no invitaba precisamente a acercarse hasta sus salas: \u201cchiquillos harapientos, chulas de la f\u00e1brica de tabacos, eti\u00f3picos gitanos y algunos v\u00e1ndalos (&#8230;) hab\u00eda que atravesar aquel peligroso \u00abMadrid prehist\u00f3rico\u00bb para llegar al Museo Arqueol\u00f3gico (&#8230;) el Casino de la Reina era su \u00abclaustro materno\u201d. Del pasado m\u00e1s negro, rememoraba M\u00e9lida la intentona de incendio de que fue v\u00edctima el Casino de la Reina en los d\u00edas que estall\u00f3 la Gloriosa en septiembre de 1868. Calific\u00f3 a los asaltantes como \u201cuna turba de flamantes reformadores de lo existente, que \u00abacalorados\u00bb por el grito de \u00ababajo los Borbones\u00bb, sin mirar que aquello no era ya Casino de la Reina, rociaron con aguarr\u00e1s la fachada del Museo y la prendieron fuego. El conserje pudo cortar el incendio y la intentona, convenciendo a los asaltantes de que aquello no era ya de la Reina\u201d. Tambi\u00e9n se hizo eco M\u00e9lida del atentado sobre la persona de Jos\u00e9 Amador de los R\u00edos, cuya adhesi\u00f3n a las ideas de los ca\u00eddos en 1868 le puso m\u00e1s de una vez en grave trance de muerte, hasta obligarle a refugiarse en el Ministerio de Fomento y luego a dimitir de su cargo de director. Seg\u00fan M\u00e9lida, el Casino de la Reina se encontraba en una zona urbana af\u00edn a la causa liberal, como demostraba el hecho de que hab\u00eda sido nombrado Ventura Ruiz Aguilera como sustituto de Amador de los R\u00edos, cuya significaci\u00f3n liberal debi\u00f3 de contribuir a templar la naciente hostilidad de las gentes del barrio al Museo. Las nuevas instalaciones habilitadas en 1895, a pesar de lo positivo del cambio, hab\u00edan sido concebidas con un criterio algo caduco para lo que se estilaba entonces en otros pa\u00edses del continente. Hasta 1933 no estuvo el Museo a la altura de sus hom\u00f3nimos europeos.<\/p>\n<p>Ciertamente la \u201cSeptembrina\u201d caus\u00f3 inestabilidad y agitaciones para la vida del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. No obstante, los conventos sobre los que \u201cla Gloriosa\u201d extendi\u00f3 sus acciones revolucionarias y los viajes realizados por varios individuos del Museo, comisionados para adquirir objetos antiguos, fomentaron extraordinariamente el caudal muse\u00edstico de la instituci\u00f3n, como reconoci\u00f3 el propio M\u00e9lida.<\/p>\n<p>M\u00e9lida echaba de menos una sistematizaci\u00f3n de los vasos del Museo madrile\u00f1o al nivel del cat\u00e1logo de los vasos del Louvre. Como ceram\u00f3grafo ten\u00eda muy en cuenta la labor desempe\u00f1ada por Edmund Pottier, conservador de la secci\u00f3n de cer\u00e1mica del Louvre y formado en la Escuela Francesa de Atenas y referente para el arque\u00f3logo madrile\u00f1o en materia ceramogr\u00e1fica, como muestran algunas misivas intercambiadas entre ambos. De Pottier era el cat\u00e1logo de los vasos del museo parisino,  en cuyo recuento estad\u00edstico denunciaba M\u00e9lida que \u201cpara nada figuran las colecciones de Madrid\u201d. Reconoc\u00eda M\u00e9lida con resignaci\u00f3n que los libros espa\u00f1oles apenas gozaban de circulaci\u00f3n entre los pa\u00edses europeos. Una queja subliminal que trataba de servir como est\u00edmulo a la ciencia espa\u00f1ola, a la que M\u00e9lida trat\u00f3 de \u201ceuropeizar\u201d al m\u00e1s puro estilo unamuniano. En cierto modo, particip\u00f3 de esa corriente inconformista y aperturista que propon\u00edan los hombres de la generaci\u00f3n del 98. Enlazaba M\u00e9lida con la mentalidad de estos hombres, resumida en tres puntos: amor, descubrimiento y cr\u00edtica de Espa\u00f1a. Todos los intentos de cambio y mejora que proyectaron los intelectuales noventayochistas (como Ortega, Unamuno o Joaqu\u00edn Costa) en la sociedad espa\u00f1ola de estos a\u00f1os, la traslad\u00f3 M\u00e9lida al campo de las artes y la Arqueolog\u00eda. Se convirti\u00f3 as\u00ed en uno de los abanderados del movimiento regeneracionista cultural en el campo de las ciencias. En palabras de Fernando Wulff, \u00abel 98 no lo es todo, pero es el marco en el que se inicia el replanteamiento historiogr\u00e1fico\u00bb. El Regeneracionismo, en su concepto global, implicaba una vertebraci\u00f3n econ\u00f3mica, ascensi\u00f3n de nuevas capas medias, avance de la democracia, activaci\u00f3n del desarrollo cient\u00edfico-tecnol\u00f3gico y mejora del sistema educativo.<\/p>\n<p>En los trece a\u00f1os que transcurrieron entre 1884 y 1897, M\u00e9lida se consolid\u00f3 en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional y acumul\u00f3 un buen n\u00famero de experiencias muse\u00edsticas. Su participaci\u00f3n en labores de catalogaci\u00f3n; sus comisiones en cert\u00e1menes y exposiciones coloniales; y su aplicaci\u00f3n de criterios expositivos en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional hicieron de \u00e9l un t\u00e9cnico consagrado. Entr\u00f3 con 24 a\u00f1os en el Museo y con 40 acumulaba ya una considerable experiencia. Esta etapa de su vida signific\u00f3 para \u00e9l la asimilaci\u00f3n de aquellos conceptos adquiridos en los centros en los que forj\u00f3 su formaci\u00f3n: Escuela Superior de Diplom\u00e1tica, Instituci\u00f3n Libre de Ense\u00f1anza y Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. Toda su producci\u00f3n tanto literaria como museol\u00f3gica se inscrib\u00eda dentro del proceso de \u201cnacionalizaci\u00f3n\u201d del Patrimonio Nacional. M\u00e9lida percibi\u00f3 en los Museos no s\u00f3lo una funci\u00f3n de custodia y exposici\u00f3n de objetos sino el lugar destinado a despertar las inquietudes culturales del gran p\u00fablico, para as\u00ed recuperar la memoria colectiva contenida en la cultura material del pasado.<\/p>\n<p>            1.4  Tercera etapa de M\u00e9lida en el  Museo Arqueol\u00f3gico Nacional (1916-1930). El director<\/p>\n<p>Uno de los momentos m\u00e1s relevantes en la trayectoria profesional de M\u00e9lida fue su nombramiento como director del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, instituci\u00f3n creada en 1867 e inaugurada en su nueva y actual sede en 1895. Su cargo de director coincid\u00eda entonces con el de Anticuario de la Real Academia de la Historia, un hecho que nos obliga a recordar la colaboraci\u00f3n institucional en ciertas iniciativas en las que compart\u00edan intereses comunes. El desempe\u00f1o del cargo de director del Museo por algunos Anticuarios de la Academia que aspiraban a formar en el Museo un \u201cgran lapidario\u201d hisp\u00e1nico hizo que a partir de 1907, siendo Fita Anticuario, se depositaran en \u00e9l las piezas m\u00e1s voluminosas. Desde las primeras comisiones decimon\u00f3nicas, el Museo hab\u00eda ido acrecentando su caudal de materiales de forma progresiva hasta el nuevo impulso que M\u00e9lida le imprimi\u00f3 a su pol\u00edtica de adquisiciones y donaciones.<\/p>\n<p>El d\u00eda 8 de marzo de 1916, M\u00e9lida dej\u00f3 de prestar servicio en el Museo de Reproducciones Art\u00edsticas, despu\u00e9s de quince a\u00f1os ejerciendo el cargo, para dirigir la m\u00e1xima instituci\u00f3n muse\u00edstica nacional en el \u00e1mbito arqueol\u00f3gico. Un d\u00eda m\u00e1s tarde se reunieron en el despacho de la direcci\u00f3n del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional todos los empleados facultativos de entonces: Manuel P\u00e9rez Villamil, Francisco \u00c1lvarez-Ossorio, Narciso Sentenach, Ignacio Olavide, Ignacio Calvo, Alfonso Amador de los R\u00edos y Ram\u00f3n Revilla, con el objeto de recibir al nuevo director. M\u00e9lida entraba a sustituir al entonces director interino Manuel P\u00e9rez Villamil quien &#8211; a su vez &#8211; sustitu\u00eda en el cargo a Rodrigo Amador de los R\u00edos. Los empleados facultativos antes citados confiaban en el \u00abimpulso que ha de dar a la empresa de catalogaci\u00f3n del Museo ajustada a las necesidades de la ense\u00f1anza moderna y publicar los cat\u00e1logos\u00bb, teniendo en cuenta su conocimiento de la instituci\u00f3n tras los cuarenta a\u00f1os &#8211; se cumplieron el d\u00eda 16 de febrero de 1916, si bien el nombramiento oficial hab\u00eda sido el d\u00eda 4 de febrero &#8211; que M\u00e9lida hab\u00eda trabajado en el Museo. Hab\u00eda ingresado como aspirante sin sueldo de la secci\u00f3n primera en 1876. La designaci\u00f3n de M\u00e9lida como nuevo director fue acogida positivamente incluso en otras provincias como Soria, donde llevaba ya 10 a\u00f1os excavando Numancia, y Gerona. <\/p>\n<p>El nombramiento de M\u00e9lida en la instituci\u00f3n museol\u00f3gica de mayor importancia nacional en el campo de la Arqueolog\u00eda le situaba en una posici\u00f3n dominante desde el punto de vista laboral. Su labor como arque\u00f3logo hab\u00eda descrito la trayectoria que el escalaf\u00f3n funcionarial dictaba entonces, ci\u00f1\u00e9ndose al cursus m\u00e1s o menos oficial. En virtud de estas valoraciones y atendiendo a criterios objetivos, M\u00e9lida ha sido considerado como un institucionista. El caso es que fue nombrado director y detr\u00e1s de esta decisi\u00f3n se encontraba el entonces Ministro de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Bellas Artes Julio Burell Cu\u00e9llar, cuyo cargo ostent\u00f3 entre diciembre de 1915 y abril de 1917. Los empleados facultativos debieron de actuar como \u00f3rgano consultivo que avalara la ejecuci\u00f3n de la decisi\u00f3n pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Si analizamos de manera individual a los empleados facultativos que aprobaron el nombramiento de M\u00e9lida ser\u00e1 posible comprender los motivos que favorecieron su ascenso a la direcci\u00f3n del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. Uno de ellos, Francisco \u00c1lvarez-Ossorio, conoc\u00eda de sobra sus aptitudes en labores de inventario y catalogaci\u00f3n ya que hab\u00eda compartido con \u00e9l horas de trabajo desde que M\u00e9lida fuera nombrado jefe de la secci\u00f3n primera del Museo en 1884. De hecho, con \u00c1lvarez-Ossorio prepar\u00f3 M\u00e9lida el cat\u00e1logo sistem\u00e1tico de la colecci\u00f3n prehist\u00f3rica, que estaba destinado al cat\u00e1logo general y abreviado del Museo. Incluso, hab\u00edan publicado conjuntamente los aumentos de las colecciones desde la celebraci\u00f3n de las exposiciones hist\u00f3ricas celebradas en Espa\u00f1a en 1892 en un art\u00edculo publicado en la \u201cRevista de Archivos, Bibliotecas y Museos\u00bb. Su estrecha colaboraci\u00f3n en el plano profesional se vi\u00f3 reforzada a\u00f1os m\u00e1s tarde &#8211; entre 1904 y 1905 &#8211; cuando acometieron de forma conjunta la labor de separar las piezas aut\u00e9nticas de las falsas procedentes del Cerro de los Santos. Por entonces, \u00c1lvarez-Ossorio era ya jefe de la secci\u00f3n primera del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional.<\/p>\n<p>Otro de los miembros del Cuerpo Facultativo que particip\u00f3 en la elecci\u00f3n fue Narciso Sentenach, con quien coincidi\u00f3 M\u00e9lida en el consejo de redacci\u00f3n de la \u00abRevista de Archivos, Bibliotecas y Museos\u00bb durante las dos primeras d\u00e9cadas del siglo XX. Adem\u00e1s, Sentenach formaba parte de aquel grupo de historiadores comprometidos con el progreso de las ciencias hist\u00f3ricas en Espa\u00f1a. \u00c9sto le convert\u00eda en un hombre de letras cuyos objetivos eran comunes a los del propio M\u00e9lida, y cuya amistad se remontaba a su participaci\u00f3n en las lecciones del Ateneo y en la \u00abSociedad de Excursionistas de Madrid\u00bb en los \u00faltimos veinte a\u00f1os del XIX. Otra prueba evidente de la cercana relaci\u00f3n personal y profesional que exist\u00eda entre ambos es la recepci\u00f3n p\u00fablica de Sentenach en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando el 13 de octubre de 1907, ocho a\u00f1os despu\u00e9s que M\u00e9lida. En el referido acto, el arque\u00f3logo madrile\u00f1o pronunci\u00f3 un discurso en honor de su amigo Sentenach. Otro centro de formaci\u00f3n com\u00fan a ambos fue el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional, donde Sentenach lleg\u00f3 a ocupar el cargo de jefe de la secci\u00f3n americana.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n Revilla tambi\u00e9n formaba parte de la Junta Facultativa que favoreci\u00f3 la designaci\u00f3n de M\u00e9lida como director y desempe\u00f1aba entonces el cargo de conservador del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. Por otra parte, Manuel P\u00e9rez Villamil hab\u00eda compartido con M\u00e9lida las sesiones acad\u00e9micas en la Real Academia de la Historia, al tomar posesi\u00f3n en 1907, un a\u00f1o m\u00e1s tarde que el propio M\u00e9lida. Ignacio Calvo era otro ilustre alcarre\u00f1o, como Juan Catalina Garc\u00eda, con formaci\u00f3n sacerdotal. Hab\u00eda tomado en 1901 posesi\u00f3n de su nuevo cargo de Conservador de la secci\u00f3n de Numism\u00e1tica del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional en Madrid, ganado por oposici\u00f3n, e impart\u00eda clases de \u00e1rabe en la Universidad Central. Le un\u00eda tambi\u00e9n a M\u00e9lida su participaci\u00f3n en excavaciones arqueol\u00f3gicas en la provincia de Soria, como Tiermes, Uxama y Clunia. Alfonso Amador de los R\u00edos e Ignacio Olavide completaban la Junta Facultativa.<\/p>\n<p>A ra\u00edz del nombramiento de M\u00e9lida, qued\u00f3 vacante la plaza de director del Museo de Reproducciones Art\u00edsticas, que fue cubierta al ser designado nuevo director Rodrigo Amador de los R\u00edos y Fern\u00e1ndez Villalta por orden de Su Majestad el Rey Alfonso XIII. Dos oficios, uno firmado por el subsecretario del Ministerio de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Bellas Artes el 4 de marzo de 1916; y otro enviado por \u00e9ste al jefe superior del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arque\u00f3logos regulaban el nombramiento. Sin embargo, apenas pudo disfrutar de esta designaci\u00f3n ya que Rodrigo Amador de los R\u00edos fallecer\u00eda el 3 de mayo de 1917. Otro oficio, fechado en 28 de junio de 1916 y firmado tambi\u00e9n por el subsecretario del Ministerio de Instrucci\u00f3n P\u00fablica y Bellas Artes &#8211; en su secci\u00f3n de Archivos, Bibliotecas y Museos &#8211; establec\u00eda que Casto Mar\u00eda del Rivero y S\u00e1inz de Varanda, que entonces prestaba sus servicios en el Museo de Reproducciones Art\u00edsticas, pasara a continuarlos en el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional.<\/p>\n<p>Para conocer la gesti\u00f3n de Jos\u00e9 Ram\u00f3n M\u00e9lida al frente del Museo Arqueol\u00f3gico Nacional conviene citar su iniciativa a la hora de editar y redactar una Nueva gu\u00eda hist\u00f3rica y descriptiva del Museo &#8211; en el que se abordaban los criterios de clasificaci\u00f3n de los fondos &#8211; en 1917; y resulta imprescindible calibrar su pol\u00edtica de adquisiciones y donaciones. En el cap\u00edtulo de las donaciones y adquisiciones (ap\u00e9ndice III), dio cuenta de un buen n\u00famero de ellas, cuya documentaci\u00f3n entre 1916 y 1926 se conserva en el Archivo General de la Administraci\u00f3n Civil de Alcal\u00e1 de Henares. Desde el punto de vista de la organizaci\u00f3n y exposici\u00f3n de las piezas, cabe se\u00f1alar que estaban organizadas en cuatro salas: Protohistoria y Edad Antigua; Edades Media y Moderna; Numism\u00e1tica y Dactilograf\u00eda; y Etnograf\u00eda. Es decir, segu\u00eda imperando un criterio impreciso que mezclaba cronolog\u00eda con disciplinas. En el plano arquitect\u00f3nico y estructural interno, M\u00e9lida acometi\u00f3 una reinstalaci\u00f3n moderada con suelos entarimados en algunas salas y compr\u00f3 grandes vitrinas di\u00e1fanas que compensaban la falta de luz natural. Su dimisi\u00f3n del cargo se produjo el 3 de junio de 1930, tal como reza La Gazeta del 3 de junio de 1930. El Museo abr\u00eda todos los d\u00edas laborables de 10 de la ma\u00f1ana a 4 de la tarde, en invierno; y de 7 a 1 de la ma\u00f1ana, en verano. La entrada era p\u00fablica y gratuita. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniel Casado Rigalt Nadie mejor que Jos\u00e9 Ram\u00f3n M\u00e9lida ejemplifica la trayectoria de una instituci\u00f3n como el Museo Arqueol\u00f3gico Nacional. M\u00e9lida creci\u00f3 y se form\u00f3 como conservador de forma paralela al desarrollo institucional del Museo, fundado s\u00f3lo nueve a\u00f1os antes de que M\u00e9lida se incorporara a su plantilla, como ayudante, en 1876. 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