{"id":1268,"date":"2014-10-20T16:06:17","date_gmt":"2014-10-20T16:06:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.historiaudima.com\/?p=1268"},"modified":"2021-11-18T07:34:48","modified_gmt":"2021-11-18T07:34:48","slug":"bicentenario-del-congreso-de-viena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.udima.es\/historia\/bicentenario-del-congreso-de-viena\/","title":{"rendered":"Bicentenario del Congreso de Viena"},"content":{"rendered":"<p>Este 1 de octubre se ha cumplido el bicentenario de la apertura del Congreso de Viena, que reajust\u00f3 las fronteras del viejo continente tras el cataclismo napole\u00f3nico y restaur\u00f3 la soberan\u00eda de los monarcas sobre las ruinas de la onda expansiva de la Revoluci\u00f3n de 1789.<br \/>\nPor ello no estar\u00eda de m\u00e1s traer a primer plano a Charles-Maurice de Talleyrand, la figura m\u00e1s sobresaliente en aquel gran encuentro diplom\u00e1tico. Talleyrand naci\u00f3 en el reinado de Luis XV y muri\u00f3 bajo la Monarqu\u00eda de Julio habiendo ocupado los m\u00e1s altos cargos en la Iglesia y el Estado. Obispo en el Antiguo R\u00e9gimen, fue diputado de la Asamblea Constituyente, embajador en Londres de la Francia revolucionaria, ministro durante el Directorio, el Consulado y el Imperio, plenipotenciario de Luis XVIII en Viena y su jefe de gabinete en la Restauraci\u00f3n. Talleyrand obtiene en Viena para un pa\u00eds derrotado casi todas las mieles del triunfo, mientras se margina a la Espa\u00f1a vencedora de Napole\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/blogs.udima.es\/historia\/wp-content\/uploads\/talleyrand.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-1271 size-medium\" src=\"https:\/\/blogs.udima.es\/historia\/wp-content\/uploads\/talleyrand-291x300.jpg\" alt=\"talleyrand\" width=\"291\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/blogs.udima.es\/historia\/wp-content\/uploads\/talleyrand-291x300.jpg 291w, https:\/\/blogs.udima.es\/historia\/wp-content\/uploads\/talleyrand.jpg 367w\" sizes=\"(max-width: 291px) 100vw, 291px\" \/><\/a><\/p>\n<p>El franc\u00e9s fue el primog\u00e9nito de una de las m\u00e1s linajudas familias aristocr\u00e1ticas. \u00abLos que no han vivido antes de 1789 no conocen la dulzura de vivir\u00bb, apuntar\u00e1. Esos a\u00f1os infantiles los marca una bisabuela afectuosa, ejemplo de esa aristocracia de provincias cuya vida transcurre con dignidad y parsimonia. Pero los marca mucho m\u00e1s la ni\u00f1era que descuida al peque\u00f1o sobre una c\u00f3moda. La ca\u00edda no solo deforma para siempre su pie derecho. Tuerce su destino. Privado del t\u00edtulo y la fortuna familiares en favor del segund\u00f3n, al cojo se le niega la milicia y se le despeja la carrera eclesi\u00e1stica. El creyente sincero bordear\u00e1 el \u00abser odioso\u00bb a que le empuja el infortunio por vestir los h\u00e1bitos. Y hallar\u00e1 en la b\u00fasqueda del poder la ocasi\u00f3n del desquite y la revancha.<br \/>\nPero hay una \u00absegunda raz\u00f3n\u00bb en esa inteligencia portentosa, sajada de sentimiento: tener que medrar en una \u00e9poca con la que est\u00e1 disconforme. No es fiel a reg\u00edmenes cuya ideolog\u00eda calladamente detesta ni a hombres que no ganaron su afecto. El cortesano educado en la \u00abdulzura de vivir\u00bb dieciochesca cree en una Francia formada por la lenta y paulatina asimilaci\u00f3n de las tierras adquiridas por el rey, obrero de la unidad nacional. El fruto de toda victoria militar resulta as\u00ed tan ef\u00edmero como los elogios. Seg\u00fan Garrigues D\u00edaz-Ca\u00f1abate, \u00abNapole\u00f3n perdi\u00f3 la \u00faltima batalla, que es perder la guerra; Talleyrand gan\u00f3 la paz y salv\u00f3 a Francia\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este 1 de octubre se ha cumplido el bicentenario de la apertura del Congreso de Viena, que reajust\u00f3 las fronteras del viejo continente tras el cataclismo napole\u00f3nico y restaur\u00f3 la soberan\u00eda de los monarcas sobre las ruinas de la onda expansiva de la Revoluci\u00f3n de 1789. 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