El Ebitda no es el resultado bruto de la explotación

He visto en los últimos meses en más de un periódico de información económica el uso erróneo como sinónimo de dos conceptos distintos: el EBITDA y el resultado bruto de la explotación.

Ninguno de los dos está definido en el Plan General de Contabilidad. El primero es un concepto de gestión y el segundo pertenece al ámbito de la contabilidad analítica.

El EBITDA representa el margen de beneficio antes de intereses e impuestos más las amortizaciones. Sus siglas en inglés son earnings before interest, tax, depreciations and amortizations.En la terminología inglesa se diferencia entre la amortización del activo material (depreciation) y la amortización del activo intangible (amortization). A efectos de la contabilidad española, tal diferenciación terminológica resulta irrelevante, pues el término “depreciación” hace referencia a la pérdida de valor del activo no corriente, mientras que “amortización” es la expresión contable de dicha amortización, sea el bien material o intangible.

 

El uso de este indicador se ha generalizado entre responsables de empresas, tanto financieros como no financieros, así como entre los analistas financieros.Es uno de los márgenes más populares ¿Qué es lo que representa? Representa el margen de explotación de una empresa sin incluir aquellos gastos que tienen naturaleza no desembolsable, esto es, aquéllos que no suponen salida de caja. A este respecto, el gasto no desembolsable por antonomasia en una empresa es el gasto de amortización. Si se suma este importe de dicho gasto al resultado de las operaciones (beneficio antes de intereses e impuestos o resultado neto de la explotación) obtendremos aproximadamente el beneficio resultante de los ingresos menos los gastos que han supuesto salida de fondos de la empresa.

 

No obstante, cabe señalar que esta definición de EBITDA es inexacta, puesto que en la cuenta de pérdidas y ganancias de la empresa puede haber tanto ingresos de naturaleza no embolsable (trabajos realizados por la empresa para su inmovilizado, traspaso de una subvención al resultado del ejercicio, aplicación de un exceso de provisión, etc.), como gastos no desembolsables adicionales a las amortizaciones (dotación de provisiones, deterioros, etc.) En este sentido, una definición más estricta de EBITDA sería la de:

 

EBITDA = beneficio antes de intereses e impuestos + gastos de explotación no desembolsables – ingresos de explotación no embolsables.

 

Hablaremos pues del margen que nos informa de un modo aproximado del resultado de las operaciones asociado al flujo de caja de las mismas, pero no debe confundirse el EBITDA con dicho flujo de caja. El flujo de caja de las operaciones se refiere al cash flowo Estado de Flujos de Efectivo. El cash flowde la explotación o Flujos de Efectivo de las Actividades de Explotación (FEAE) tiene en cuenta también la periodificación de cobros y pagos, al considerar la variación del capital corriente adicionalmente al resultado ajustado. Del mismo modo, también considera dentro de las operaciones los cobros y pagos referidos al impuesto sobre beneficio así como los ingresos y gastos financieros; mientras que todas estas particularidades no se recogen en el EBITDA.

 

El EBITDA podría asimilarse en todo caso a la suma de los apartados 1 y 2 del Estado de Flujos de Efectivo, donde partiendo del resultado antes de impuestos, se realizan aquellos ajustes que corresponden a gastos no desembolsables e ingresos no embolsables, más los ajustes correspondientes a los ingresos y gastos financieros, que están influyendo en el resultado antes de impuestos, y más los ajustes que dejan sin efecto el resultado por enajenación de inmovilizado en el resultado neto de la explotación, dado que aunque éste pertenece a dicho renglón, no es estrictamente un resultado consecuencia de la explotación de la empresa.

Por otra parte, el resultado bruto de la explotación (RBE) tiene un significado conceptualmente muy distinto. Este renglón es la primera medida del resultado de la empresa. Contrapone las ventas obtenidas a los costes incurridos para producir los bienes vendidos o los servicios prestados (coste de las ventas o coste de la mercancía vendida).

Para poder determinar el coste de las ventas, se necesita disponer de una cuenta analítica de pérdidas y ganancias. La misma exige la reagrupación de todos los conceptos de compras y gastos por naturaleza en costes y gastos por actividades. A ese respecto, es necesario asignar a las partidas por naturaleza un “cometido” o destino preguntándose en cada caso: ¿Para qué incurrimos en dicho consumo? Los consumos por naturaleza, podrán dedicarse para actividades de producción, de comercialización, de administración, de financiación, etc. Dicha reagrupación no la proporciona el Plan General de Contabilidad, sino el conocimiento interno la empresa del destino del consumo de los recursos. Toda esa información es confidencial, no está sujeta a Auditoría y es requerida por la dirección de la empresa como apoyo para la toma de decisiones.

El coste de la mercancía vendida o coste de las ventas se determina a partir del coste de producción.

Los componentes del coste de producción son tres:

  • El consumo de la materia prima.
  • La mano de obra directa, esto es, la que se puede identificar con los productos, y que se aplica para su transformación.
  • Los costes generales de fabricación. Los mismos son costes indirectos, esto es, no son directamente imputables a una unidad de producto, pero son necesarios para la fabricación; por ejemplo, alquileres, suministros, amortizaciones de la maquinaria, etc. Todos estos consumos son imprescindibles para la fabricación del bien, lo que ocurre es que no se pueden imputar de modo directo a cada unidad producida, sino que hay que hacerlo a través de un inductor (horas máquina, horas hombre, metros cuadrados, etc.). Los costes generales de fabricación serán, pues, mayor valor de cada unidad producida y se incorporarán a la cuenta de resultados cuando dicha unidad producida se venda. Entretanto eso no se produzca, se considerarán como mayor valor de las existencias.

 

El coste de la producción más las existencias iniciales de productos en curso menos las existencias finales de productos en curso se convierte en el coste de los productos terminados.

El coste de productos terminados más las existencias iniciales de productos terminados menos las existencias finales de productos terminados se convierte en el coste de la mercancía vendida o coste de las ventas.

Restando de los ingresos el coste de las ventas se obtiene el resultado bruto de la explotación.

Se dice que, en términos de “salud económica”, una empresa tiene que tener un resultado bruto de la explotación lo más alto posible, pues de ese modo dispondrá de margen para poder atender al resto de los gastos de la explotación, a los gastos financieros y a los impuestos.

De acuerdo con las definiciones detalladas, utilizar el EBITDA como sinónimo de resultado bruto de la explotación es un error conceptual grave. El EBITDA no define qué consumos son coste sino qué margen tiene la empresa después de corregir en el resultado de la explotación el impacto que sobre el mismo tienen los gastos no desembolsables y los ingresos no embolsables; y ello no tiene nada que ver con que los mismos sean costes o no.

José Ignacio Llorente Olier

Madrid, 4 de diciembre de 2015

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