¿Y si no cambiamos la hora?

Ha comenzado la primavera (los días tienden a ser más largos con más horas de luz solar) y en la madrugada del sábado 28 de marzo al domingo 29 de marzo en toda Europa tuvimos que adelantar los relojes una hora: a las 2:00 a.m. fueron las 3:00 a.m., durmiendo una hora menos.
El Real Decreto 236/2002, de 1 de marzo, establece la hora de verano en España, al incorporar al ordenamiento jurídico español la Directiva europea.

En él se establece implícitamente que la norma anterior es de aplicación indefinida. La llamada “hora de verano”, es llevada a cabo en el período del año durante el cual el reloj se adelanta en sesenta minutos respecto al resto del año, comenzando el último domingo de marzo y terminando el último domingo de octubre.
Según estimaciones que se hicieron hace diez años del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, Entidad Pública Empresarial del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, el potencial máximo de ahorro en iluminación en nuestro país, por el cambio de hora, puede llegar a representar un 5% del consumo eléctrico en iluminación, equivalente a unos 300 millones de euros.
De esa cantidad, 90 millones de euros corresponderían al potencial de los hogares españoles, lo que supone un ahorro de 6 euros por hogar; mientras que los otros 210 millones de euros restantes se ahorrarían en los edificios del sector terciario y en la industria.

La España peninsular tiene actualmente una hora oficial (GMT+1), 1 hora por encima de la que realmente le correspondería por su situación geográfica (GMT+0), llegando a ser ese desfase de 2 horas en el caso de la comunidad autónoma de Galicia. Canarias posee una hora oficial (GMT+0), también 1 hora menos de la que le correspondería (GMT-1).
Al no coincidir la hora oficial con la solar, en la mayor parte de España amanece más tarde y anochece también más tarde que en los países de nuestro entorno europeo.
Por este motivo, en el caso de España ya se aplica una hora de adelanto durante todo el año, por lo que los beneficios de la hora de verano que tienen otros países, cuyo horario normal corresponde a su huso horario, ya han sido tenidos en cuenta. En España, el sol suele brillar alrededor de nueve horas en invierno y dieciséis en verano. Si adelantamos el reloj, como hacemos ahora por la hora de verano, nos encontramos en la mayor parte de la península con dos horas, en Galicia tres horas, de diferencia con respecto a nuestra hora solar. Durante siete meses al año, logramos conseguir un periodo de más luz diurna, pero a cambio de tener un mayor número de horas de calor, con altas temperaturas en los meses de junio a agosto, provocando que los máximos históricos de consumo eléctrico se produzcan en esos meses.

No es claro que el adelanto de la hora, tal como se realiza, tenga tantos beneficios de ahorro energético como se le adjudican. Los beneficios conocidos más importantes del horario de verano son sociológicos: dos terceras partes de los encuestados consideran positivo tener más horas de luz por las tardes para realizar actividades al aire libre, pero la nueva hora no conduce automáticamente a una jornada laboral más corta en la que se puedan disfrutar de un mayor número de horas de tiempo libre.
El cambio de hora en nuestro incorrecto huso horario (el cambio de huso fue una medida provisional tomada por orden de 7 de marzo de 1940), provoca que al amanecer y anochecer más tarde que en el resto de países europeos, el horario laboral español se prolongue más que en los demás países de nuestro entorno, provocando problemas para conciliar la vida profesional, personal y familiar. El pasado año se aprobó en Consejo de Ministros destinar más de 1.529 millones (dentro del Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades 2014-2016) para apoyar la conciliación y corresponsabilidad de los ciudadanos. Pienso que el acercamiento de nuestros horarios con los del resto de Europa, y la vuelta al huso horario del meridiano de Greenwich (que es el que nos corresponde) es lo que beneficia a nuestra economía y a nuestra vida cotidiana, lejos de un cambio a la hora de verano.

Si no realizásemos el cambio de hora, acercaríamos nuestra hora oficial a la solar y eso facilitaría modificar algunos hábitos para mejorar nuestra calidad de vida. Nos podríamos seguir despertando a la misma hora, pero cuando nos levantásemos no tendríamos que esperar tanto tiempo para encontrar el amanecer del día. Un desayuno copioso en nuestra propia casa proporcionaría ventajas para afrontar todo el día y beneficiaría nuestra dieta, puesto que el aporte calórico consumido serviría para el resto de la jornada. Empezando a trabajar (por ejemplo) a las 9:00 no sería necesario a media mañana un parón en la jornada laboral para el 2º desayuno de las 11:00 que actualmente realizamos, y ganaríamos ya 30 minutos. Podríamos también adelantar un poco el almuerzo a partir de las 13:00 y dedicar una hora en vez de dos a una comida más ligera (que no consiste en “un sándwich en la mesa de trabajo”) de un plato abundante y postre en vez de dos. De esta manera, el estómago no debe realizar una digestión pesada y sería más fácil reiniciar el trabajo sobre las 14:00. Después de las 18:00, tras una jornada laboral de 8 horas bien aprovechadas (nuestra productividad por hora trabajada actualmente es mucho más baja que la media europea) tendríamos el resto de la tarde para nuestra vida personal y familiar, ganando hasta dos horas. El horario escolar debería adaptarse al horario de los padres, evitando niños con jornada intensiva y padres con jornada partida. Disponer de tiempo para estar con los hijos es clave para su educación y evitar el fracaso escolar. A partir de las 20:30 podríamos cenar y sería la hora donde las principales cadenas ofrecieran sus informativos. El “prime time” de nuestras televisiones podría comenzar de 21:00 a 23:00 y contaríamos entonces con una hora más de sueño que es lo que nos separa del resto de europeos, levantándonos al día siguiente más descansados.
Con este horario, se facilitaría una mayor apertura de las exportaciones españolas a los mercados europeos, puesto que al coordinar los horarios de nuestras jornadas laborales con el resto de Europa, se mejorarían nuestras relaciones comerciales facilitando el contacto entre países. Los turistas, que en España contribuyen al 10,9% del PIB y generan el 11,9% del empleo, agradecerían dicha modificación sintiéndose menos sorprendidos de nuestro desordenado estilo de vida.

Profesor Doctor Universidad a Distancia de Madrid.José María Fernández-Crehuet
Delegado internacional de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios (ARHOE).

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