Podemos definir la personalidad como el patrón característico de la forma de ser y de comportarse de una persona. Habitualmente se describe ese patrón de comportamiento en términos de disposiciones o rasgos. Varias son las teorías o modelos que se han descrito de personalidad. Entre los más conocidos destacan los elaborados por:

  • R.B.Cattell con su teoría de los 16 factores de la personalidad (cuestionario 16PF).
  • Eysenck, que propone dos grandes rasgos o dimensiones básicas de la personalidad: extraversión-introversión y neuroticismo (Cuestionario EPI y cuestionario EPQ).

Al hablar de personalidad, Pruebas Psicotécnicas nos advierte que no podemos confundirla con “carácter”. Este término, hoy en desuso en la psicología, abarca el conjunto de cualidades psicológicas (heredadas o aprendidas) que, en forma de tendencias, condicionan el comportamiento de un individuo. En cuanto concepto psicológico, el carácter es una realidad única, que no puede dividirse en elementos: es un todo. Precisamente por eso, porque no permite un análisis, es poco operativo. En el lenguaje coloquial nos referimos al carácter como a aquella parte de la personalidad que engloba los hábitos estables y los puntos de vista que guían las preferencias de una persona, y que es fruto de la educación; o sea, es la parte de la personalidad que puede cambiarse; por el contrario, el temperamento es aquella parte de la personalidad que no puede cambiarse.

Los cuestionarios de personalidad son, sin duda, los más difíciles de preparar en una oposición.

Sin embargo, suelen ser los que realizan la última criba de entre los opositores: son ellos, generalmente, los que determinan quién consigue plaza y quién no.

Por tanto, interesa ofrecer al opositor algunas indicaciones que le permitan afrontar con garantías de éxito la contestación a este tipo de cuestionarios.

1. ¿Qué se entiende por «personalidad»?

Conviene, pues, en primer lugar, determinar qué se quiere decir cuando hablamos de «personalidad».

Hasta la fecha, no se han puesto totalmente de acuerdo las diversas escuelas y autores. Las diferencias entre ellos, sin embargo, no impiden que podamos definir a la personalidad como «la totalidad de un ser, tal como aparece a él mismo y a los demás, en su unidad, su singularidad y su continuidad. Cada uno posee una personalidad que resulta a la vez de su temperamento, de su constitución y de las múltiples huellas que deja la propia historia individual. Representa un modo habitual de reaccionar, en un momento dado de la evolución. Pero no hay que confundirla con el carácter: el carácter nos es dado en parte, mientras que la personalidad se constituye. Nuestros actos nos siguen y obramos según la imagen que nos formamos de nosotros mismos (o según la que queremos dar).

La personalidad es nuestro ser global: incluye la conciencia y el inconsciente en su relación con el mundo exterior. Es el vínculo que da al psiquismo su unidad. Los trastornos de la personalidad implican una destrucción de este vínculo» (La psicología moderna de la A a la Z, Editorial Mensajero, pág. 294).

Esta larga cita nos permite atisbar la enorme complejidad del término «personalidad», lo que explica las razonables diferencias entre los diversos autores.

Ello, sin embargo, nos obliga a reconocer la capital importancia que, en todo proceso de selección, debe concederse al conocimiento de la personalidad del aspirante. De ahí la función selectiva final de los cuestionarios de personalidad.

Esto puede apreciarse mejor con un sencillo ejemplo:

Supongamos que el dueño de una fábrica necesita contratar a un nuevo empleado para que le lleve la contabilidad de su empresa. Naturalmente, desea seleccionar el mejor candidato posible. Piensa, pues, que la persona seleccionada debe tener amplios y profundos conocimientos de contabilidad; además, una experiencia mínima demostrable de cinco años en puesto similar; igualmente, una incansable capacidad de trabajo; no deberá ser demasiado mayor, etc. Para mayor seguridad en el acierto de su selección, acude a un gabinete psicológico para que éste determina cuáles son las características psicológicas más idóneas del aspirante ideal: elevada inteligencia, alta aptitud numérica, gran capacidad de razonamiento abstrato y, finalmente, personalidad ajustada y sin problemas importantes. Pues bien, con todos estos requisitos se elabora el «perfil psico-profesional» de la persona que se desea contratar. El problema surgirá después: si no hay ningún aspirante que reúna todos los requisitos al 100 por 100, ¿qué hacer? y, más concretamente: ¿qué haremos si un aspirante reúne todas las condiciones, pero se le detectan ciertos problemas de personalidad? ¿no será preferible prescindir de él? Sus problemas de personalidad, probablemente, le impedirán rendir a tope en su trabajo, o tal vez le harán crearse problemas en las relaciones con sus compañeros, o quizá algún día se comporte de forma incomprensible…

¿Qué aspirante es preferible: el que más conocimientos y experiencia posee, aunque padezca problemas de personalidad; o, por el contrario, aquel que posee una personalidad equilibrada, aunque en el resto de aptitudes y conocimientos quede ligeramente por debajo del otro aspirante? La elección corresponde, naturalmente, al dueño de la fábrica, pero creo que la inmensa mayoría de los empresarios contrataría a este segundo candidato. Con toda razón.

Pues bien, todo ello nos ayuda a entender la importancia capital de los cuestionarios de personalidad en todo proceso de selección.

2. Los cuestionarios de personalidad

En consecuencia, los psicólogos se han visto obligados a elaborar instrumentos de evaluación de la «personalidad» de los individuos.

Dada la enorme complejidad de la personalidad humana, los cuestionarios que se han elaborado son extraordinariamente diversos, según la finalidad para la que han sido elaborados. Así, mientras unos cuestionarios evalúan tan sólo tres o cuatro variables de personalidad, otros estudian dieciséis o más. Además no todos ellos evalúan los mismos factores de personalidad, etc.

En definitiva, nos encontramos con una riquísima variedad de cuestionarios de personalidad.

Lo que ocurre es que no todos están elaborados con igual acierto. Incluso no todos han obtenido igual aplauso de los psicólogos. Por tanto, no todos son igualmente empleados. Algunos son muy poco conocidos, otros casi no se utilizan.

En definitiva, de entre tanta diversidad, cabe entresacar aquello que es común a los principales cuestionarios de personalidad que, en España, suelen utilizarse en los procesos de selección de personal. A ello dedicaremos el resto de este capítulo: a comentar las características comunes a casi todos los cuestionarios de personalidad más empleados en nuestro país para la selección de aspirantes.

Comentaremos a partir de ahora los factores de personalidad que suelen evaluar los cuestionarios de personalidad.

3. La mejor norma: SINCERIDAD

Es evidente que una persona, cuando desea conseguir un puesto de trabajo, está dispuesta a presentar de sí misma la imagen más favorable posible, a fin de que sea ella la seleccionada. Es una actitud comprensible. Los psicólogos lo saben. Por ello, los buenos cuestionarios de personalidad incluyen una escala para evaluar el grado de sinceridad con que el aspirante responde al cuestionario.

No se trata de detectar a las personas que habitualmente mienten. No. Tan sólo se intenta descubrir sin una persona ha mentido al responder el cuestionario.

Esta escala puede llegar a ser eliminatoria. Es decir, si se supera el punto crítico establecido, lo que procede es anular los resultados de ese cuestionario. En efecto ¿para qué leerlo, si se supone razonablemente que no ha sido respondido con un mínimo de sinceridad? Un cuestionario así no nos ha permitido conocer la personalidad de este aspirante; ante la duda, se le elimina.

Interesa tener esto muy en cuenta: conviene ser sincero al responder a un cuestionario de personalidad.

¿Cómo pueden los cuestionarios de personalidad descubrir si una persona responde sinceramente?

Mediante preguntas que contienen pequeños defectos que solemos cometer el 99% de las personas: si un aspirante no admite que tiene ni siquiera esos pequeños defectos, hay que dudar de su sinceridad; lo más probable es que esté exagerando sus virtudes y cualidades, hasta el punto de ofrecer una imagen de persona perfecta. Pero «persona perfecta» no existe…

Las preguntas que evalúan la sinceridad son parecidas a las siguientes:

  • ¿Nunca deja para mañana lo que puede hacer hoy?
  • ¿Se enfada alguna vez?
  • ¿Alguna vez ha exagerado sus éxitos o méritos?
  • ¿Ha mentido alguna vez?
  • ¿Le gusta ganar en el juego?
  • ¿Habla mal algunas veces de personas que conoce?
  • ¿Alguna vez piensa o desea cosas que, si se supieran, le avergonzarían?
  • ¿Ha hablado alguna vez de cosas que desconoce?
  • ¿Solamente habla de lo que conoce?
  • ¿Cumple siempre su palabra?
  • ¿Ha tenido siempre el dinero que necesitaba?
  • ¿Siempre llega a tiempo a su trabajo?
  • ¿Se avergüenza de algo que haya hecho alguna vez?
  • ¿Le son simpáticas todas las personas que conoce?
  • Sus modales, ¿son tan correctos en casa como cuando va de visita?

4. Las contradicciones

Es otra estratagema inventada por los psicólogos para descubrir si una personas responde sinceramente al cuestionario. Para ello, en los cuestionarios largos, se hace al sujeto la misma (o muy parecida) pregunta tres o más veces, muy distanciadas entre sí al objeto de ver si se contradice: si una vez responde: «SÍ», otra «NO» y otras dos más «NO SÉ», hay que sospechar que el aspirante está intentando engañar al seleccionador, razón para la que, al no acordarse de lo que respondió antes, ahora da otra contestación.

5. Histeria

La histeria es una neurosis que se manifiesta en síntomas tanto psíquicos como físicos. Aunque sus manifestaciones son muy diversas, las más frecuentes son: dolores y malestares, tales como dolores gástricos, contracciones musculares, parálisis, dolores intestinales, vómitos, deficiencias cardíacas, propensión a episódicos ataques de debilidad, etc.

6. Depresión

Las personas que sufren este síndrome se caracterizan por padecer un decaimiento de la moral, el pesimismo, la falta de ilusión, la fatigabilidad, los insomnios, la tendencia a preocuparse, la falta de confianza en sí mismas, una disminución de la atención y de la memoria, etc.

7. Paranoia

Las personas que padecen esta psicosis se caracterizan por sufrir delirios de persecución («todos están en contra mía»), hipersensibilidad (se ve como un incomprendido), susceptibilidad (se considera víctima), desconfianza en los demás, inadap­tación social, etc.

8. Hipocondría

Sus síntomas principales son: quejarse frecuentemente de dolores y malestar, angustia excesiva por la salud propia, temor a la aparición de enfermedades: los que la padecen son «enfermos imaginarios», ya que, si acuden a la medicina, sus presuntos dolores no encuentran confirmación orgánica.

9. Esquizofrenia

Los síntomas que suelen caracterizar a las personas que padecen esta psicosis son: grave desorganización del pensamiento, pensamientos y conductas inusitadas, pérdida del contacto con la realidad, separación entre la vida subjetiva y la realidad, el enfermo vive en un mundo irreal, etc.

10. Psicopatía

Algunos prefieren llamarla «sociopatía», ya que, en efecto, es éste un término más expresivo; refleja una dificultad para la vida social. Son sus síntomas: carencia de afecto hacia los demás, desconsideración hacia las normas sociales (a veces mienten, roban, abusan del alcohol o de las drogas, pueden realizar actos de perversión sexual, etc.), tendencias antisociales, etc.

11. Estabilidad Emocional

Una persona es estable emocionalmente cuando no experimenta cambios en su estado de ánimo por razones mínimas o incluso sin razón.

12. Introversión

Una persona es introvertida cuando no le agradan las relaciones sociales, ni tiene facilidad para ellas, no tiene un carácter animado, no es locuaz, no tiene habilidad para dirigir reuniones, se aisla del contacto social; las personas introvertidas suelen ser apáticas, tímidas, inseguras, modestas, incapaces de tomar decisiones, frustradas en sus relaciones interpersonales, conscientes de sí mismas, rígidas, desconfiadas de sus propias habilidades…

Los doce factores o rasgos de personalidad estudiados son los que generalmente aparecen en los cuestionarios de personalidad. Ya advertimos antes, sin embargo, de la enorme complejidad, variedad y diversidad de estos cuestionarios.

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