Este post va dedicado a la caridad social y a una labor puramente humanitaria hacia la Justicia. Cómo y qué puede aportar un humilde servidor, pues me ofrezco como parte contratante de la segunda parte contratada para analizar el informe psicológico que la abogada del conocido como “pequeño Nicolás” presente al juez, aludiendo que este sujeto padece un trastorno mental, por lo que pide que se le considere inimputable.

Comenzando con que la simple petición ya presupone que es totalmente consciente de la implicación de tal demanda, por lo que el concepto de voluntariedad queda totalmente demostrado en su capacidad de planificar una defensa con el objetivo de hacer lo que siempre ha hecho este individuo, que es beneficiarse a sí mismo. En este sentido, aquí estaría la clave de desestimación de su informe, el placer que ha generado cada una de sus decisiones. En la televisión podemos ver cantidades de fragmentos de cómo se ha vanagloriado de ello, incluso participó en un reality, donde, aparte de dejar muestras de que no tiene un gran intelecto de eso que llamamos conocimiento general, lo que deja muy mal al estamento político y demás, a los que logró engañar, en ningún momento expresa conducta patológicas, y eso que se encontraba en un lugar ideal para dar muestras de cualquier sintomatología psicopatológica.

Es importante conocer que un trastorno mental es una entidad patológica con capacidad de trastornar la vida del individuo en todos sus contextos, tales como el familiar, el social, el laboral y el individual. Cuando esto se da, el individuo siente lo que se conoce como un malestar clínico, ya que no puede controlar la expresión de esa psicopatología, lo que acaba afectando gravemente a su vida. A este respecto, yo diría que esto no se cumple. Un verdadero enfermo mental ha perdido el control y su vida se desmorona en todos esos contextos comentados.

Incidir y señalar algunos aspectos para aquello neófitos y juristas que se creen que la psicología es un cajón de sastre con el que buscar las cosquillas a la Justicia. Hace ya varias décadas el avance de las neurociencias han contrastado diversos modelos teóricos que han posibilitado, entre otros reconocimientos, que hasta el propio Ministerio de Educación y Ciencia defina a la psicología como ciencia de la salud. Qué quiero decir con esto, que hoy en día es bastante sencillo falsar informes psicológicos como los que pide la abogada. Lo bueno es que en España contamos con maquinaria capaz de ver si esos procesos mentales que aludirá la abogada están presentes en su cliente, aunque en este caso, ni siquiera hace falta, por los motivos que humildemente presento.

Entrando en materia y con ese ánimo de facilitar las cosas a su señoría voy a anticipar algunos alegatos a favor de la racionalidad del pequeño Nicolás. Si alegan cualquier trastorno de personalidad, principalmente intentará aludir a cualquier que presente entre sus síntomas algún tipo de idea delirante. El tipo de trastorno de personalidad paranoide sería el único que podrían alegar, pues bien, esa suspicacia y sospecha de que cualquiera quiere aprovecharse de él es inexistente. Otra psicopatología que implica ideas delirantes es la esquizofrenia, pero sin delirios ni alucinaciones, no creo que la abogada quiera hacer el ridículo. Volviendo con la personalidad, otro trastorno sería el de la personalidad narcisista, pero el pequeño Nicolás no es un megalómano. Sí es cierto que parece que necesita buscar la admiración, quién no, pero esas fantasías de poder hubieran aflorado a las primeras de cambios dentro de ese reality en el que concursó. Además, tiene empatía. Lo mostró cuando lloró leyendo a sus padres y buscando ser arropado con algunos de sus compañeros. Por todo esto, el trastorno narcisista no puede alegarlo.

Otro que puede ser alegado es el trastorno de personalidad antisocial, pues Nicolás, podría ser la antítesis. Sí que muestra cierto desprecio por los derechos de los demás. Por eso se le acusa de estafa, pero para este trastorno debe haber dado muestras de ser “un pieza” ya desde la primera adolescencia, haber mostrado agresividad y ese vivir fuera de la ley. Por tanto, también podemos descartar que sea un individuo antisocial. Por último, respecto a esta categoría “Trastornos de personalidad”, los otros dos que han tenido algún efecto jurídico son el trastorno límite y el obsesivo-compulsivo. Para el límite todo se centra en las relaciones, donde la idea de abandono y los actos impulsivos para evitarlos centran los recursos y esfuerzos de la persona. No parece ser el caso, ya que sus padres le emocionan y las diferentes relaciones que ha tenido no han sacado la sintomatología a la que obliga este trastorno. Por último, un individuo obsesivo-compulsivo siente terror ante la transgresión de las normas. Viven para el orden. Todo tiene que se perfecto, algo que hubiera aflorado en su mayor error, ese reality donde cualquier psicopatología se hubiera hecho evidente.

Siguiendo con nuestro análisis, saltamos de los trastornos de personalidad hacia los trastornos del ánimo. En este grupo, sólo un trastorno bipolar, en su fase maníaca, podría llevarle a cometer actos impulsivos y extraños, pero tales fases maníacas forman un patrón con otras fases depresivas, con lo cual, ni lo uno ni lo otro. Así, sólo nos quedaría el retraso mental, pero tiene un CI de 98, que está en la media, algo justito, pero ahí está.

Por todo lo expuesto, si alguien conoce a su señoría, le mande este link y no permita que la Justicia ni la psicología se vea ensuciada por un letrado que no debe tener mucha idea de qué es una psicopatología. Ni desde luego, permitir que alguien que ha tomado el pelo ya a muchos, pueda seguir haciéndolo. Eso sí, el pequeño Nicolás no debería ir sólo a la cárcel, sino acompañado de todos esos ineptos que permitieron que llegara hasta donde llegó. Por desgracia, ahora es el cabeza de turco, una treta política que la Justicia debería esforzarse por eliminar (me ha entrado un ataque de risa…:)…

… 10 minutos después.

¡Ay!, cuánto queda por hacer y qué mal vamos de tiempo.

Hasta la próxima.

 

Rodolfo Gordillo

Doctor en Psicología. Profesor de Psicología Diferencial, Psicología Jurídica, Psicología Criminal e Introducción a la Criminología en UDIMA.

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