Llega el “buen tiempo” y con ello más actividades de ocio, fiestas populares… y un repunte significativo de la siniestralidad y delincuencia asociada al consumo de tóxicos de todo tipo. Y resurge la polémica de si sustancias como el cannabis y sus derivados son inocuos, placenteros o incluso terapéuticos. Todo ello a pesar de que hace años la Organización Mundial de la Salud concluyó en la peligrosidad explícita del cannabis por su repercusión en la persona y en su entorno. En el lado opuesto, diversos colectivos científicos, intelectuales y famosos, provocan una ambigua promoción y justificación del consumo de marihuana desdramatizando los efectos de su consumo.

Como ocurre con el consumo de etanol, los adolescentes constituyen un grupo de elevado riesgo, con posibilidad de usarlo de modo concomitante con otros tóxicos y sobre todo del desarrollo de dependencia y marginalidad social.
Y como ocurre con el etanol, muchas veces el conflicto desborda la frontera entre lo científico o clínico y las opiniones frívolas de los medios de comunicación.

El Cannabis Sativa, la planta de la marihuana, proporciona diversas sustancias, sobre todo el llamado 9 ttrahidrocannabinol (THC) como principal activo. Diversos estudios bioquímicos y de neuroimagen, sugieren que los sistemas naturales dopaminérgicos, glutaminérgicos y opiodergicos pueden influir en la reacción de dependencia tóxica. Esta sería la evidencia de un sistema cannabinoide endógeno y por lo tanto, sustancias endocannbinoides en zonas como hipotálamo, hipocampo o cerebelo cuya acción es similar a la de los cannabinoides exógenos, los que llegan por el consumo o abuso. Tanto los cannabinoides exógenos como endógenos afectan los niveles de dopamina y serotonina, explicando los efectos del consumo de marihuana: euforia, sedación, antiemesis, alteración de la memoria reciente, alteración de la percepción temporal, hipotermia, broncodilatación, hipotensión, taquicardia…, diversos efectos tanto motores, como euforizantes y emocionales.

Seamos claros: cualquier droga compromete la salud mental de modo más o menos definitivo y repetidamente, en los últimos años, se ha visto la relación entre la marihuana y la dependencia tóxica, un síndrome de abstinencia y diversas alteraciones mentales.

Se ha demostrado que la marihuana da tolerancia fumada u oral, con un riesgo de desarrollar dependencia en un rango de 1:10 cuando se trata de un consumo esporádico, mientras que el rango sube a 1:2 cuando el consumo de la droga es diario. La dependencia a la marihuana está constatada y asimilada a la que produce el alcohol etílico. De hecho, muchos consumidores crónicos de marihuana acuden a servicios de tóxicodependencias a solicitar expresamente tratamientos de deshabituación.

Igualmente se ha constatado un síndrome de abstinencia asociado a un consumo crónico de marihuana con inquietud, disforia, irritabilidad, insomnio, anorexia, temblores, etc., que puede durar unas 48 horas. Así pues, el cannabis causa dependencia y abstinencia por alterar la dopamina en el cerebro como lo hacen sustancias que nos causan “pavor” como la heroína o la cocaína.

Otras enfermedades indeseables clínicamente asociadas al consumo del cannabis son la ansiedad, la depresión, trastornos afectivos y episodios maníacos. El síndrome más frecuente es el amotivacional descrito en 1968 por McGlothlin y West, aunque para algunos autores opinan que este síndrome requeriría rasgos previos de la persona.

Hay un constatado deterioro neurocognitivo sobre todo de memoria, de atención y de rendimiento psicológico. Algunos de estos trastornos desaparecen al cesar el consumo.
Y finalmente, se ha estudiado muy seriamente la relación entre el consumo de marihuana el desarrollo de psicosis esquizofrénica. En este sentido, los científicos plantean diversas posibilidades:

  • Que la marihuana sea el detonante de la psicosis, aumentando el riesgo de desarrollar esquizofrenia cuando mayor es el consumo y cuanto más se prolonga el consumo en el tiempo.
  • Que la marihuana sea un agravante de una psicosis previa o larvada
  • Que se trate de un psicótico que consuma marihuana para encubrir su psicosis (aspecto descartado en la mayoría de estudios)
  • Que la marihuana sea parte de un consumo politóxico, con especial vulnerabilidad de la persona

Los jóvenes y adolescentes, más sensibles, inexpertos e influenciables, corren un riesgo añadido de entrar en el abuso de tóxicos y consumirlos de modo conjunto. Y ello no sólo conduce a alteraciones clínicas evidenciadas en los centros de salud, sino también a cometer actos delictivos extremadamente “variados” en los que el consumidor puede ser tanto el agente del delito (peleas, agresiones, etc.) como la víctima del mismo.
Y sobre todo, que la experiencia clínica, la evidencia médico forense y los diversos estudios científicos, indican que el Cannabis no es una droga “inocua” con consecuencias sobre la salud física y mental de la persona, con alarmante repercusión en el desarrollo biopsicosocial de muchos adolescentes.
Todo ello por una realidad… que repunta ahora que llega el “buen tiempo”…..

Julia María Fernández
Doctora en Medicina y Cirugía, Especialista en Medicina Legal. Profesora en UDIMA, Universidad a Distancia de Madrid.

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