Sí, grandes noticias, la Ciberingeniería social en menos de 20 años, por fin, acabará con el Derecho Penal y el mercantil, tal y como lo conocemos.

Pero hagamos algo de memoria sobre cómo hemos llegado hasta aquí. Es decir, a la posibilidad de que un sistema de inteligencia artificial, tome decisiones por nosotros. En este sentido, cómo y en qué se basa el ser humano para tomar decisiones, es un tema que se lleva investigando y debatiendo desde tiempos inmemoriales, véase el mito de la caverna de Platón, donde, claramente, este pensador ya indicaba cómo el razonamiento del ser humano está condicionado por su entorno y la experiencia que adquiere en su interacción. Esto muy resumido, todo sea dicho, que ningún filósofo se escandalice. Desde entonces hasta la fecha, mucho se ha avanzado gracias a las herramientas neurocientíficas que han permitido explorar cómo las redes neuronales de las diferentes áreas cerebrales interactúan para llegar a la toma de una decisión o respuesta. En este sentido, nada de ello hubiera sido posible sin la colaboración de la ingeniería informática, encargada de elaborar los algoritmos que permitan emular los procesos que un cerebro lleva a cabo para tomar esa decisión. En este sentido, la búsqueda de ese algoritmo que fuera capaz de superar a un humano en una habilidad mental, ya sucedió, en 1996, cuando Deep Blue ganó a Kaspárov, y, desde entonces, no ha dejado de avanzar hasta superar en mucho a casi todas las habilidades mentales humanas. Por tanto, el siguiente paso es inevitable, que la inteligencia artificial nos ayude a mejorar como sociedad.

Efectivamente, y teniendo en cuenta que este es un blog de criminología, un buen ejemplo para mejorar como sociedad es aumentar la probabilidad de reinserción de aquellos que enviamos a las cárceles. Todavía queda mucho pensarán, pues no, un buen ejemplo, es el desarrollado por la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de Estados Unidos (NBER) para estimar el riesgo de fuga de criminales y que ya ha ofrecido resultados significativos de mejora sobre el ser humano, más concretamente,  sobre los jueces, que son los máximos exponentes de esa alegoría de la cueva de Platón. Pero siguiendo con NBER, después de analizar más de 100.000 casos, el resultado fue superior al de los jueces, lo que animó a realizar una prueba piloto real en el Estado de Pensilvania, y, ¿adivinen?, sus resultados indican un descenso de la criminalidad tras la aplicación de sus decisiones. Muy buena noticia, desde luego, pero, desde aquí, y con ese espíritu crítico que todo científico debe tener, ¿dónde está España en cuanto al desarrollo de algoritmos útiles para la sociedad? Pues no muy avanzados, al menos en tema penal, donde seguimos implementando el riesgo de peligrosidad sobre cuestionarios para cuya interpretación hay que ser casi un ingeniero, de los buenos, y claro, que los índices de reincidencia sean altísimos, no es un problema para los políticos y, por tanto, parece difícil que en España podamos llegar a desarrollar inteligencia artificial para ayudarnos en temas penales y criminales, lo cual, es una pena porque hay mucho talento tanto en ingeniería, como criminología, como psicología, para hacer cosas interesantes.

Hablando de talento, no quería despedirme sin comentar otro gran avance “algorítmico”, creado para ayudar a la sociedad, y créanme, todo lo que acabe con el Derecho en todas sus formas, es ayudar a la sociedad. En este sentido, la otra gran herramienta que ya está en fase Beta, está desarrollada por un español de apenas 20 años, por la que ha recibido una donación de 100.000 euros de Peter Thiel, para que la implemente tranquilamente. Esta herramienta, de nombre Aragon, según uno de sus creadores Jorge Izquierdo, permite crear redes mercantiles sin atenerse a una jurisdicción concreta. ¡Uf!, según lo voy escribiendo, se me cae la baba como un San Bernardo, y encima tiene ya 25 millones de dólares para seguir avanzando en ella.

En fin, miren dónde está el talento español, financiado por extranjeros que se van a forrar con las patentes, pero bueno, retomando el camino criminológico-tecnológico-psicológico, que tan avanzado está fuera de nuestras fronteras, nunca es mal momento para reflexionar cómo el conocimiento puede y debe ayudar a mejorar la sociedad, algo para lo que, supuestamente, está la universidad y que, en España, quizás, sólo quizás, no está aportando todo lo que debiera.

Por último, si todavía no creen cuánto de avanzada está la inteligencia artificial, díganle a Siri que les cuente un chiste y, luego, lo mismo a cualquier otro ser humano que conozcan, a ver, quién es más divertido. Así, si uno de los grados en que se mide la inteligencia es el nivel de humor que pueda crear, pues comparen a Siri con ese otro humano, pero bueno, en otro post hablaremos de ello.

Rodolfo Gordillo
Doctor en Psicología. Profesor de Psicología Diferencial, Psicología Jurídica, Psicología Criminal e Introducción a la Criminología en UDIMA.

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